Vista general de la Capilla de San Fernando, que hoy acoge el Tesoro y forma parte del recorrido del Museo de la Catedral.
Vista general de la Capilla de San Fernando, que hoy acoge el Tesoro y forma parte del recorrido del Museo de la Catedral.

Capilla de San Fernando

Resumen:

La Capilla de San Fernando, integrada en el Museo de la Catedral de Santiago, alberga el "Tesoro" con valiosas piezas de orfebrería, resguardadas en una antigua caja fuerte. Originalmente conectada a la sacristía, presenta bóvedas estrelladas decoradas con motivos vegetales y jacobeos. Las pinturas murales de la Ascensión y la Asunción de María, realizadas por Pedro Noble en 1536, aún se conservan. Fue inicialmente destinada a las Santas Reliquias en 1537, pero estas se trasladaron en 1641. Después de servir durante un siglo para reliquias, ahora alberga piezas del tesoro catedralicio en compartimentos restaurados.

En 1679, en respuesta a la canonización del rey Fernando de Castilla en 1671, se erigió un altar en su honor. La figura del rey fue encargada a Juan de Seoane y se colocó en un retablo. Aunque este retablo fue construido con trazas de Miguel de Romay, el actual de estilo neorrenacentista acoge la figura del santo titular. La capilla resguarda destacadas piezas de orfebrería, incluyendo la esclavina original del Apóstol, un copón de Juan Posse, y un valioso cáliz de oro del siglo XIX donado por el arzobispo Rafael Múzquiz. También destaca un relieve de la Virgen de la Leche de Luisa Roldán, creado alrededor de 1700.



Historia de la Capilla de San Fernando

En la Capilla de San Fernando, que hoy forma parte del itinerario del Museo de la Catedral, está ubicado el llamado “Tesoro”, que incluye las piezas más ricas de la orfebrería. Algunas piezas incluso se custodian en una antigua caja fuerte embutida en los gruesos muros de piedra. Sin embargo, ésta no era su función original, cuando llegó a estar conectada con la actual sacristía de la catedral.

En la caja fuerte destacan el cáliz y vinajeras , la custodia de Juan de Figueroa, el cáliz de Posse y un gran rubí.
Caja fuerte embutida en los gruesos muros de piedra.En la caja fuerte destacan el cáliz y vinajeras regalados por el arzobispo Múzquiz, la custodia de Juan de Figueroa, el cáliz de Posse y un gran rubí.
Interior de la caja fuerte del Tesoro de la catedral con algunas de las piezas de más valor de la colección de orfebrería.
Interior de la caja fuerte del Tesoro de la catedral con algunas de las piezas de más valor de la colección de orfebrería.

Está cubierta por dos tramos de bóvedas estrelladas sobre ménsulas, cuyos nervios forman ricos y diferentes diseños con claves decoradas con motivos vegetales y jacobeos. La decoración parietal se completó en 1536 con unas pinturas murales representando la Ascensión y la Asunción de María, que aún se conservan, de Pedro Noble. También intervino en esta capilla Juan Bautista Celma, quien en 1590 llevó a cabo algunas obras en el arco y altar de San Silvestre, con un retablo lateral de hacia 1540 que en su momento acogía las reliquias de este santo.

Pinturas murales representando la Ascensión y la Asunción de María de Pedro Noble.
Pinturas murales representando la Ascensión y la Asunción de María, que aún se conservan, de Pedro Noble.
Está cubierta por dos tramos de bóvedas estrelladas sobre ménsulas
Está cubierta por dos tramos de bóvedas estrelladas sobre ménsulas, cuyos nervios forman ricos y diferentes diseños con claves decoradas con motivos vegetales y jacobeos.
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Este espacio fue muy pronto destinado a capilla de Santas Reliquias, que se trasladaron aquí en 1537. Sirvió para tal fin hasta que, en 1641, éstas fueron llevadas a su ubicación actual, casi enfrente de la entrada a esta capilla. Antes de esto, durante el poco más de un siglo en que tuvo esta función, las reliquias se colocaban en el retablo-cajonada de Cornielles de Holanda.

Antiguo retablo-caxonada para las reliquias de Cornielles de Holanda custodia hoy piezas del tesoro.
El antiguo retablo-caxonada para las reliquias de Cornielles de Holanda custodia hoy piezas del tesoro. Las pinturas murales son de Pedro Noble.

Más tarde sería desplazado de esta ubicación, a la que regresó recientemente después de ser restaurado. Hoy día acoge en sus muchos compartimentos, destinados a reliquias, piezas del tesoro catedralicio que dan nombre a esta sala del Museo.

Dos años después de la canonización en 1671 del rey Fernando de Castilla, primo hermano del también rey santo Luís IX de Francia, la catedral recibió la petición real de erigirle un altar. Ésta fue cumplida en 1679, cuando el canónigo fabriquero encargó la figura del rey santo a Juan de Seoane, con orbe y espada, elevando la vista al cielo y vistiendo amplios ropajes de angulosos pliegues barrocos. Para esta imagen se construye un retablo con trazas del entorno de Miguel de Romay y factura de Sande, pero no es el que hoy acoge la figura de trazas neorrenacentistas.

El santo titular sigue presidiendo la capilla. En ella se guardan piezas de orfebrería tan importantes como la esclavina original que vestía el Apóstol del altar mayor, regalo del arzobispo Monroy y sustituida por una réplica en las últimas décadas. Entre muchas otras valiosas piezas tanto por sus materiales como por su calidad, están también el copón de Juan Posse de finales del XVII y el valioso cáliz de oro cuajado de brillantes del siglo XIX ofrecido por el arzobispo Rafael Múzquiz. Destaca también un delicioso relieve de la Virgen de la Leche de Luisa Roldán de hacia 1700.

Esclavina original que vestía el Apóstol del altar mayor, regalo del arzobispo Monroy
Esclavina original que vestía el Apóstol del altar mayor, regalo del arzobispo Monroy
Esclavina original que vestía el Apóstol del altar mayor, regalo del arzobispo Monroy
Esclavina original que vestía el Apóstol del altar mayor, regalo del arzobispo Monroy
Copón de Juan Posse. Escuela Compostelana, 1699.
Copón de Juan Posse. Escuela Compostelana, 1699.
Relieve de la Virgen de la Leche de Luisa Roldán de hacia 1700.
Relieve de la Virgen de la Leche de Luisa Roldán de hacia 1700.

Capillas de la Catedral

Descubre un universo de devoción y arte en cada rincón de las capillas de la majestuosa Catedral de Santiago de Compostela. Cada una de estas santuarios es un tesoro único que encierra siglos de historia y espiritualidad. Desde la exquisita Capilla Mayor, adornada con relieves de una delicadeza incomparable, hasta la íntima Capilla del Pilar, donde la luz danza sobre antiguos altares, cada espacio invita a la contemplación y la reverencia. Las capillas laterales, con sus retablos de talla dorada y sus vívidos frescos, son como galerías de arte sacro que inspiran y conmueven a quienes las visitan. En cada piedra, en cada detalle, se siente la presencia de aquellos que, a lo largo de los siglos, han encontrado consuelo y esperanza entre estas paredes sagradas. ¡Una experiencia que te transportará a un mundo de fe y maravilla!