Fachada de la Quintana de noche

Fachada de la Quintana

Detrás de la Fachada de la Quintana se oculta la antigua cabecera románica de la Catedral. Esta fachada es un largo muro barroco coronado de pináculos y en ella se abren la Puerta Real, la Puerta de los Abades y la Puerta Santa. Esta última, que nos conduce directamente al deambulatorio y a las reliquias apostólicas, solo se abre los años santos compostelanos.

Fue en 1658 cuando se decidió empezar a adecentar este lado de la Catedral con una verdadera fachada que enmascarase y disfrazase homogéneamente con el nuevo estilo barroco todo lo que esconde tras ella.

 Situación 

Historia de la Fachada de la Quintana

La Plaza de la Quintana era uno de los centros neurálgicos de la Compostela medieval, situándose en ella la sede del Concejo entre los siglos XV y XVI, así como innumerables puestos de venta del mercado.

Dibujo de Vega y Verdugo de la Cabecera de la Catedral de Santiago en 1657

Además, en este espacio, la Quintana de Muertos, se venían enterrando a los difuntos de la ciudad que no habían recibido sepultura en sus respectivas parroquias.

Así que el canónigo fabriquero, Vega y Verdugo, encargó a José de la Peña de Toro empezar a “adecentar” ese lado de la catedral con la construcción de la actual fachada de la Quintana.

La fachada barroca de la Quintana, con su crestería, unificó un perfil irregular por las capillas en la cabecera. La puerta de los abades. Vista desde las cubiertas.

Éste diseñó una típica y verdadera “fachada telón barroca”, que enmascara y disfraza homogéneamente con el nuevo estilo todo lo que esconde tras ella. A él le debemos también la balaustrada que remata esta fachada, cambiando las preexistentes almenas, que contribuían a dar a la catedral medieval un cierto aspecto de fortaleza, por modernos pináculos coronados por bolas. Tras ella, un corredor a modo de balcón permite circular por encima del nuevo muro de cierre sobre la animada plaza.

Una consecuencia del cierre proyectado por Vega y Verdugo fue la integración de la Corticela, iglesia aislada hasta entonces, dentro del recinto de la Catedral. Mantendría, no obstante, su carácter de parroquia independiente. Para acceder a ella desde la plaza se abrió en el nuevo muro la llamada Puerta de los Abades o de la Corticela, mucho más sencilla y clásica en su decoración que las anteriormente descritas.

En 1658 se inició, más o menos por debajo de la torre del reloj, la construcción de la Puerta Real. A través de ella accedían los miembros de la realeza, y adosada a ella estaba por tanto el cuerpo de guardia.

Pero el aspecto actual de la fachada de la Quintana se lo debemos a Domingo de Andrade, quien la remata en el 1700 y la decora con sus típicos trofeos militares y sartas de frutas. Algo más allá, una pequeña puerta fue en su momento capilla para comunión de romeros. Hoy día alberga la Archicofradía del Apóstol. 

La Puerta Santa y su fachada en la Plaza de la Quintana. A su lado, el antiguo comulgatorio de peregrinos

Casi en el centro de la nueva fachada, la Puerta Santa nos conduce a un pasillo entre capillas que evidencian la citada irregularidad que oculta el nuevo cierre. Abierta por primera vez en el siglo XVI y modificada en el XVII, la Puerta Santa ganó en monumentalidad, ampliándose e incorporando numerosas figuras de Apóstoles y de personajes del Antiguo Testamento provenientes del derribado coro del Maestro Mateo.  Coronan la portada Santiago Peregrino y los dos discípulos que aquí enterraron su cuerpo, Atanasio y Teodoro, que portan también gorro de peregrino, obras del escultor Pedro del Campo.

Además de las transformaciones que, como dijimos, sufrió esta cabecera de la Catedral, hubo otras tanto anteriores como posteriores que se quedaron en proyecto, como la nueva Puerta Santa, ya neoclásica, que proyectó Melchor de Prado en 1794 para el arzobispo Malvar. Mucho antes de esto, cuando solo habían pasado unos cincuenta años de la consagración en 1211 de toda la Catedral, don Juan Arias empezó la obra de una gran cabecera gótica cuyo desarrollo convertiría la planta de cruz latina original en una de cruz griega.

Permitiría abrir numerosas capillas funerarias para las familias más importantes y acaudaladas. Pero fue precisamente la muerte en 1266 del arzobispo Malvar la que enterró también el nuevo proyecto, quedando hoy escasos restos de lo levantado bajo las escaleras que enlazan la Quintana de Muertos con la Quintana de Vivos.

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Breve introducción a la Fachada de la Quintana

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