Las peregrinaciones a la Catedral de Santiago

Una vez descubierto en el siglo IX el mausoleo de Santiago, y afianzado y “cerficicado” el hallazgo por el obispo de Iria, la corte astur y el papado, las oleadas de peregrinos no se hicieron esperar. Toda la cristiandad deseaba visitar la tumba del Apóstol, especialmente tras las invasiones turcas que interrumpieron la peregrinación a Jerusalén justo cuando en Santiago –era el año 1078- se había comenzado a construir la catedral románica tres años antes. Se iniciaba así la era dorada de la peregrinación a Compostela y se consolidaba la ruta más promovida y mejor dotada por reyes y autoridades eclesiásticas: el Camino de Santiago.

La peregrinación a Santiago se transformó así, desde muy temprano, en el acontecer religioso y cultural más destacable y más profundamente vivido de la Edad Media. Es un hecho reconocido recientemente por el Parlamento Europeo, que designó al Camino Primer Itinerario Cultural europeo, y por la UNESCO, que lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

Si bien los primeros peregrinos del siglo X recorrían hasta la tumba apostólica el que hoy se conoce como Camino del Norte a través de la cornisa cantábrica, evitando así la zona de conflicto o en poder del invasor árabe, la expansión de la Reconquista permitió pronto a los reyes Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León trazar un itinerario a través del territorio recién liberado que encadenaba las capitales de los reinos navarro, castellano y leonés hasta desembocar en Santiago.

Se conoce como Camino Francés y está descrito en todas sus variantes en el Códice Calixtino, obra atribuida al monje Aymeric Picaud y escrita por encargo del Papa Calixto II alrededor del año 1139. Su quinto libro puede considerarse la primera guía de viaje europea, pues indica las rutas que seguían ya en el siglo XII los peregrinos por Francia para llegar a la Ciudad del Apóstol, y describe los recursos y las impresiones que aguardaban en cada región a los aventurados viajeros.

Hoy son varios los caminos que llegan a la catedral de Santiago. El Camino Francés el más común e importante. Su variante del norte o camino primitivo. Desde el sur, la Vía de la Plata, y entrando por las costas de Ferrol o Coruña, el Camino Inglés. Otras rutas que algunos hoy reivindican con fines también turísticos son menos tradicionales, pero lo realmente importante es que a través de todos ellos, y desde los primeros tiempos fueron muchos los personajes que desde todos los confines peregrinaron a Santiago: reyes y reinas, nobles, prelados, generales, presidentes y primeros ministros… hasta santos, algunos en visitas cuya autenticidad no ha podido ser nunca fehacientemente demostrada, pero si de gran tradición como la de San Francisco de Asís.

Sin embargo, son los millones y millones de peregrinos anónimos los que han configurado esta ruta como un auténtico camino que ha unido pueblos, culturas, difundido estilos artísticos y servido incluso para inspirar la actual Unión Europea. Incluso la Vía Láctea, en nuestro cielo, es muchas veces denominada como el “Camino de Santiago” por parecer discurrir en dirección a la tumba de uno de los discípulos predilectos de Jesús, Santiago, hijo del Zebedeo y Salomé, hermano de Juan y el primero de los apóstoles en padecer martirio en el año 44 de nuestra era.