Año Santo Compostelano, realidad única e inigualable

Hace ya bastantes años, cuando aún el fenómeno de la peregrinación a Santiago de Compostela no había alcanzado su dimensión cuantitativa actual, se preparaba la visita de San Juan Pablo II a la capital de Galicia. Estábamos en la década de los 80 del siglo pasado. Una anécdota ilustra muy a las claras cómo desde aquellos años se iniciaba una cierta tensión sobre la identidad y el significado del Camino de Santiago o, incluso, ciertos deseos de apropiarse una realidad que ya entonces se presumía podría tener importantes réditos turísticos y, por ello mismo, económicos.

Un gobernador civil de la época, con cierto aire de superioridad y afán de demostrar que era la Administración central quien tenía la sartén por el mango en la organización de la visita papal, preguntó a quien ahora es un conocido canónigo de la Catedral, encargado entonces por el arzobispo de representar a la Iglesia en las reuniones, lo siguiente: “… Y ahora, dígame usted, ¿qué es lo que está dispuesta a poner la Iglesia para colaborar?”.

Con una agilidad mental que dejó amplias sonrisas en los rostros del resto de los asistentes al encuentro de trabajo, y sin réplica al pretencioso y sorprendido funcionario, el representante de la Curia respondió no sin ironía: “Señor gobernador, la Iglesia pone al Apóstol”.

Pues eso, cualquier aproximación a lo que ahora se entiende como Xacobeo, no sería posible sin tener en cuenta el origen, el sentido y el significado en el plano religioso y espiritual del Año Santo Compostelano. Si hoy es evidente el esplendor y la pujanza de la peregrinación a Compostela, se debe a que este hecho turístico se apoya en una insoslayable verdad histórica: que Santiago alberga la tumba apostólica de quien fue uno de los “amigos predilectos” del Señor Jesús.

Turismo y peregrinación puede que no sean incompatibles, pero conviene advertir cuáles son sus diferencias y, sobre todo, aclarar cuál es causa y cuál efecto. Para ello, a modo de ejemplo, nada mejor que hablar desde un punto de vista turístico del Códice Calixtino, sabiendo que si se puede actuar de esta manera es porque el famoso códice que alberga el Museo de la Catedral compostelana no es causa de la peregrinación, sino mera consecuencia del hecho primordial del descubrimiento de la tumba apostólica de Santiago el Mayor.

El Códice Calixtino se escribe a mediados del siglo XII. En él se encuentra el texto más antiguo del Liber Sancti Iacobi. En su capítulo V se incluye la que pasa por ser la primera guía de viaje a Santiago. Allí el lector puede visualizar los lugares por los que transcurría la ruta a Compostela, el famoso Camino de Santiago, advirtiendo el autor a los peregrinos de los peligros y los riesgos que podrían encontrarse a lo largo de las distintas etapas.

Gelmírez y el II Marqués de la Vega Inclán, promotores turísticos

Un curioso personaje, tal vez algo desconocido, el II Marqués de la Vega Inclán, dedica al Códice Calixtino un discurso magistral en su toma de posesión como académico de la Real Academia de la Historia en el año 1927. Este extraordinario político, militar y estudioso de muy diversas disciplinas, Benigno Mariano Pedro Casto de la Vega Inclán y Flaquer (Valladolid, 29 de junio de 1858-Madrid, 6 de enero de 1942), fue una figura adelantada a su tiempo. Si de don Manuel Fraga, ex ministro de Información y Turismo y presidente de la Xunta de Galicia desde 1990 a 2005, se puede decir que fue el gran impulsor de España y Galicia como privilegiados destinos turísticos mundiales, del II Marqués de la Vega Inclán se ha de indicar con toda justicia que fue quien dio los primeros pasos para la proyección internacional de España como meta del turismo internacional.

Si bien es cierto que a lo largo del siglo XVIII había habido algún ejemplo notable de viajeros extranjeros en España, como el italiano Giuseppe M. Baretti, quien en Lettera famigliari describe sus andanzas por la península ibérica, no será hasta el XIX cuando el Romanticismo haga de España un destino viajero de sumo interés. Georges Borrow, autor del célebre libro La Biblia en España, es un preclaro protagonista de esas aventuras por tierras españolas, y gallegas. Pero era un turismo selectivo, únicamente disponible para espíritus aventureros y ciertamente con notables recursos económicos para cubrir los costes enormes de los traslados. Únicamente tras la dedicación del marqués de la Vega Inclán puede atisbarse el inicio, modesto pero duradero, de un incipiente turismo en España, abierto ahora a amplias mayorías sociales.

En la página web del madrileño Museo Romántico, del que fue fundador, se lee que “Benigno de Ia Vega Inclán fue uno de los protagonistas de la vida cultural española. A lo largo de sus 84 años de vida llevó a cabo infinidad de proyectos de la más variada índole, desde arquitecto y restaurador, hasta creador de instituciones culturales y museos… Sus inquietudes, centradas en la revalorización, conocimiento y difusión del Patrimonio Cultural Español, quedaron materializadas el año 1911 cuando, Alfonso XIII creó la Comisaría Regia de Turismo. Al frente de la misma se dedicó al estudio y promoción de los medios para el fomento del Turismo, que entendió, de forma precursora, como "turismo cultural". Aplicó una metodología turística innovadora, creando una cadena de alojamientos de variada escala (hoteles como el Palace fueron replanteados por él) y divulgando la cultura artística y las tradiciones” 1.

Baste señalar como muestra de ese empeño que el II Marqués de la Vega Inclán fue el promotor de la construcción del Parador de Gredos, el responsable de la creación del Museo de El Greco, de la restauración y valorización de la Sinagoga del Tránsito, en Toledo, o de la misma Alhambra granadina, sin olvidar su interés por la herencia romana de Mérida o por Santiago de Compostela.

En su ingreso en la Real Academia de la Historia, en esa intervención que titula Guía del viaje a Santiago (libro V del Códice Calixtino), explica que va a hablar del “capítulo más importante de la historia de los viajes en España”. Si tenemos en cuenta que sus palabras se pronuncian en 1927, el discurso semeja una especie de profecía sobre lo que, pasadas las décadas, sería el esplendor renovado del Camino de Santiago y el reconocimiento de la ruta, y de su meta, Compostela, como Itinerario Cultural Europeo.

En su intervención ante los académicos, Benigno de la Vega Inclán comienza señalando que “este Comisario del Turismo” se enorgullece de “considerar antecesor suyo en el cargo, nada menos que a D. Diego Gelmírez, primer arzobispo de Santiago allá en los comienzos del siglo XII”, para añadir que debería ser considerado “´egregio` primer Comisario del Turismo en España, pues el adjetivo ´regio` no le cuadra por sus desarmonías circunstanciales con la madre de Alfonso VII”.

¿Y por qué este auténtico visionario se atreve a hacer semejante afirmación, insinuando incluso que ya entonces había sus más y sus menos entre la Mitra y el Poder civil? Pues él mismo se responde en su discurso: porque “nadie hizo más por la peregrinación compostelana que Gelmírez. ¿Y qué fue la peregrinación sino la más formidable organización turística medieval conocida?”. Y añade: “¿Y que fue la peregrinación sino la corriente europea actuando sobre nuestra historia y sobre nuestra cultura?”. El marqués, tras resaltar la “importancia que no solo para España sino para el mundo occidental tuvo la peregrinación” - no hay que olvidar que se atribuye a Goethe la expresión “Europa se hizo peregrinando a Santiago”-, apunta que hay una deducción lógica para esta imponente realidad del Camino de Santiago. Y es la siguiente: “Si la peregrinación fue cauce por donde vinieron de Europa ideas y formas, también fue vía por la que marcharon al mundo formas e ideas nuestras”.

Una realidad con dos caras

En la contestación a su discurso, D. Julio Puyol y Alonso, alude a algunos comentarios que también había efectuado el marqués en su intervención, mostrando la doble cara del fenómeno de la peregrinación, donde al lado del espíritu religioso, el afán puramente mundano y la fragilidad humana se hacen también presentes. La cita de Puyo y Alonso es larga, pero ilustrativa de ese eterno conflicto entre el alto ideal y una realidad más prosaica, por puramente humana:
“La famosa peregrinación a Santiago, que hasta en el cielo tuvo una guía de estrellas, es tema interesantísimo de la Historia de España, felizmente desarrollado en uno de sus aspectos por nuestro nuevo compañero, quien al decir que aquellas peregrinaciones revelan una formidable organización turística medieval y que el arzobispo don Diego Gelmírez ha de ser reputado como su ilustre predecesor, acaso haya hecho algo más que sazonar su disertación con un donoso rasgo de humorismo, porque sin negar que eran miles de millares los que, movidos de su acendrada fe, acudían de todos los pueblos europeos a postrarse ante el sepulcro del Apóstol, no era tampoco escaso, antes bien, muy crecido el número de los vagabundos, truhanes y bigardos de ambos sexos (ya fustigados por Erasmo en uno de sus deliciosos ´Coloquios´, que emprendían la larga caminata, no tanto por causa de devoción, como por el deseo de ver tierra o de dar pábulo a su espíritu aventurero, máxime cuando se les brindaba con la posibilidad de salir sin blanca de sus casas y tornar a ellas con la bolsa repleta, gracias, de una parte, a la providente solicitud de los asilos y albergues del tránsito que les suministraban una ayuda de costa del sustento, y, de otra, a las limosnas de los cristianos compasivos, que al fin de la jornada, trocadas en monedas de oro, sacaban de España ocultas en el amañado bordón o cosidas en los pliegues de la esclavina.

Riquísimo filón, que parecía inagotable, fueron las peregrinaciones, así para Compostela, como para los lugares situados en los diversos caminos que a ella conducían”.

Esa tensión entre lo sagrado y lo profano, ya palpable en aquella Compostela surgida alrededor de la Catedral y de la espléndida obra del Maestro Mateo, también ha sido motivo de reflexión para el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, en sus múltiples escritos jacobeos, Cartas Pastorales, conferencias o artículos. En uno de ellos, publicado en La Iglesia en los Caminos, un boletín editado por Acogida Cristiana en el Camino, el arzobispo recuerda que “la tradición jacobea está vinculada a la peregrinación a través de un camino hecho con las huellas de la fe y de la esperanza. La alabanza, la súplica y la confianza acompañan constantemente al peregrino. Peregrinar es mucho más que un deporte, una aventura, un viaje turístico a través de una hermosa ruta cultural en la que podemos admirar monumentos espléndidos testigos de la historia milenaria. No podemos hurtar a la peregrinación jacobea el alma humana y cristiana sin la cual el Camino sería una realidad inerte y sin la cual tantas realidades no encontrarían la explicación debida y ajustada. Cabe decir que este florecimiento en que se encuentra la realidad del camino está siendo utilizado desde otra vertiente, como la política cultural, la turística y la comercial2

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Y se preguntaba qué puede “significar este acontecimiento en medio de la indiferencia religiosa actual, al menos oficialmente. La indiferencia religiosa es un fenómeno muy complejo. Las cuestiones religiosas afectan sobre todo a la raíz del ser humano. Se van expresando a lo largo de la historia en formas culturales, sociales, institucionales Y cuando hay un gran cambio histórico, como es el que hemos vivido en la cultura europea en los últimos treinta años, y en la vida española de forma mucho más radical, las expresiones religiosas quedan descarnadas de su anterior corporeidad y tienen que buscar unas nuevas. Estamos en ese momento de tránsito en el que no es fácil saber si es que no hay fe religiosa o es que esa fe, perdido un cuerpo anterior, aún no ha encontrado las expresiones”.

Recobrar el sentido de la peregrinación, a pesar del Covid

Ese valor inmenso de Compostela, y del Camino de Santiago, como lugar de búsqueda y espacio de encuentro desde una perspectiva más allá de lo puramente humano, es decir desde el ámbito de la transcendencia es, tal vez, el elemento clave que ha permanecido diáfano a lo largo de los siglos. Incluso cuando parecía que el sentido de la peregrinación y de la perdonanza del Año Santo Jacobeo, simbolizado en la indulgencia, se difuminaban ante el empuje de la modernidad, de un cierto retorno al paganismo o por el acoso del laicismo y del relativismo.

Por otra parte, a la innegable pujanza de la moderna peregrinación a Compostela, nacida sin duda del memorable discurso europeísta de San Juan Pablo II en la Catedral en 1982 y de la histórica Jornada Mundial de la Juventud en el Monte del Gozo de agosto de 1989, junto a la determinación del Gobierno de Manuel Fraga de promover turísticamente la Ruta Jacobea, aprovechando la cadencia de los Años Santos Compostelanos, le sobrevino el parón de la pandemia del Covid19. Cuando en diciembre de 2019 el arzobispo presentaba su Carta Pastoral convocando el Año Santo de 2021, nada hacía presagiar el drama de la pandemia ni los obligados cambios en la vida social derivados de las restricciones sanitarias.

La Carta con la que el arzobispo invitaba a preparar el Jubileo, con un lema ciertamente ilusionante, "Sal de tu tierra”, recobraba en aquellos momentos toda su actualidad. “Era como una especie de anuncio de lo que iba a ocurrir con los lamentables efectos de la pandemia, con las personas fallecidas, con los familiares heridos por el dolor, con las personas que han perdido sus trabajos y, lo que es peor, acaso sus esperanzas” 3 . El propio monseñor Barrio recordaba en una actualización de su Carta Pastoral que “hemos de tener cuidado en que la pandemia no se lleve consigo, junto con tantas vidas y la confianza en las relaciones humanas, también nuestra capacidad de pensar racionalmente”.

En su anexo a la Carta inicial, el arzobispo agradecía los gestos de solidaridad de aquellos terribles meses, que eran como semillas de la Buena Noticia: “Los esfuerzos que se vienen realizando para paliar las consecuencias de la pandemia muestran lo mejor del ser humano cuando colabora entre sí al bien común. Todo esto no deja de ser un reflejo del Reino anunciado por Jesús”.

Porque, efectivamente, “una lectura creyente de la realidad ayuda a no perder el sentido genuino del hecho jacobeo y a no confundir diferentes realidades: el Año Santo es un año de gracia que se regala a todo aquel que quiere acoger al Señor en su corazón, a través del Apóstol Santiago”3

La peregrinación a Compostela goza hoy de buena salud. El ansia de transcendencia sigue convocando a miles de peregrinos que continúan expresando con su caminar al sepulcro del Apóstol la inquieta búsqueda de sentido profundo en sus vidas, el ansia de forjar la historia colectiva y la biografía personal en sólidos pilares. Y las cifras de visitantes a la ciudad del Apóstol también revelan el éxito de la fórmula del Xacobeo como motor de desarrollo turístico y económico para la comunidad gallega. Algo ciertamente nada despreciable.

Y es que, como dice monseñor Barrio, más allá de los avances de la “tecnología y la electrónica, la movilidad y los viajes rápidos, la exploración del espacio y las superautopistas de la información, todo parece indicar que las personas buscan echar raíces en el suelo firme y estable de lo sagrado. Cuanto más rápidamente camina la humanidad, tanto mayor es la necesidad que siente de unos cimientos firmes… Las personas emprenden la peregrinación jacobea porque buscan y porque esperan encontrar lo que su mundo moderno no ha sido capaz de ofrecerles. El rito y el misterio de la peregrinación jacobea aparecen constantes a lo largo de la historia, independientemente de los cambios y avances culturales que se producen”4

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Sí, el Año Santo Compostelano es la constatación permanente de que el caminante que hace la ruta tal vez sin un específico afán espiritual está invitado a entrar en la Plaza del Obradoiro, un nuevo “atrio de los gentiles”, y encontrarse con aquel peregrino de la fe que se ha puesto en camino para andar sus jornadas con la vista puesta en el sepulcro del Apóstol. Ambos, como buscadores de sentido, pueden compartir ante la Catedral la vía de la belleza, la via pulchritudinis, que conduce a la verdad.

En La Divina Comedia, el gran poeta Dante ponía en labios de Beatriz, refiriéndose a “Santiago de Galicia”, una oración que podrían compartir el recio caminante y el sincero peregrino: “Haz, Señor, que desde aquí resuene la esperanza”.

1 El fundador: II Marqués de la Vega-Inclán - | Ministerio de Cultura y Deporte

2 Boletín_ACC_nº_6_imprenta.pdf (catedraldesantiago.es)

3 “Una lectura católica de la peregrinación: no perder la identidad”, Javier Aguado, enero de 2021 en “Barca de Santiago”, Publicado el Nº 40 de la Revista Diocesana «Barca de Santiago» - Archidiócesis de Santiago de Compostela (archicompostela.es)

4 Intervención de apertura de Mons. Julián Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela, en el IV Congreso de Acogida Cristiana en el Camino, octubre de 2016.

Javier Aguado,
Periodista