Orígenes del camino a Santiago

Muchos visitantes y turistas de la Catedral de Santiago, se preguntan “¿cuándo estuvo el apóstol Santiago en Santiago?”, o “¿y cómo se llamaba la ciudad de Santiago antes de ser Santiago de Compostela?”. Ambas preguntas tienen respuestas que si bien presentan un claro rigor histórico, también llevan anexo un componente tradicional y legendario. Santiago no peregrinó, obviamente, al templo que acoge su sepulcro, aunque sí hay leyendas que le atribuyen visitas a la región como esa que lo sitúa en la Costa da Morte.

En Muxía, donde muchos peregrinos completan su Camino de Santiago con la visita al Santuario de la Virxe da Barca, se recuerda la leyenda de la milagrosa aparición de la Virgen a un Santiago desalentado en su prédica a los paganos habitantes del noroeste peninsular. María llega a la orilla en una barca de piedra, ésa que hoy “permanece” varada a los pies del Santuario de Nosa Señora da Barca y convertida en las “Pedra de abalar” - La vela - “Pedra dos cadrís (riñones)” – la barca boja abajo; y la piedra del timón.

Santuario A Barca y piedra de Abalar
Santuario A Barca y piedra de Abalar. https://www.galicia.info/

Esta legendaria aparición de la Virgen de la Barca nos recuerda a otra más arraigada en toda la Península Ibérica: la aparición a orillas del Ebro de María sobre una columna – el pilar – a un desalentado Santiago.

Tuviera o no Santiago esas milagrosas visitas de aliento en su prédica por la Hispania Romana, lo que sí es un hecho histórico es su decapitación a manos de Herodes Agripa I, rey de Judea en el año 44 siendo el primero de los apóstoles de Cristo en sufrir martirio. Sus discípulos Atanasio y Teodoro recogieron el cuerpo y colocándolo en una barca – de piedra según otras leyendas – arribaron desde el puerto de Jaffa tras siete noches de travesía a las costas del Finisterrae.

Ataron su barca a una antigua ara romana (“Pedrón”) al fondo de la Ría de Arousa, y pidieron ayuda a la señora de esas tierras, la Reina Lupa para trasladar el cuerpo del maestro y darle sepultura en su territorio. Esta ara romana aún hoy se puede venerar en la iglesia de Santiago de Padrón. Lupa envía a la comitiva a través del monte Illicinus, y para ello les facilita un carro tirado por toros bravos que, milagrosamente al contacto del cuerpo de Santiago, se vuelven mansos bueyes.

Más prodigioso será aún lo que acontece al llegar a ese monte, en el cual la Reina Lupa sabe que habita un fiero dragón, dado que Atanasio y Teodoro lo derrotan sin esfuerzo con la señal de la cruz. Este monte, en las proximidades de Santiago hacia el Sur, aún hoy se conoce como Pico Sacro debido a estos prodigios, y en su cumbre la gran roca que lo corona presenta un profundo tajo provocado, legendariamente, por el dragón al caer sobre ella.

Santuario A Barca y piedra de Abalar
La Reina Lupa y el traslado de los restos del Apóstol Santiago. https://recreacionhistoria.com/

El viaje continúa, y llegando a las proximidades de una necrópolis romana en el bosque del Libredón los bueyes se detienen a beber en una fuente que aún hoy mana agua junto a una pequeña capilla de Santiago al final de la calle del Franco. Allí, Atanasio y Teodoro colocarán el cuerpo de Santiago en un mausoleo de ricos mármoles, el Arca Marmorica. Es el final de la Translatio, citada por primera vez en la llamada Carta del papa León, texto de mediados del siglo IX incluido en el Códice Calixtino.

Tras los primeros peregrinos en el siglo IX, el obispo de Iria Teodomiro y el rey astur Alfonso II, la noticia del hallazgo del cuerpo de todo un discípulo de Cristo (y además uno de los “favoritos” que le había acompañado al Tabor donde tuvo lugar la Transfiguración) va recorriendo Europa, ayudado también por la importancia de la corte carolingia a la que Alfonso II había comunicado el hallazgo. Se habla incluso de una legendaria peregrinación de Carlomagno a Santiago siguiendo la Vía Láctea.

Los primeros peregrinos provienen de un entorno más o menos cercano, de la misma Galicia y del Reino Astur, bien por vía marítima o a través de los montes de A Fonsagrada. Sin embargo, el siglo X es ya el del inicio del despegue de las peregrinaciones a nivel internacional, francos sobre todo, uno de los cuales, Bretenaldo, podría haber dado origen con su morada al nombre que aún hoy tiene la famosa Rúa del Franco.

El siglo XI, con la sucesiva liberación de territorios en manos musulmanas gracias al avance de la Reconquista, el influjo e interés de la abadía francesa de Cluny, la proliferación de una “red” de hospitales a lo largo de la ruta y la promoción hecha por las monarquías navarra y castellano-leonesa se convierte en el del despegue definitivo del fenómeno jacobeo a nivel continental.

Se consolidan las rutas francesas, cuatro principales, que a su vez se nutrían de caminos venidos de los cuatro puntos cardinales. Desde París, Vézelay y Le Puy los caminos cruzaban los Pirineos por Roncesvalles, mientras que la que partía de Arlés y venía más al sur lo hacía a través de Jaca. Las cinco vías se hacían una en Punte la Reina, trazando el que aún hoy conocemos como Camino Francés y que sigue siendo el más utilizado por cuantos peregrinan a Santiago. A lo largo de su recorrido importantes ciudades iban tomando forma, recogiendo el dinero, noticias, habitantes, influencias y saberes de todos los confines europeos.

Quienes llegaban a Santiago en el siglo XII se encontraban ya con una nueva catedral en avanzado estado de construcción. El primer arzobispo de Santiago, Gelmírez dio un fuerte impulso a las obras iniciadas en el 1075 y su buena sintonía con Roma le permitió lograr del papa Calixto II el privilegio de los Años Santos o Jubilares.

Es el siglo de la primera guía de peregrinos, el famoso “Libro V” incluido en el Códice Calixtino que además recoge numerosos milagros atribuidos a Santiago cuyos beneficiarios procedían ya no sólo de Francia sino también de Italia o Centroeuropa y hasta de los países nórdicos. Éstos eran en su mayoría gentes humildes, fieles devotos o convictos que debían peregrinar a Santiago como parte de su condena, pero también encontramos en esta centuria a reyes como el noruego Sigur Jorsalar (1108), o Luis VII de Francia que peregrina en 1154-1155.

Pero no sólo cabe hablar del Camino Francés. Las rutas que venían del sur van tomando forma al compás de la Reconquista y siguiendo, sobre todo, la romana Via de la Plata (por lo llano de su recorrido). Reyes de Portugal usan los caminos portugueses para postrarse ante Santiago, como Alfonso II en 1220 o Sancho en 1244.

Por otro lado, desde el siglo XIII van cobrando mayor importancia las rutas marítimas sobre todo desde Inglaterra, Irlanda o hasta desde Islandia y los Países Escandinavos. De allí proviene Santa Brígida de Suecia, ya en 1341 y dentro de su viaje a Tierra Santa. Las rutas marítimas arribaban a las costas de Ferrol o de A Coruña, según mareas, vientos o corrientes y a causa de lo inexacto de los instrumentos de navegación. Desde allí, ya andando, el camino a Compostela era corto, aunque como siempre no exento de peligros.

Y es que el Camino de Santiago era peligroso. Numerosos salteadores de caminos acechaban, y ya las más antiguas guías de peregrinos alertan de que el peregrino debía de estar prevenido ante la posibilidad de timos y engaños, así como del pago de numerosos peajes. Para, en la medida de lo posible, defenderse, el peregrino podía usar su bastón o bordón, del que cuelga una calabaza que le sirve para llevar agua potable. Otros atributos típicos de su vestimenta era el morral de cuero que según el Calixtino sería abierto para compartir el alimento que guardaba con los más pobres.

Llegados a Santiago, la concha de vieira que de nuevo cita el Códice Calixtino como abundante en las costas cercanas a Santiago se convertía en la prueba inefable de que el peregrino había llegado a su meta, puesto que sus puestos de venta se ubicaban en la entrada a la catedral por la puerta Francígena en que remataba el Camino Francés y sobre cuyo comercio tenía el arzobispado el monopolio.

Son las conchas que, según la leyenda, permitieron escapar de una muerte segura al caballero Cayo cuando se estaba ahogando. La intercesión del Apóstol Santiago quedó patente cuando al salir indemne de las aguas apareció cubierto por conchas de vieira. Éstos hechos, más que la comúnmente extendida idea de que la concha la usaban los peregrinos para beber por su forma de cuchara explica que la concha de vieira sea desde antiguo símbolo de Santiago, de su Catedral y de sus peregrinos.

El documento que ya desde el siglo XIII sella el cabildo para reconocer la peregrinación a Santiago y llamamos “La Compostela” sustituyó o complementó a la concha como prueba de peregrinación.

Desde estos orígenes medievales en los siglos más inmediatos a la Inventio o descubrimiento del sepulcro apostólico, millones de personas de todo origen y condición llegan a Santiago.

Es indudable el papel que en la conformación de la idea de Europa tienen los caminos a Santiago y más indiscutible aún la riqueza histórica y artística que encontramos a lo largo de las rutas a Santiago. La Catedral de Santiago, cuya historia, secretos y detalles vale la pena conocer, recoge lo mejor de todo ello.