Capilla de San Fernando

En la Capilla de San Fernando se encuentra el “Tesoro” que incluye las piezas más ricas de la orfebrería de la Catedral. Algunas piezas incluso se custodian en una antigua caja fuerte embutida en los gruesos muros de piedra. 

Está cubierta por dos tramos de bóvedas estrelladas sobre ménsulas, cuyos nervios forman ricos y diferentes diseños con claves decoradas con motivos vegetales y jacobeos. La decoración parietal se completó en 1536 con unas pinturas murales representando la Ascensión y la Asunción de María realizadas por Pedro Noble. 

Preside la capilla una imagen rey Fernando de Castilla con orbe y espada, elevando la vista al cielo y vistiendo amplios ropajes de angulosos pliegues barrocos

Comentario sobre la Capilla de San Fernando

En la Capilla de San Fernando, que hoy forma parte del itinerario del Museo de la Catedral, está ubicado el llamado “Tesoro”, que incluye las piezas más ricas de la orfebrería. Algunas piezas incluso se custodian en una antigua caja fuerte embutida en los gruesos muros de piedra. Sin embargo, ésta no era su función original, cuando llegó a estar conectada con la actual sacristía de la catedral.

Está cubierta por dos tramos de bóvedas estrelladas sobre ménsulas, cuyos nervios forman ricos y diferentes diseños con claves decoradas con motivos vegetales y jacobeos. La decoración parietal se completó en 1536 con unas pinturas murales representando la Ascensión y la Asunción de María, que aún se conservan, de Pedro Noble. También intervino en esta capilla Juan Bautista Celma, quien en 1590 llevó a cabo algunas obras en el arco y altar de San Silvestre, con un retablo lateral de hacia 1540 que en su momento acogía las reliquias de este santo.

Este espacio fue muy pronto destinado a capilla de Santas Reliquias, que se trasladaron aquí en 1537. Sirvió para tal fin hasta que, en 1641, éstas fueron llevadas a su ubicación actual, casi enfrente de la entrada a esta capilla. Antes de esto, durante el poco más de un siglo en que tuvo esta función, las reliquias se colocaban en el retablo-cajonada de Cornielles de Holanda.

Más tarde sería desplazado de esta ubicación, a la que regresó recientemente después de ser restaurado. Hoy día acoge en sus muchos compartimentos, destinados a reliquias, piezas del tesoro catedralicio que dan nombre a esta sala del Museo.

Dos años después de la canonización en 1671 del rey Fernando de Castilla, primo hermano del también rey santo Luís IX de Francia, la catedral recibió la petición real de erigirle un altar. Ésta fue cumplida en 1679, cuando el canónigo fabriquero encargó la figura del rey santo a Juan de Seoane, con orbe y espada, elevando la vista al cielo y vistiendo amplios ropajes de angulosos pliegues barrocos. Para esta imagen se construye un retablo con trazas del entorno de Miguel de Romay y factura de Sande, pero no es el que hoy acoge la figura de trazas neorrenacentistas.

El santo titular sigue presidiendo la capilla. En ella se guardan piezas de orfebrería tan importantes como la esclavina original que vestía el Apóstol del altar mayor, regalo del arzobispo Monroy y sustituida por una réplica en las últimas décadas. Entre muchas otras valiosas piezas tanto por sus materiales como por su calidad, están también el copón de Juan Posse de finales del XVII y el valioso cáliz de oro cuajado de brillantes del siglo XIX ofrecido por el arzobispo Rafael Múzquiz. Destaca también un delicioso relieve de la Virgen de la Leche de Luisa Roldán de hacia 1700.

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