Descubre la Catedral de Santiago de Compostela


Historia de la Catedral de Santiago

La Catedral de Santiago acoge el sepulcro del Apóstol Santiago y es uno de los principales destinos de personas de todos lugares que por distintos motivos visitan la ciudad de Santiago de Compostela.

Durante la Edad Media fue uno de los principales destinos de peregrinación de Europa en una ruta religiosa, Camino de Santiago, que comunicaba a la península ibérica con el resto del Continente

Se comenzó a construir en el año 1075 bajo en el reinado de Alfonso VI y durante su construcción se sucedieron infinidad de acontecimientos, revueltas, intrigas, avances técnicos, incendios, sucesiones de reyes, obispos y arzobispos… Y por supuesto, interrupciones en las obras.

El Apóstol y la Catedral de Santiago

El Apóstol Santiago el Mayor y la Catedral de Santiago

Muerte y traslado del Apóstol Santiago

Tras ser decapitado en Palestina en el año 44 d. C., Atanasio y Teodoro, discípulos de Santiago, recogieron el cuerpo de su maestro y, colocado en una barca (de piedra según algunas leyendas), y navegaron milagrosamente a la deriva hasta las costas que el Amigo del Señor había predicado en vida: la Hispania romana.

Embarque en Jafa del cuerpo de Santiago el Mayor
Embarque en Jafa del cuerpo de Santiago el Mayor

Arribaron al Finisterrae, las costas de la Gallaecia, y entrando por la Ría de Arosa y tras diversas vicisitudes en las que se cruzan leyenda y realidad arqueológica (Reina Lupa, Pico Sacro…), depositaron el cuerpo en un mausoleo romano del siglo I ubicado en una necrópolis en el Libredón. 

Cuerpo del apóstol Santiago el Mayor trasladado en un carro arrastrado por dos toros salvajes al que siguen sus discípulos Atanasio y Teodoro. La reina Lupa contempla asombrada.
Cuerpo del apóstol Santiago el Mayor trasladado en un carro arrastrado por dos toros salvajes al que siguen sus discípulos Atanasio y Teodoro. La reina Lupa contempla asombrada.

Durante siglos, la cámara subterránea y la necrópolis que la rodeaba fueron asiduamente visitados por una pequeña comunidad cristiana local, de la que poco o nada se sabe, pero que debió ser diezmada hacia el siglo VIII.

Descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago

Cuando hacia la mitad del siglo IX, acaso hacia el 829, el ermitaño de Solovio Pelagio observa unos extraños fenómenos en las estrellas sobre el bosque, y escucha unos cánticos angelicales, da inicio a todo un fenómeno que transformará no sólo su entorno inmediato, la zona de la romana Mansio Asseconia, sino toda Europa a través de los caminos que desde todos sus confines acercarán a Compostela a millones de peregrinos a lo largo de la historia.

Mausoleo romano
Mausoleo romano

Cuando el rey de Asturias Alfonso II “El Casto” conoce la noticia de boca del obispo de Iria Flavia, Teodomiro, ordena construir una pequeña iglesia que acoja dentro el Arca Marmorica, el mausoleo romano destinado para Atia Moeta en origen y donde fueron depositados los cuerpos de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro.

Iglesia de Alfonso II
Iglesia de Alfonso II

Además dispone construir un pequeño monasterio, San Salvador de Antealtares, para custodiar y adorar las reliquias, así como atender a los primeros peregrinos que empiezan a llegar tan pronto la noticia se expande por el mundo cristiano.

Hay que tener en cuenta que en este momento gran parte de la Península estaba en manos de los musulmanes, quienes no se querían detener en los Pirineos sino adentrarse aún más allá. Este templo recibió en el 834 un Preceptum regio que lo convertía en sede episcopal y le otorgaba poder sobre los territorios próximos.

A su alrededor, buscando su protección, comenzaron a establecerse los primeros pobladores y grupos monacales de benedictinos encargados de la custodia de las reliquias. Eran los primeros pasos de la futura Catedral de Santiago y la ciudad de Santiago de Compostela.

Construcción de la primeras iglesias

Construcción de la primeras iglesias

La iglesia de Alfonso II enseguida se quedó pequeña para acoger a los fieles, por lo que entre el año 872 y el 899 Alfonso III El Grande (sobrino del anterior Alfonso), hizo construir un templo mayor en estilo visigótico, de tres naves y generosas proporciones para la época.

En ella utilizan lujosos materiales, como consta en el acta de consagración y demuestran las excavaciones arqueológicas: piedra serpentina, pórfido rojo y mármol traído de la recién reconquistada ciudad de Coria.

Se trataba ya de una iglesia de generosas proporciones para la época, de tres naves cubiertas con techumbre de madera y una cabecera de gran anchura por estar condicionada a acoger el mausoleo romano de Santiago.

El acceso se efectuaba por un pórtico occidental, adosado a su muro norte tenía una capilla baptisterio dedicada a San Juan Bautista. De esta iglesia se encontraron numerosos restos en las excavaciones llevadas a cabo a mediados del siglo XX.

Iglesia de Alfonso III
Iglesia de Alfonso III

Contemporánea a esta basílica prerrománica será la capilla de la Corticela (dedicada a San Esteban en su origen y a Santa María actualmente), hoy con modificaciones románicas y posteriores e integrada en la catedral como una capilla más, aunque sigue siendo parroquia de extranjeros. Nació como iglesia para servicio de otro monasterio fundado por el rey en las proximidades de la catedral, el de Pinario.

Esta basílica prerrománica de Santiago fue la que en 997 atacó el caudillo árabe Almanzor, quien además de asaltar la ciudad prende fuego a la iglesia y roba sus puertas y campanas, trasladadas a sus palacios cordobeses, según la tradición, a hombros de prisioneros cristianos. Cuando esta ciudad fue reconquistada fueron devueltas portadas por musulmanes como desagravio.

A esta basílica puede que perteneciera la pila bautismal que está hoy en el brazo sur de la catedral y que según la leyenda, el caballo de Almanzor bebió de ella y cayó de inmediato fulminado ante tal sacrilegio.

A pesar de que el obispo San Pedro de Mezonzo y el rey Bermudo II se preocuparon de reconstruir enseguida la iglesia de Santiago, ésta se quedaba pequeña para el ingente número de peregrinos.

El estilo románico estaba llegando a través del Camino Francés, el principal a Santiago, por lo que se inicia la construcción de la actual catedral de Santiago.

Construcción de la Catedral de Santiago

Inicio de la construcción de la Catedral de Santiago

Inicio de las obras

Las obras empiezan en 1075 por la Capilla del Salvador, en tiempos del obispo Diego Peláez y con Alfonso VI como rey. Así se lee en las inscripciones de sus capiteles y muros. Las obras serán encomendadas, según recoge el Códice Calixtino, al Maestro Bernardo el viejo, junto a Roberto y otros cincuenta canteros.

Museo de la Catedral. Vaciado de escayola de uno de los capiteles de la capilla del Salvador cuya inscripción habla del comienzo de las obras de la catedral. Año 1075.
Museo de la Catedral. Vaciado de escayola de uno de los capiteles de la capilla del Salvador cuya inscripción habla del comienzo de las obras de la catedral. Año 1075.

Las turbulencias políticas que se suceden unos años después acaban con el prelado en la cárcel en 1087, lo que supone un primer alto en las obras hasta que la figura de Diego Gelmírez irrumpe en la historia de Compostela en 1093 como administrador.

En 1095 la sede de Iria se traslada a Santiago, y en 1101 se le nombra obispo de Santiago, lo que supone que tiene autoridad para dar un fuerte impulso a las obras de la basílica. Así, en los años siguientes se retoma la obra interrumpida posiblemente tras levantar las tres capillas centrales de la girola, y en 1105 ya se puede consagrar un crucero prácticamente terminado con sus dos fachadas laterales y tras haber acortado un tramo la iglesia de la Corticela.

En cuanto a quién estaba a cargo de las obras, se ha especulado con varios nombres, como Bernardo el Joven, nieto del primer maestro o de Esteban, aunque se suele hablar de un maestro llamado de Platerías cuya filiación real se desconoce.

El avance de las obras continúa a buen ritmo, de modo que la vieja basílica de Alfonso III supone ya un estorbo y se decide derribarla en 1112. Pocos años después las revueltas de 1117 contra el obispo Gelmírez causan grandes estragos en lo ya construido, haciendo necesario acaso la utilización en las dañadas fachadas del crucero de algunas piezas que posiblemente iban destinadas a la occidental, aún lejos de empezarse a levantar.

Retornado Gelmírez a su sede, reconstruye su palacio episcopal al lado norte de la catedral. Al mismo tiempo prosigue las obras de la misma, ya con la autoridad que le confiere el hecho de lograr en 1120 ser nombrado arzobispo, merced a sus buenas relaciones con Roma. Ello facilita también que Santiago sea elevada a sede metropolitana en detrimento de Mérida, aún sin reconquistar a los musulmanes.

El Maestro Mateo

El Códice Calixtino y la Historia Compostelana sitúan el fin de las obras de la Catedral de Santiago en 1122 y 1124 respectivamente. Sin embargo el primero de los libros, tras describir detalladamente las fachadas que sí estaban rematadas, al referirse a la occidental da sólo unas simples pinceladas de su aspecto, con la excusa de una supuesta magnificencia que hace imposible describirla.

Está claro que nada de ella estaba aún en pie, habida cuenta además de que el rey Fernando II firma en 1168 con el Maestro Mateo – ya a cargo de las obras de la iglesia, según consta – un contrato para finalizar la construcción de la iglesia y, por tanto, de su fachada occidental también. Mateo recibe una importante pensión vitalicia, lo que unido a que se le cita por el nombre indica su prestigio ya por aquel entonces.

Construye los dos últimos tramos del cuerpo principal (desde donde en la tribuna está inscrito “Gudesteo”, haciendo referencia al arzobispo Pedro Gudestéiz) sin apenas alteraciones con el diseño preexistente, y da rienda suelta a su genio y conocimientos importados de Francia, donde levanta el Pórtico de la Gloria.

Para salvar el desnivel de terreno existente hacia ese lado, donde ya no había llegado la vieja basílica de Alfonso III, Mateo levanta una cripta que soporta toda la estructura y cuyo gran pilar compuesto central corresponde con el parteluz del Pórtico.

Llamada por error muchas veces “Catedral vieja” por lo elaborado de su planta – una pequeña cruz latina con deambulatorio y esbozadas capillas abiertas a él como en la basílica superior –, las claves de sus bóvedas con el sol y la luna inician un mensaje apocalíptico que desarrolla en el Pórtico de la Gloria y remata en la tribuna superior. Allí un Córdero Místico alumbra la Ciudad de Dios que vendrá tras el fin de los días.

El primero de abril de 1188 se colocan los dinteles del Pórtico, y se sigue con su erección. Una vez la cripta el Pórtico están terminados, y construido el coro de piedra que ocupa los primeros tramos de la nave central, se remata la iglesia con la fachada occidental mateana, permanentemente abierta al exterior por grandes arcadas que se correspondían con los arcos interiores del Pórtico de la Gloria y con el “gran espejo”. Así se denomina en el siglo XVI al rosetón central, el cual es una muestra más del avance hacia el gótico que supone el taller del Maestro Mateo.

Ante la fachada, una logia similar a la actual se abría sobre una explanada frente a la muralla de Santiago y sus torres defensivas. La anterior cerca había sido allanada también hacia 1120 para permitir el avance del brazo mayor de la catedral. Esta terraza no tendría accesos desde el terreno, sino que para entrar a la catedral desde ese lado se haría a través de dos estrechas escaleras al fondo de la cripta, aún practicable la del lado norte.

Consagración de la Catedral de Santiago

Por fin, el 21 de abril de 1211 y en presencia del arzobispo Pedro Muñiz (enterrado a los pies de la catedral actual) y de Alfonso IX, se consagra solemnemente la Catedral de Santiago. Es la misma que perdura, con las transformaciones que comentaremos, hasta nuestros días.

Consagración de la Catedral

Colocadas en diversos puntos del templo, aún hoy se ven en su interior las cruces de consagración que acompañaron al ritual de consagración ese día.

Cruz de consagración de la catedral de 1211 sobre el acceso a la capilla del Salvador
Cruz de consagración de la catedral de 1211 sobre el acceso a la capilla del Salvador

Por esas fechas el estilo románico estaba quedando superado por los avances del gótico, y pocas décadas después, hacia mediados del siglo XIII el arzobispo don Juan Arias pretende construir una gran cabecera en el nuevo estilo.

De haberse concluido supondría la casi total ocupación de la actual plaza de la Quintana, además de convertir la planta en una cruz griega y darle a la catedral un aspecto muy diferente del que hoy tiene. Sin embargo, con la muerte del prelado el plan cae en el olvido y sólo queda hoy de las obras parte del perímetro previsto bajo las escaleras de la Quintana y a un lado de la cabecera románica.

Sí se llegó a levantar en ese mismo siglo un claustro adosado al sur de la nave central. Aunque ya Gelmírez tuvo la intención de levantar uno románico, parece que éste nunca se llegó a hacer. El gótico fue sustituido por el actual plateresco, más grande, y en un nivel superior.

También son los siglos XIII y XIV testigos de otros añadidos y transformaciones sobre el original románico. Al claustro y cimborrio más alto que el original románico se une la construcción de capillas que empezaron a alterar las cuatro románicas semicirculares del crucero y las cinco de la cabecera.

Las más antiguas son la de Nuestra Señora la Blanca o de los España, y la de Sancti Spiritus. Será en estos siglos también cuando ante la turbulenta situación que se venía dando en contra de los prelados compostelanos se refuerce con almenas toda la parte superior de la catedral, aprovechando que sus cubiertas eran terrazas escalonadas transitables.

Vista general de la Capilla de Nuestra Señora la Blanca con su retablo neogótico al fondo, y sus sepulcros góticos a la Vista general de la Capilla de Nuestra Señora la Blanca con su retablo neogótico al fondo, y sus sepulcros góticos a la izquerda
Vista general de la Capilla de Nuestra Señora la Blanca con su retablo neogótico al fondo, y sus sepulcros góticos a la izquierda

Con idéntico fin defensivo, se construyen las torres de la Trinidad y la Berenguela frente a la puerta occidental, y un gran torreón llamado del arzobispo Gómez Manrique en uno de los ángulos del claustro. Ya en el siglo XV, una nueva torre defensiva junto a la portada sur será la base de la actual torre del reloj.

Además, en esta misma centuria y en la siguiente se multiplican las transformaciones en las capillas: la de Mondragón, la de Prima, la funeraria de don Lope de Mendoza, la de San Fernando y la de las Reliquias, así como las demás que se abren al claustro, y la sacristía.

Vista general Capilla de Mondragón
Vista general Capilla de Mondragón

Es desde 1521 cuando se va a empezar a construir este nuevo claustro plateresco sobre el antiguo, que había sufrido numerosos daños en las revueltas. Su construcción se prolongará hasta 1590, con trazas de Juan de Álava.

Es también el Renacimiento cuando se empieza la tradición de una Puerta Santa de utilización exclusiva en los años jubilares, a imitación de Roma, y se empieza a dar forma al exterior de la catedral tal y como hoy lo conocemos.

En la fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago, el gran arco de Mateo que nunca se cerraba es derribado para colocar en su lugar dos puertas con sus jambas, dinteles y parteluz que comenzarán a desvirtuar la vieja fachada medieval, abocada a caer fruto de su costosa conservación y de nuevos gustos en el barroco.

Al interior, y tras algunas modificaciones en los últimos años del XVI, y apenas iniciado el XVII se derriba el coro pétreo de Mateo para poner en su lugar uno manierista de madera más acorde a las nuevas disposiciones tras el Concilio de Trento y al gusto del momento. Lo diseñan Juan da Vila y Gregorio Español.

Por los mismos años, Ginés Martínez estaba levantando las escaleras que aún hoy dan acceso a la puerta del Obradoiro, reutilizando para ello algunos sillares del coro dados la vuelta para usarlas como piedras lisas. Esto facilitó la reconstrucción del coro efectuada en la década de 1990 y hoy expuesta en el Museo de la Catedral.

Transformaciones del exterior de la Catedral

Transformaciones en el exterior de la Catedral de Santiago a lo largo del tiempo

Es precisamente en los siglos XVII y XVIII cuando se darán las mayores transformaciones que dejan la catedral casi tal y como hoy la podemos rodear por el exterior y al visitar el interior. Además, el barroco trae un interés por el urbanismo que afectará también a la urbanización de los espacios adyacentes al templo con sus grandes plazas y majestuosos edificios vecinos, casi todos ellos además relacionados con la catedral como la Casa del Cabildo, la del Deán o la de la Conga.

El canónigo Vega y Verdugo, hacia la mitad del siglo XVII pone en marcha un ambicioso plan de reformas que comienzan por la cabecera de la catedral. Aquí, tras muchos siglos de obras, añadidos, reformas, desórdenes… y habida cuenta de que la Quintana era uno de los espacios más concurridos de la ciudad y en él se celebraba el mercado, se enterraba a muchos de los difuntos y se realizaban gestiones en las casas consistoriales próximas, el aspecto de la parte oriental de la catedral era ya un verdadero caos de entrantes, salientes, muros y capillas.

Dibujo de Vega y Verdugo de la cabecera de la Catedral, actual fachada de la Quintana, según su "informe" de 1657.
Dibujo de Vega y Verdugo de la cabecera de la Catedral, actual fachada de la Quintana, según su “informe” de 1657.

Además, esta falta de coherencia e irregularidad, se veían acentuados por el sencillo y monumental muro de líneas puras y sobrias del convento de Antealtares que se había construido unas décadas antes.

José de la Peña de Toro proyecta pues la fachada de la Quintana que encierra todas las capillas posteriores y en la que se abren el Pórtico Real, la Puerta Santa, y la Puerta de los abades, además de otro espacio utilizado para el reparto de la Comunión a los romeros.

Vista general del cierre de la cabecera de la catedral. La fachada barroca de la Quintana.
Vista general del cierre de la cabecera de la catedral. La fachada barroca de la Quintana.

Queda tras este muro integrada dentro de la Catedral de Santiago la antigua iglesia de la Corticela, comunicada con la nave norte por una escalera construida al fondo de la vieja capilla de San Nicolás, aunque conservará su portada de influencia mateana. Al mismo tiempo que se cierra la fachada oriental, se sustituyen las almenas, ya innecesarias, por una crestería barroca de balaustres y pináculos de gusto barroco.

La fachada barroca de la Quintana integró la Corticela en el perímetro de la Catedral y cegó la estrecha calle que quedaba entre ambas iglesias. En la parte derecha inferior la Puerta de los Abades o de la Corticela
La fachada barroca de la Quintana integró la Corticela en el perímetro de la Catedral y cegó la estrecha calle que quedaba entre ambas iglesias. En la parte derecha inferior la Puerta de los Abades o de la Corticela

El claustro, que se había empezado a rodear con nuevas dependencias de servicio como el Tesoro en la plaza de las Platerías, de Rodrigo Gil de Hontañon (1540), y con su novedosa torre escalonada, se completa en los siglos XVI, XVII y XVIII en su exterior.

Fachada del edificio del Tesoro junto a la de las Platerías, con su aspecto palaciego trazado por Rodrigo Gil de Hontañón
Fachada del edificio del Tesoro junto a la de las Platerías, con su aspecto palaciego trazado por Rodrigo Gil de Hontañón

Hacia el Obradoiro trabajan en ese cierre Gaspar de Arce y Juan de Herrera, con adiciones de Jácome Fernández (Torre de la Vela), ya en el XVII y Lucas Caaveiro tras un incendio en 1751. Por otro lado, en 1720, Fernando de Casas añade una pequeña fachada abierta hacia la Plaza de las Platerías, y unos años antes, en 1705, Simón Rodríguez ingenia la gran concha jacobea que sostiene, en esta misma plaza, unas escaleras que unen las naves con el Tesoro.

Pero es sin duda la fachada del Obradoiro la obra que más influirá en el aspecto definitivamente barroco que tiene al exterior la catedral de Santiago. El viejo hastial medieval con la cripta mateana debajo y su logia exterior habían empezado a cambiar cuando en el XVI se cierra con puertas y modifican los arcos medievales, y con la escalinata monumental de inicios del XVII.

Dibujo de la fachada del Obradoiro a mediados del siglo XVII según el "Informe " del canónigo Vega y Verdugo. La fachada medieval ya había sufrido transformaciones y añadidos. Muestra dos torres aún con alturas distintas.
Dibujo de la fachada del Obradoiro a mediados del siglo XVII según el “Informe ” del canónigo Vega y Verdugo. La fachada medieval ya había sufrido transformaciones y añadidos. Muestra dos torres aún con alturas distintas.

La fachada románica estaba ya pasada de moda, se había tenido que reforzar una de las torres laterales, y el gran rosetón con vidrios emplomados de su calle central requería de costosas reparaciones. Así pues, se encarga en 1738 su derribo y la construcción de una nueva acorde al nuevo estilo barroco que fuera además una apoteosis de Santiago y de la monarquía española, representados por la figura de Santiago Peregrino venerado por reyes, Atanasio, Teodoro, Santiago Alfeo, Santa Salomé, el Zebedeo, el escudo real..

Se encarga el importante cometido de la nueva fachada principal de la catedral a Fernando de Casas, quien no desmonta por completo todo lo anterior, conocedor de que si retira alguna de las estatuas columnas de Mateo que sostienen la bóveda del Pórtico, todo ese nártex se vendrá abajo.

Proyecto de Fernando Casas de la Fachada del Obradoiro
Proyecto de Fernando Casas de la Fachada del Obradoiro

Reutiliza, asimismo, los cubos inferiores de las dos torres laterales de la fachada (la de la carraca la norte y de las campanas la sur), pero las iguala en altura y diseña sus cuerpos superiores en disminución de volúmenes hasta los capulines superiores, todo ello cuajado de rocallas, decoración vegetal, entrantes y salientes, blasones…al gusto del barroco. En el centro, sobre el nuevo “gran espejo”, el escudo del cabildo de Santiago, con el sarcófago del Apóstol, la estrella encima y el coro de ángeles que anunciaron a Pelagio su ubicación.

Fachada Obradoiro Sepulcro Apóstol

La misma solución de elevar un remate barroco sobre un cuerpo inferior medieval se había utilizado en la cúpula que corona el cimborrio gótico, y, sobre todo, en la torre del reloj, surgida como un cubo defensivo desde 1468 y reconvertida en una torre de uso totalmente religioso y civil con el cuerpo superior que levanta Domingo de Andrade en el último tercio del siglo XVII.

En él campea desde 1831 un reloj de Andrés Antelo que marca con una sóla aguja las horas en sus cuatro esferas de mármol blanco calado. En los cuerpos superiores, las campanas de las horas y los cuartos del siglo XVIII dieron paso a las actuales a finales del siglo XX, tras haberse rajado el bronce en las antiguas. Hoy se exponen en el claustro de la catedral.

Sobre la esfera del reloj, la gran campana de las horas. La decoración del remate barroco a base de sartas de frutas, trofeos militares y motivos jacobeos es típica de Andrade.
Sobre la esfera del reloj, la gran campana de las horas. La decoración del remate barroco a base de sartas de frutas, trofeos militares y motivos jacobeos es típica de Andrade.
Transformaciones del interior de la Catedral

Transformaciones en el interior de la Catedral de Santiago a lo largo del tiempo

Configurado casi definitivamente el aspecto exterior de la catedral tal y como hoy lo conocemos, en el interior las obras las intervenciones barrocas se multiplican. Aunque algunas capillas medievales habían recibido retablos ya en el siglo XVI, como la del Salvador, Santa Fe o la de Mondragón, es ahora cuando se construyen la mayoría de los retablos para las capillas, modificándose también la arquitectura de algunas de ellas. De éstas, destacan dos de nueva planta, la capilla del Pilar, apoteosis barroca de Domingo de Andrade, y la del Cristo de Burgos, hacia los pies de la basílica.

Capilla del Pilar. Vista general.
Capilla del Pilar. Vista general.

Pero sin duda la transformación interior más importante del barroco – además del nuevo órgano y sus retablos construidos desde inicios del XVII – es la nueva capilla mayor, donde desde el medievo y con diversos añadidos y pequeñas transformaciones estuvo el cimborrio de Gelmírez sobre la imagen sedente del XIII de Santiago. De escuela del Maestro Mateo, a ella se encaramaban los peregrinos para tocarla y antaño ponerse su corona (hoy, lo tradicional es abrazarla).

Desde la segunda mitad del XVII, el trabajo de maestros de la talla de Domingo de Andrade, Fray Gabriel de las Casas, Manuel de Prado, Jacobo Pecul o Ángel Piedra dejarán su impronta en el monumental baldaquino sostenido por ángeles, así como en el camarín de Santiago, en su altar, el sagrario, y en el cierre perimetral de la capilla y reja.

Vista general de la capilla mayor y el baldaquino
Vista general de la capilla mayor y el baldaquino

Bajo este espacio, desde finales del siglo XIX y con el redescubrimiento de los huesos de Santiago (1878), se abre el mausoleo romano, ya muy rebajado en su alzado por las sucesivas obras en la capilla mayor, y se hacen visitables las reliquias dentro de una urna de plata de José Losada hecha en esos años. Las había escondido en 1589 cerca de su ubicación original el arzobispo San Clemente por miedo al pirata Drake.

Urna Apostólica
Urna Apostólica

Ante el presbiterio, utilizando desde finales del XVI un ingenio mecánico ideado por Juan Bautista Celma, el Botafumeiro da mayor gloria a Dios y perfuma un ambiente a menudo cargado por la multitud de peregrinos que en la Edad Media incluso dormían en las tribunas de la catedral. El actual Botafumeiro es de latón, hecho por el compostelano José Losada en 1851.

Detalle del mecanismo que permite el movimiento del Botafumeiro en la altura del crucero, bajo el cimborrio. Lo ideó, a finales del XVI, Juan Bautista Celma
Detalle del mecanismo que permite el movimiento del Botafumeiro en la altura del crucero, bajo el cimborrio. Lo ideó, a finales del XVI, Juan Bautista Celma

En los años finales del barroco y llegando ya el neoclasicismo se derriba la antigua Fachada del Paraíso del brazo norte del transepto por la que entraban los peregrinos del Camino Francés, muy dañada por un incendio en 1758.

La nueva la diseña Lucas Caaveiro, a quien ayuda Clemente Sarela. De concluir las obras se encargará Domingo Lois Monteagudo, quien recibe algunas sugerencias de Ventura Rodríguez y el visto bueno de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución que por esos años supervisa los proyectos. Se termina en 1769, tratando de adaptar un diseño barroco a un gusto ya Neoclásico.

Fachada de la Azabachería. Vista general. A la izquierda, exterior de la Corticela, y a la derecha fachada del actual palacio arzobispal y, más atrás, la Torre de la Carraca
Fachada de la Azabachería. Vista general. A la izquierda, exterior de la Corticela, y a la derecha fachada del actual palacio arzobispal y, más atrás, la Torre de la Carraca

En este último estilo se construye la más “moderna” de las capillas de la catedral de Santiago, la de la Comunión. Domingo Lois Monteagudo le da forma de rotonda clásica cubierta por una cúpula soportada por ocho monumentales columnas jónicas, y ocupa el solar donde estuvo hasta entonces la gótica de don Lope de Mendoza.

Capilla de la Comunión. En esta imagen con un objetivo fotográfico especial se aprecia en su conjunto la rotonda que conforma esta capilla neoclásica.
Capilla de la Comunión. En esta imagen con un objetivo fotográfico especial se aprecia en su conjunto la rotonda que conforma esta capilla neoclásica.

Con el mismo gusto neoclásico y el influjo de la Academia de San Fernando, el obispo Sebastián Malvar pretende en 1794 liberar del coro la nave central, trasladándolo a una nueva capilla mayor en el estilo ilustrado de la época, con una nueva fachada exterior y renovada Puerta Santa. Ferro Caaveiro y Melchor de Prado firman los proyectos, aunque jamás se llevarían a cabo más que en algunos cuadros previstos para el espacio interior.

Queda así rematada una historia de los estilos artísticos desde el prerrománico hasta el neoclásico en la catedral de Santiago que aún recibirá algunas aportaciones en los últimos años, ya en los movimientos “neo” de las primeras décadas del siglo XX (retablo neogótico de la capilla de los España y de las Reliquias de Magariños), ya con diseños más propios de nuestros días (nuevas hojas de bronce de la Puerta Santa de 2004).

Capilla de las Reliquias
Capilla de las Reliquias

El Museo de la Catedral

El museo de la Catedral nos permite conocer la historia y el arte de la Catedral de Santiago

El Museo de la Catedral de Santiago permite conocer casi todos los espacios del complejo catedralicio, incluyendo los tejados, las tribunas, el claustro, los cuartos que lo cierran, y el palacio de Gelmírez. Nos ofrece además un recorrido por algunas de las piezas que formaron parte de espacios ya desaparecidos como el claustro gótico, capillas, antiguas fachadas…por sus ornamentos (tímpanos, esculturas, partes de retablos y coros…) y por los documentos que conforman la historia de la Iglesia de Santiago (Tumbos A, B y C, Historia Compostelana, Breviario de Miranda, Códice Calixtino…).

Permite también asombrarse con la magnificencia de su Tesoro, que incluye piezas en materiales preciosos artísticamente trabajados desde la Edad Media a nuestros días, muchas de ellas donadas por peregrinos ilustres (reyes, militares, cargos eclesiásticos…) o por grupos.

Capilla de San Fernando. El antiguo retablo-caxonada para las reliquias de Cornielles de Holanda custodia hoy piezas del tesoro. Las pinturas murales son de Pedro Noble.
Capilla de San Fernando. El antiguo retablo-caxonada para las reliquias de Cornielles de Holanda custodia hoy piezas del tesoro. Las pinturas murales son de Pedro Noble.

Cierran el recorrido por el museo de la Catedral de Santiago las colecciones textiles, desde exóticas telas medievales del lejano oriente hasta el gallardete de la Batalla de Lepanto del siglo XVI, además de ricas ropas litúrgicas.

Terno de don Pedro de Acuña y Malvar. Seda y oro, finales del XVIII-principios del XIX.
Terno de don Pedro de Acuña y Malvar. Seda y oro, finales del XVIII-principios del XIX.

Merecen especial mención y una detallada visita la colección de tapices, en gran parte posible gracias a algunas donaciones, y que con sus obras sobre cartones de Rubens, Teniers, o Goya, entre otros, constituye una de las mejores de toda España.

Museo de la Catedral. Vista general de la sala con los tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara sobre cartones de David Teniers II con temas costumbristas y kermés.
Museo de la Catedral. Vista general de la sala con los tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara sobre cartones de David Teniers II con temas costumbristas y kermés.
Origen del Camino de Santiago

Origen del Camino de Santiago

El Apóstol Santiago y la Hispania Romana

Muchos visitantes y turistas preguntan ¿cuándo estuvo el apóstol Santiago en Santiago?, o ¿y cómo se llamaba la ciudad de Santiago antes de ser Santiago de Compostela?. Ambas preguntas tienen respuestas que si bien presentan un claro rigor histórico, también llevan anexo un componente tradicional y legendario.

Santuario Virxe da Barca
Santuario Virxe da Barca

Santiago no peregrinó, obviamente, al templo que acoge su sepulcro, aunque sí hay leyendas que le atribuyen visitas a la región como esa que lo sitúa en la Costa da Morte. En Muxía, donde muchos peregrinos completan su Camino de Santiago con la visita al Santuario de la Virxe da Barca, se recuerda la leyenda de la milagrosa aparición de la Virgen a un Santiago desalentado en su prédica a los paganos habitantes del noroeste peninsular.

Pedra de Abalar de Muxía
Pedra de Abalar de Muxía

María arriba a la orilla en una barca de piedra, ésa que hoy “permanece” varada a los pies del Santuario de Nosa Señora da Barca y convertida en las “Pedra de abalar” – La vela – “Pedra dos cadrís (riñones)” – la barca boja abajo, y la piedra del timón. Esta legendaria aparición de la Virgen de la Barca nos recuerda a otra más arraigada en toda la Península Ibérica: la aparición a orillas del Ebro de María sobre una columna – el pilar – a un desalentado Santiago.

Tuviera o no Santiago esas milagrosas visitas de aliento en su prédica por la Hispania Romana, lo que sí es un hecho histórico es su decapitación a manos de Herodes Agripa I, rey de Judea en el año 44 siendo el primero de los apóstoles de Cristo en sufrir martirio.

La Translatio

Embarque en Jafa del cuerpo de Santiago el Mayor
Embarque en Jafa del cuerpo de Santiago el Mayor

Sus discípulos Atanasio y Teodoro recogieron el cuerpo y colocándolo en una barca – de piedra según otras leyendas – arribaron desde el puerto de Jaffa tras siete noches de travesía a las costas del Finisterrae. Ataron su barca a una antigua ara romana (“Pedrón”) al fondo de la Ría de Arousa, y pidieron ayuda a la señora de esas tierras, la Reina Lupa para trasladar el cuerpo del maestro y darle sepultura en su territorio.

Esta ara romana aún hoy se puede venerar en la iglesia de Santiago de Padrón. Lupa envía a la comitiva a través del monte Illicinus, y para ello les facilita un carro tirado por toros bravos que, milagrosamente al contacto del cuerpo de Santiago, se vuelven mansos bueyes.

Más prodigioso será aún lo que acontece al llegar a ese monte, en el cual la Reina Lupa sabe que habita un fiero dragón, dado que Atanasio y Teodoro lo derrotan sin esfuerzo con la señal de la cruz. Este monte, en las proximidades de Santiago de Compostela hacia el Sur, aún hoy se conoce como Pico Sacro debido a estos prodigios, y en su cumbre la gran roca que lo corona presenta un profundo tajo provocado, legendariamente, por el dragón al caer sobre ella.

El viaje continúa, y llegando a las proximidades de una necrópolis romana en el bosque de Libredón los bueyes se detienen a beber en una fuente que aún hoy mana agua junto a una pequeña capilla de Santiago al final de la calle del Franco. Allí, Atanasio y Teodoro colocarán el cuerpo de Santiago en un mausoleo de ricos mármoles, el Arca Marmorica. Es el final de la Translatio, citada por primera vez en la llamada Carta del papa León, texto de mediados del siglo IX incluido en el Códice Calixtino.

Los primeros peregrinos

Tras los primeros peregrinos en el siglo IX, el obispo de Iria Teodomiro y el rey astur Alfonso II, la noticia del hallazgo del cuerpo de todo un discípulo de Cristo (y además uno de los “favoritos” que le había acompañado al Tabor donde tuvo lugar la Transfiguración) va recorriendo Europa, ayudado también por la importancia de la corte carolingia a la que Alfonso II había comunicado el hallazgo. Se habla incluso de una legendaria peregrinación de Carlomagno a Santiago de Compostela siguiendo la Vía Láctea.

Los primeros peregrinos provienen de un entorno más o menos cercano, de la misma Galicia y del Reino Astur, bien por vía marítima o a través de los montes de A Fonsagrada. Sin embargo, el siglo X es ya el del inicio del despegue de las peregrinaciones a nivel internacional, francos sobre todo, uno de los cuales, Bretenaldo, podría haber dado origen con su morada al nombre que aún hoy tiene la famosa Rúa del Franco.

El siglo XI, con la sucesiva liberación de territorios en manos musulmanas gracias al avance de la Reconquista, el influjo e interés de la abadía francesa de Cluny, la proliferación de una “red” de hospitales a lo largo de la ruta y la promoción hecha por las monarquías navarra y castellano-leonesa se convierte en el del despegue definitivo del fenómeno jacobeo a nivel continental. Se consolidan las rutas francesas, cuatro principales, que a su vez se nutrían de caminos venidos de los cuatro puntos cardinales. Desde París, Vézelay y Le Puy los caminos cruzaban los Pirineos por Roncesvalles, mientras que la que partía de Arlés y venía más al sur lo hacía a través de Jaca.

El Camino Francés

Las cinco vías se hacían una en Punte la Reina, trazando el que aún hoy conocemos como Camino Francés y que sigue siendo el más utilizado por cuantos peregrinan a la Catedral de Santiago. A lo largo de su recorrido importantes ciudades iban tomando forma, recogiendo el dinero, noticias, habitantes, influencias y saberes de todos los confines europeos.

Quienes llegaban a Compostela en el siglo XII se encontraban ya con una nueva Catedral de Santiago en avanzado estado de construcción. El primer arzobispo de Santiago, Gelmírez dio un fuerte impulso a las obras iniciadas en el 1075 y su buena sintonía con Roma le permitió lograr del papa Calixto II el privilegio de los Años Santos o Jubilares.

Es el siglo de la primera guía de peregrinos, el famoso “Libro V” incluido en el Códice Calixtino que además recoge numerosos milagros atribuidos a Santiago cuyos beneficiarios procedían ya no sólo de Francia sino también de Italia o Centroeuropa y hasta de los países nórdicos. Éstos eran en su mayoría gentes humildes, fieles devotos o convictos que debían peregrinar a Santiago como parte de su condena, pero también encontramos en esta centuria a reyes como el noruego Sigur Jorsalar (1108), o Luis VII de Francia que peregrina en 1154-1155.

Otros caminos de peregrinación a la Catedral de Santiago

Pero no sólo cabe hablar del Camino Francés. Las rutas que venían del sur van tomando forma al compás de la Reconquista y siguiendo, sobre todo, la romana Vía de la Plata (por lo llano de su recorrido). Reyes de Portugal usan los caminos portugueses para postrarse ante Santiago, como Alfonso II en 1220 o Sancho en 1244. Por otro lado, desde el siglo XIII van cobrando mayor importancia las rutas marítimas sobre todo desde Inglaterra, Irlanda o hasta desde Islandia y los Países Escandinavos. De allí proviene Santa Brígida de Suecia, ya en 1341 y dentro de su viaje a Tierra Santa. Las rutas marítimas arribaban a las costas de Ferrol o de A Coruña, según mareas, vientos o corrientes y a causa de lo inexacto de los instrumentos de navegación. Desde allí, ya andando, el camino a Compostela era corto, aunque como siempre no exento de peligros.

Y es que el Camino de Santiago era peligroso. Numerosos salteadores de caminos acechaban, y ya las más antiguas guías de peregrinos alertan de que el peregrino debía de estar prevenido ante la posibilidad de timos y engaños, así como del pago de numerosos peajes.

Bastón del peregrino antiguo
Bastón del peregrino antiguo

Para, en la medida de lo posible, defenderse, el peregrino podía usar su bastón o bordón, del que cuelga una calabaza que le sirve para llevar agua potable. Otros atributos típicos de su vestimenta era el morral de cuero que según el Calixtino sería abierto para compartir el alimento que guardaba con los más pobres.

Llegados a Santiago, la concha de vieira que de nuevo cita el Códice Calixtino como abundante en las costas cercanas a Santiago se convertía en la prueba inefable de que el peregrino había llegado a su meta, puesto que sus puestos de venta se ubicaban en la entrada a la catedral por la puerta Francígena en que remataba el Camino Francés y sobre cuyo comercio tenía el arzobispado el monopolio.

Son las conchas que, según la leyenda, permitieron escapar de una muerte segura al caballero Cayo cuando se estaba ahogando. La intercesión del Apóstol Santiago quedó patente cuando al salir indemne de las aguas apareció cubierto por conchas de vieira.

Éstos hechos, más que la comúnmente extendida idea de que la concha la usaban los peregrinos para beber por su forma de cuchara explica que la concha de vieira sea desde antiguo símbolo de Santiago, de su Catedral y de sus peregrinos.

El documento que ya desde el siglo XIII sella el cabildo para reconocer la peregrinación a la Catedral de Santiago y llamamos “La Compostela” sustituyó o complementó a la concha como prueba de peregrinación.

Desde estos orígenes medievales en los siglos más inmediatos a la Inventio o descubrimiento del sepulcro apostólico, millones de personas de todo origen y condición llegan a Santiago. Es indudable el papel que en la conformación de la idea de Europa tienen los caminos a Santiago y más indiscutible aún la riqueza histórica y artística que encontramos a lo largo de las rutas a Santiago. La Catedral de Santiago, cuya historia, secretos y detalles vale la pena conocer, recoge lo mejor de todo ello.

Historia de la peregrinaciones a la Catedral de Santiago

Historia de la peregrinaciones a la Catedral de Santiago

Inicio y auge de las peregrinaciones a la Catedral de Santiago

Una vez descubierto en el siglo IX el mausoleo de Santiago, y afianzado y “certificado” el hallazgo por el obispo de Iria, la corte astur y el papado, las oleadas de peregrinos no se hicieron esperar. Toda la cristiandad deseaba visitar la tumba del Apóstol, especialmente tras las invasiones turcas que interrumpieron la peregrinación a Jerusalén justo cuando en Santiago –era el año 1078- se había comenzado a construir la catedral románica tres años antes. Se iniciaba así la era dorada de la peregrinación a Compostela y se consolidaba la ruta más promovida y mejor dotada por reyes y autoridades eclesiásticas: el Camino de Santiago.

La peregrinación a la Catedral de Santiago se transformó así, desde muy temprano, en el acontecer religioso y cultural más destacable y más profundamente vivido de la Edad Media. Es un hecho reconocido recientemente por el Parlamento Europeo, que designó al Camino Primer Itinerario Cultural europeo, y por la UNESCO, que lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

Los Caminos a la Catedral de Santiago

Si bien los primeros peregrinos del siglo X recorrían hasta la tumba apostólica el que hoy se conoce como Camino del Norte a través de la cornisa cantábrica, evitando así la zona de conflicto o en poder del invasor árabe, la expansión de la Reconquista permitió pronto a los reyes Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León trazar un itinerario a través del territorio recién liberado que encadenaba las capitales de los reinos navarro, castellano y leonés hasta desembocar en Santiago. Se conoce como Camino Francés y está descrito en todas sus variantes en el Códice Calixtino, obra atribuida al monje Aymeric Picaud y escrita por encargo del Papa Calixto II alrededor del año 1139. Su quinto libro puede considerarse la primera guía de viaje europea, pues indica las rutas que seguían ya en el siglo XII los peregrinos por Francia para llegar a la Ciudad del Apóstol, y describe los recursos y las impresiones que aguardaban en cada región a los aventurados viajeros.

Hoy son varios los caminos que llegan a la Catedral de Santiago. El Camino Francés el más común e importante. Su variante del norte o camino primitivo. Desde el sur, la Vía de la Plata, y entrando por las costas de Ferrol o Coruña, el Camino Inglés. Otras rutas que algunos hoy reivindican con fines también turísticos son menos tradicionales, pero lo realmente importante es que a través de todos ellos, y desde los primeros tiempos fueron muchos los personajes que desde todos los confines peregrinaron a Santiago: reyes y reinas, nobles, prelados, generales, presidentes y primeros ministros… hasta santos, algunos en visitas cuya autenticidad no ha podido ser nunca fehacientemente demostrada, pero si de gran tradición como la de San Francisco de Asís. Sin embargo, son los millones y millones de peregrinos anónimos los que han configurado esta ruta como un auténtico camino que ha unido pueblos, culturas, difundido estilos artísticos y servido incluso para inspirar la actual Unión Europea. Incluso la Vía Láctea, en nuestro cielo, es muchas veces denominada como el “Camino de Santiago” por parecer discurrir en dirección a la tumba de uno de los discípulos predilectos de Jesús, Santiago, hijo del Zebedeo y Salomé, hermano de Juan y el primero de los apóstoles en padecer martirio en el año 44 de nuestra era.