Catedral de Santiago

La fachada del Obradoiro desde el antiguo Hospital Real de Santiago, fundado por los Reyes Católicos.
La fachada del Obradoiro desde el antiguo Hospital Real de Santiago, fundado por los Reyes Católicos.

Catedral de Santiago de Compostela

Recorrido por el interior de la Catedral de Santiago

El interior de la Catedral de Santiago de Compostela es un santuario de belleza celestial que asombra a todos. Sus altas bóvedas y columnas transmiten misticismo y grandiosidad. Cada rincón, con retablos dorados y vitrales, rezuma arte y devoción. Es un portal hacia lo trascendental que transforma corazones y eleva el espíritu.

Recorrido por las capillas de la Catedral de Santiago

Descubre la devoción y el arte en las capillas de la Catedral de Santiago de Compostela. Desde la exquisita Capilla Mayor hasta la íntima Capilla del Pilar, cada espacio invita a la reverencia. Las capillas laterales, con retablos dorados y frescos vívidos, inspiran y conmueven, ofreciendo una experiencia de fe y maravilla.

Toda la historia de la Catedral de Santiago

La Catedral de Santiago se erigió sobre el mausoleo del Apóstol Santiago, cuyo cuerpo llegó a Galicia en el siglo I. Desde su descubrimiento en el siglo IX, el culto creció y se construyeron las primeras iglesias. La catedral sufrió transformaciones significativas: el Pórtico de la Gloria en el siglo XII, el Botafumeiro en el barroco, y la Puerta Santa en el Renacimiento, con reformas en los siglos XIX y XX que consolidaron su estilo actual.


El Apóstol Santiago y la Catedral de Santiago

Tras ser decapitado en Palestina en el año 44 d. C., Atanasio y Teodoro, discípulos de Santiago, recogieron el cuerpo de su maestro y, colocado en una barca (de piedra según algunas leyendas), navegaron milagrosamente a la deriva hasta las costas que el Amigo del Señor había predicado en vida: la Hispania romana. Arribaron al Finisterrae, las costas de la Gallaecia, y entrando por la Ría de Arosa y tras diversas vicisitudes en las que se cruzan leyenda y realidad arqueológica (Reina Lupa, Pico Sacro…), depositaron el cuerpo en un mausoleo romano del siglo I ubicado en una necrópolis en el Libredón.

Ceremonia de la Traslación del Apóstol Santiago | Catedral de Santiago
Ceremonia de la Traslación del Apóstol Santiago. Relieve en madera procedentes de la reforma manierista del coro medieval.

El Origen del Culto a Santiago

Cuando hacia la mitad del siglo IX, acaso hacia el 829, el ermitaño de Solovio Pelagio observa unos extraños fenómenos en las estrellas sobre el bosque, y escucha unos cánticos angelicales, da inicio a todo un fenómeno que transformará no solo su entorno inmediato, la zona de la romana Mansio Asseconia, sino toda Europa a través de los caminos que desde todos sus confines acercarán a Compostela a millones de peregrinos a lo largo de la historia.

La Construcción de la Primera Iglesia

Cuando el rey de Asturias Alfonso II “El Casto” conoce la noticia de boca del obispo de Iria Flavia, Teodomiro, ordena construir una pequeña iglesia que acoja dentro el Arca Marmorica, el mausoleo romano destinado para Atia Moeta en origen y donde fueron depositados los cuerpos de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro. También manda construir un pequeño monasterio, San Salvador de Antealtares, para custodiar y adorar las reliquias, así como atender a los primeros peregrinos que empiezan a llegar tan pronto la noticia se expande por el mundo cristiano.

La Expansión del Culto

Hay que tener en cuenta que en este momento gran parte de la Península estaba en manos de los musulmanes, quienes no se querían detener en los Pirineos, sino adentrarse aún más allá. Este templo recibió en el 834 un Preceptum regio que lo convertía en sede episcopal y le otorgaba poder sobre los territorios próximos. A su alrededor, buscando su protección, comenzaron a establecerse los primeros pobladores y grupos monacales de benedictinos encargados de la custodia de las reliquias. Eran los primeros pasos de la futura Catedral de Santiago y la ciudad de Santiago de Compostela.

Califato de Córdoba en el año 1000.
Califato de Córdoba en el año 1000.

Construcción de las primeras iglesias

La iglesia de Alfonso II enseguida se quedó pequeña para acoger a los fieles, por lo que entre el año 872 y el 899, Alfonso III El Grande (sobrino del anterior Alfonso), hizo construir un templo mayor en estilo visigótico, de tres naves y generosas proporciones para la época. En ella utilizan lujosos materiales, como consta en el acta de consagración y demuestran las excavaciones arqueológicas: piedra serpentina, pórfido rojo y mármol traído de la recién reconquistada ciudad de Coria.

http://apuntes.santanderlasalle.es/
http://apuntes.santanderlasalle.es/

La Basílica de Alfonso III

Se trataba ya de una iglesia de generosas proporciones para la época, de tres naves cubiertas con techumbre de madera y una cabecera de gran anchura por estar condicionada a acoger el mausoleo romano de Santiago. El acceso se efectuaba por un pórtico occidental, adosado a su muro norte tenía una capilla baptisterio dedicada a San Juan Bautista. De esta iglesia se encontraron numerosos restos en las excavaciones llevadas a cabo a mediados del siglo XX.

La Capilla de la Corticela

Contemporánea a esta basílica prerrománica será la capilla de la Corticela (dedicada a San Esteban en su origen y a Santa María actualmente), hoy con modificaciones románicas y posteriores e integrada en la Catedral como una capilla más, sigue siendo parroquia de extranjeros. Nació como iglesia para servicio del monasterio de Pinario fundado por el rey en las proximidades de la basílica.

El Ataque de Almanzor

Esta basílica prerrománica de Santiago fue la que en 997 atacó el caudillo árabe Almanzor, quien además de asaltar la ciudad prende fuego a la iglesia y roba sus puertas y campanas, trasladadas a sus palacios cordobeses, según la tradición, a hombros de prisioneros cristianos. Cuando esta ciudad fue reconquistada fueron devueltas portadas por musulmanes como desagravio. A esta basílica puede que perteneciera la pila bautismal que está hoy en el brazo sur de la Catedral y que, según la leyenda, el caballo de Almanzor bebió de ella y cayó de inmediato fulminado ante tal sacrilegio.

La Reconstrucción y la Construcción de la Catedral

A pesar de que el obispo San Pedro de Mezonzo y el rey Bermudo II se preocuparon de reconstruir enseguida la iglesia de Santiago, esta se quedaba pequeña para el ingente número de peregrinos.

El estilo románico estaba llegando a través del Camino Francés, el principal a Santiago, por lo que se inicia la construcción de la actual Catedral de Santiago.

Construcción de la Catedral de Santiago

Las obras de la Catedral de Santiago empiezan en 1075 por la Capilla del Salvador, en tiempos del obispo Diego Peláez y con Alfonso VI como rey. Así se lee en las inscripciones de sus capiteles y muros. Las obras serán encomendadas, según recoge el Códice Calixtino, al Maestro Bernardo el viejo, junto a Roberto y otros cincuenta canteros.

Inicio de las Obras

Las turbulencias políticas que se suceden unos años después acaban con el prelado en la cárcel en 1087, lo que supone un primer alto en las obras hasta que la figura de Diego Gelmírez irrumpe en la historia de Compostela en 1093 como administrador. En 1095 la sede de Iria se traslada a Santiago, y en 1101 se le nombra obispo de Santiago, lo que supone que tiene autoridad para dar un fuerte impulso a las obras de la basílica.

Liderazgo de Diego Gelmírez

Así, en los años siguientes se retoma la obra interrumpida posiblemente tras levantar las tres capillas centrales de la girola, y en 1105 ya se puede consagrar un crucero prácticamente terminado con sus dos fachadas laterales y tras haber acortado un tramo la iglesia de la Corticela.

Avance de las Obras

En cuanto a quién estaba a cargo de las obras, se ha especulado con varios nombres, como Bernardo el Joven, nieto del primer maestro o de Esteban, aunque se suele hablar de un maestro llamado de Platerías cuya filiación real se desconoce. El avance de las obras continúa a buen ritmo, de modo que la vieja basílica de Alfonso III supone ya un estorbo y se decide derribarla en 1112.

Desafíos y Continuidad

Pocos años después las revueltas de 1117 contra el obispo Gelmírez causan grandes estragos en lo ya construido, haciendo necesario acaso la utilización en las dañadas fachadas del crucero de algunas piezas que posiblemente iban destinadas a la fachada occidental, aún lejos de empezarse a levantar.

Reconstrucción y Expansión

Retornado Gelmírez a su sede, reconstruye su palacio episcopal al lado norte de la Catedral de Santiago. Al mismo tiempo prosigue las obras de esta, ya con la autoridad que le confiere el hecho de lograr en 1120 ser nombrado arzobispo, merced a sus buenas relaciones con Roma. Ello facilita también que Santiago sea elevada a sede metropolitana en detrimento de Mérida, aún sin reconquistar a los musulmanes.

Finalización de las Obras

El Códice Calixtino y la Historia Compostelana sitúan el fin de las obras en 1122 y 1124 respectivamente. Sin embargo, el primero de los libros, tras describir detalladamente las fachadas que sí estaban rematadas, al referirse a la occidental da solo unas simples pinceladas de su aspecto, con la excusa de una supuesta magnificencia que hace imposible describirla. Está claro que nada de ella estaba aún en pie, habida cuenta además de que el rey Fernando II firma en 1168 con el Maestro Mateo – ya a cargo de las obras de la iglesia, según consta – un contrato para finalizar la construcción de la iglesia y, por tanto, de su fachada occidental también. Mateo recibe una importante pensión vitalicia, lo que unido a que se le cita por el nombre indica su prestigio ya por aquel entonces.

El Pórtico de la Gloria

Construye los dos últimos tramos del cuerpo principal (en la tribuna está inscrito “Gudesteo”, haciendo referencia al arzobispo Pedro Gudestéiz) sin apenas alteraciones con el diseño preexistente, y da rienda suelta a su genio y conocimientos importados de Francia, donde levanta el Pórtico de la Gloria.

Consagración de la Catedral

Por fin, el 21 de abril de 1211 y en presencia del arzobispo Pedro Muñiz y de Alfonso IX, se consagra solemnemente la Catedral de Santiago. Es la misma que perdura, con las transformaciones que comentaremos, hasta nuestros días. Colocadas en diversos puntos del templo, aún hoy se ven en su interior las cruces de consagración que acompañaron al ritual de consagración ese día.

La ciudad estaba rodeada de dos kilómetros de murallas
La ciudad estaba rodeada de dos kilómetros de murallas y apenas empezaban a trazarse las principales rúas del casco histórico

Por esas fechas el estilo románico estaba quedando superado por los avances del gótico, y pocas décadas después, hacia mediados del siglo XIII el arzobispo don Juan Arias pretende construir una gran cabecera en el nuevo estilo. De haberse concluido supondría la casi total ocupación de la actual plaza de la Quintana, además de convertir la planta en una cruz griega y darle un aspecto muy diferente del que hoy tiene. Sin embargo, con la muerte del prelado el plan cae en el olvido y solo queda hoy de las obras parte del perímetro previsto bajo las escaleras de la Quintana y a un lado de la cabecera románica.

Transformaciones Posteriores

Sí se llegó a levantar en ese mismo siglo un claustro adosado al sur de la nave central. Aunque ya Gelmírez tuvo la intención de levantar uno románico, parece que este nunca se llegó a hacer. El gótico fue sustituido por el actual plateresco, más grande, y en un nivel superior.

También son los siglos XIII y XIV testigos de otros añadidos y transformaciones sobre el original románico. Al claustro y cimborrio más alto que el original románico se une la construcción de capillas que empezaron a alterar las cuatro románicas semicirculares del crucero y las cinco de la cabecera. Las más antiguas son la de Nuestra Señora la Blanca o de los España, y la de Sancti Spiritus.

Será en estos siglos también cuando ante la turbulenta situación que se venía dando en contra de los prelados compostelanos se refuerce con almenas toda la parte superior de la Catedral, aprovechando que sus cubiertas eran terrazas escalonadas transitables. Con idéntico fin defensivo, se construyen las torres de la Trinidad y la Berenguela frente a la puerta occidental, y un gran torreón llamado del arzobispo Gómez Manrique en uno de los ángulos del claustro. Ya en el siglo XV, una nueva torre defensiva junto a la portada sur será la base de la actual torre del reloj.

Además, en esta misma centuria y en la siguiente se multiplican las transformaciones en las capillas: la de Mondragón, la de Prima, la funeraria de don Lope de Mendoza, la de San Fernando y la de las Reliquias, así como las demás que se abren al claustro, y la sacristía.

Renovaciones y Nuevas Construcciones

Es desde 1521 cuando se va a empezar a construir un nuevo claustro plateresco sobre el antiguo, que había sufrido numerosos daños en las revueltas. Su construcción se prolongará hasta 1590, con trazas de Juan de Álava.

Es también el Renacimiento cuando se empieza la tradición de una Puerta Santa de utilización exclusiva en los años jubilares, a imitación de Roma, y se empieza a dar forma al exterior tal y como hoy lo conocemos.

En la fachada del Obradoiro, el gran arco de Mateo que nunca se cerraba es derribado para colocar en su lugar dos puertas con sus jambas, dinteles y parteluz que comenzarán a desvirtuar la vieja fachada medieval, abocada a caer fruto de su costosa conservación y de nuevos gustos en el barroco.

Al interior, y tras algunas modificaciones en los últimos años del XVI, y apenas iniciado el XVII se derriba el coro pétreo de Mateo para poner en su lugar uno manierista de madera más acorde a las nuevas disposiciones tras el Concilio de Trento y al gusto del momento. Lo diseñan Juan da Vila y Gregorio Español.

Por los mismos años, Ginés Martínez estaba levantando las escaleras que aún hoy dan acceso a la puerta del Obradoiro, reutilizando para ello algunos sillares del coro dados la vuelta para usarlas como piedras lisas. Esto facilitó la reconstrucción del coro efectuada en la década de 1990 y hoy expuesta en el Museo de la Catedral.

Transformaciones en el exterior de la Catedral

Es precisamente en los siglos XVII y XVIII cuando se darán las mayores transformaciones que dejan la Catedral de Santiago casi tal y como hoy la podemos rodear por el exterior y al visitar el interior. Además, el barroco trae un interés por el urbanismo que afectará también a la urbanización de los espacios adyacentes al templo con sus grandes plazas y majestuosos edificios vecinos, casi todos ellos además relacionados con la basílica como la Casa del Cabildo, la del Deán o la de la Conga.

El plan de reformas de la cabecera

El canónigo Vega y Verdugo, hacia la mitad del siglo XVII pone en marcha un ambicioso plan de reformas que comienzan por la cabecera. Aquí, tras muchos siglos de obras, añadidos, reformas, desórdenes… y habida cuenta de que la Quintana era uno de los espacios más concurridos de la ciudad y en él se celebraba el mercado, se enterraba a muchos de los difuntos y se realizaban gestiones en las casas consistoriales próximas, el aspecto de la parte oriental de la Catedral era ya un verdadero caos de entrantes, salientes, muros y capillas. Además, esta falta de coherencia e irregularidad, se veían acentuados por el sencillo y monumental muro de líneas puras y sobrias del convento de Antealtares que se había construido unas décadas antes.

Dibujo José Vega y Verdugo. Archivo de la Catedral
Dibujo José Vega y Verdugo. Archivo de la Catedral

La fachada de la Quintana

José de la Peña de Toro proyecta pues la fachada de la Quintana que encierra todas las capillas posteriores y en la que se abren el Pórtico Real, la Puerta Santa, y la Puerta de los abades, además de otro espacio utilizado para el reparto de la Comunión a los romeros. Queda tras este muro integrado dentro de la Catedral la antigua iglesia de la Corticela, comunicada con la nave norte por una escalera construida al fondo de la vieja capilla de San Nicolás, aunque conservará su portada de influencia mateana. Al mismo tiempo que se cierra la fachada oriental, se sustituyen las almenas, ya innecesarias, por una crestería barroca de balaustres y pináculos de gusto barroco.

El desarrollo del claustro

El claustro, que se había empezado a rodear con nuevas dependencias de servicio como el Tesoro en la plaza de las Platerías, de Rodrigo Gil de Hontañon (1540), y con su novedosa torre escalonada, se completa en los siglos XVI, XVII y XVIII en su exterior. Hacia el Obradoiro trabajan en ese cierre Gaspar de Arce y Juan de Herrera, con adiciones de Jácome Fernández (Torre de la Vela), ya en el XVII y Lucas Caaveiro tras un incendio en 1751. Por otro lado, en 1720, Fernando de Casas añade una pequeña fachada abierta hacia la Plaza de las Platerías, y unos años antes, en 1705, Simón Rodríguez ingenia la gran concha jacobea que sostiene, en esta misma plaza, unas escaleras que unen las naves con el Tesoro.

La fachada del Obradoiro

Pero es sin duda la fachada del Obradoiro la obra que más influirá en el aspecto definitivamente barroco que tiene al exterior la Catedral de Santiago. El viejo hastial medieval con la cripta mateana debajo y su logia exterior habían empezado a cambiar cuando en el XVI se cierra con puertas y modifican los arcos medievales, y con la escalinata monumental de inicios del XVII.

Dibujo José Vega y Verdugo. Archivo de la Catedral
Dibujo José Vega y Verdugo. Archivo de la Catedral

La nueva fachada barroca

La fachada románica estaba ya pasada de moda, se había tenido que reforzar una de las torres laterales, y el gran rosetón con vidrios emplomados de su calle central requería de costosas reparaciones. Así pues, se encarga en 1738 su derribo y la construcción de una nueva acorde al nuevo estilo barroco que fuera además una apoteosis de Santiago y de la monarquía española, representados por la figura de Santiago Peregrino venerado por reyes, Atanasio, Teodoro, Santiago Alfeo, Santa Salomé, el Zebedeo, el escudo real...

La torre del reloj

La misma solución de elevar un remate barroco sobre un cuerpo inferior medieval se había utilizado en la cúpula que corona el cimborrio gótico, y, sobre todo, en la torre del reloj, surgida como un cubo defensivo desde 1468 y reconvertida en una torre de uso totalmente religioso y civil con el cuerpo superior que levanta Domingo de Andrade en el último tercio del siglo XVII. En él campea desde 1831 un reloj de Andrés Antelo que marca con una sola aguja las horas en sus cuatro esferas de mármol blanco calado. En los cuerpos superiores, las campanas de las horas y los cuartos del siglo XVIII dieron paso a las actuales a finales del siglo XX, tras haberse rajado el bronce en las antiguas. Hoy se exponen en el Claustro de la Catedral.

Transformaciones en el interior de la Catedral

Configurado casi definitivamente el aspecto exterior de la Catedral de Santiago tal y como hoy lo conocemos, en el interior las intervenciones barrocas se multiplican.

Intervenciones barrocas en las capillas

Aunque algunas capillas medievales habían recibido retablos ya en el siglo XVI, como la del Salvador, Santa Fe o la de Mondragón, es ahora cuando se construyen la mayoría de los retablos para las capillas, modificándose también la arquitectura de algunas de ellas. De éstas, destacan dos de nueva planta, la capilla del Pilar, apoteosis barroca de Domingo de Andrade, y la del Cristo de Burgos, hacia los pies de la basílica.

Capilla del Pilar. Vista general desde la entrada.
Capilla del Pilar. Vista general desde la entrada.

La nueva capilla mayor

Pero sin duda la transformación interior más importante del barroco – además del nuevo órgano y sus retablos construidos desde inicios del XVII – es la nueva capilla mayor, donde desde el medievo y con diversos añadidos y pequeñas transformaciones estuvo el cimborrio de Gelmírez sobre la imagen sedente del XIII de Santiago. De escuela del Maestro Mateo, a ella se encaramaban los peregrinos para tocarla y antaño ponerse su corona (hoy, lo tradicional es abrazarla).

El mausoleo romano y el Botafumeiro

Desde la segunda mitad del XVII, el trabajo de maestros de la talla de Domingo de Andrade, Fray Gabriel de las Casas, Manuel de Prado, Jacobo Pecul o Ángel Piedra dejarán su impronta en el monumental baldaquino sostenido por ángeles, así como en el camarín de Santiago, en su altar, el sagrario, y en el cierre perimetral de la capilla y reja. Bajo este espacio, desde finales del siglo XIX y con el redescubrimiento de los huesos de Santiago (1878), se abre el mausoleo romano, ya muy rebajado en su alzado por las sucesivas obras en la capilla mayor, y se hacen visitables las reliquias dentro de una urna de plata de José Losada hecha en esos años. Las había escondido en 1589 cerca de su ubicación original el arzobispo San Clemente por miedo al pirata Drake.

Detalle la figura de Santiago Matamoros en su camarín sin las flores que la suelen tapar parcialmente.
Detalle la figura de Santiago Matamoros en su camarín sin las flores que la suelen tapar parcialmente.

Ante el presbiterio, utilizando desde finales del XVI un ingenio mecánico ideado por Juan Bautista Celma, el Botafumeiro da mayor gloria a Dios y perfuma un ambiente a menudo cargado por la multitud de peregrinos que en la Edad Media incluso dormían en las tribunas de la Catedral. El actual Botafumeiro es de latón, hecho por el compostelano José Losada en 1851.

Detalle del mecanismo que permite el movimiento del Botafumeiro en la altura del crucero, bajo el cimborrio.
Detalle del mecanismo que permite el movimiento del Botafumeiro en la altura del crucero, bajo el cimborrio. Lo ideó, a finales del XVI, Juan Bautista Celma

La nueva Fachada del Paraíso y la capilla de la Comunión

En los años finales del barroco y llegando ya el neoclasicismo se derriba la antigua Fachada del Paraíso del brazo norte del transepto por la que entraban los peregrinos del Camino Francés, muy dañada por un incendio en 1758. La nueva la diseña Lucas Caaveiro, a quien ayuda Clemente Sarela. De concluir las obras se encargará Domingo Lois Monteagudo, quien recibe algunas sugerencias de Ventura Rodríguez y el visto bueno de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución que por esos años supervisa los proyectos. Se termina en 1769, tratando de adaptar un diseño barroco a un gusto ya Neoclásico.

En este último estilo se construye la más “moderna” de las capillas de la Catedral, la de la Comunión. Domingo Lois Monteagudo le da forma de rotonda clásica cubierta por una cúpula soportada por ocho monumentales columnas jónicas, y ocupa el solar donde estuvo hasta entonces la gótica de don Lope de Mendoza.

Vista general de la Capilla de la Comunión con su característica planta neoclásica de rotonda
Vista general de la Capilla de la Comunión con su característica planta neoclásica de rotonda

Con el mismo gusto neoclásico y el influjo de la Academia de San Fernando, el obispo Sebastián Malvar pretende en 1794 liberar del coro la nave central, trasladándolo a una nueva capilla mayor en el estilo ilustrado de la época, con una nueva fachada exterior y renovada Puerta Santa. Ferro Caaveiro y Melchor de Prado firman los proyectos, aunque jamás se llevarían a cabo más que en algunos cuadros previstos para el espacio interior.

Queda así rematada una historia de los estilos artísticos desde el prerrománico hasta el neoclásico que aún recibiría algunas aportaciones en los últimos años, ya en los movimientos “neo” de las primeras décadas del siglo XX (retablo neogótico de la capilla de los España y de las Reliquias de Magariños), así como con diseños más propios de nuestros días (nuevas hojas de bronce de la Puerta Santa de 2004).

Museo de la Catedral

El Museo de la Catedral de Santiago permite conocer casi todos los espacios del complejo catedralicio, incluyendo los tejados, las tribunas, el claustro, los cuartos que lo cierran, y el palacio de Gelmírez.

Explorando los Espacios del Museo

Nos ofrece además un recorrido por algunas de las piezas que formaron parte de espacios ya desaparecidos como el claustro gótico, capillas, antiguas fachadas…por sus ornamentos (tímpanos, esculturas, partes de retablos y coros…) y por los documentos que conforman la historia de la Iglesia de Santiago (Tumbos A, B y C, Historia Compostelana, Breviario de Miranda, Códice Calixtino…).

Permite también asombrarse con la magnificencia de su Tesoro, que incluye piezas en materiales preciosos artísticamente trabajados desde la Edad Media a nuestros días, muchas de ellas donadas por peregrinos ilustres (reyes, militares, cargos eclesiásticos…) o por grupos.

Explorando el Tesoro

Cierran el recorrido por el museo las colecciones textiles, desde exóticas telas medievales del lejano oriente hasta el gallardete de la Batalla de Lepanto del siglo XVI, además de ricas ropas litúrgicas

Terno de don Pedro de Acuña y Malvar. Seda y oro, finales del XVIII-principios del XIX.
Terno de don Pedro de Acuña y Malvar. Seda y oro, finales del XVIII-principios del XIX.

Merecen especial mención y una detallada visita la colección de tapices, en gran parte posible gracias a algunas donaciones, y que con sus obras sobre cartones de Rubens, Teniers, o Goya, entre otros, constituye una de las mejores de toda España.

Museo de la Catedral. Vista general de la sala dedicada a los tapices de Goya
Museo de la Catedral. Vista general de la sala dedicada a los tapices de Goya

El Códice Calixtino

La más conocida de las “joyas” que custodia el Archivo de la Catedral de Santiago es sin duda el Liber Sancti Iacobi, o Codex Calixtinus. Su denominación española, Códice Calixtino, se hizo tristemente famosa en los últimos años a causa de su sorprendente hurto – ya resuelto y recuperado el libro – que lo puso en boca de todo el mundo.

El apelativo de “Calixtino” le vino dado por la creencia secular de que lo había escrito el papa Calixto II, ya que firma la obra al principio como su autor y compilador, narrando cómo lo hizo. Elegido Sumo Pontífice en 1119, este papa tenía lazos de sangre con la nobleza gallega, y le unía una entrañable amistad con Gelmírez, a quien honró con su proclamación como arzobispo, así como con la elevación de la catedral de Santiago a la dignidad de Metropolitana en detrimento de Mérida.

Pero la autoría de Calixto II del conjunto de la obra es hoy rechazada, aunque es indudable su influencia en el códice, igual que la de la importante abadía francesa de Cluny. El llamado Codex Calixtinus termina con una carta de Inocencio II que presenta al portador de la obra, Aymerico Picaud, clérigo de Parthenay-le-Vieux. Es él quien pasa por autor de gran parte de la obra, especialmente del último de los libros que la componen.

Libro 1 del Códice Calixtino
Libro 1 del Códice Calixtino

Hecho en varias etapas, su inicio está datado entre los años 1137 y 1140, y se retomaría de nuevo en 1173. El resultado sería una obra estructurada en cinco libros, completados con documentos y añadidos. El Libro I contiene, con su música y sus textos, la liturgia para la Misa y Oficio de las festividades de Santiago. Es el libro más amplio, y supone tres cuartas partes del códice. El Libro II detalla veintidós milagros de Santiago. El Libro III relata el traslado de los restos de Santiago desde Jaffa hasta Compostela. Pero quizás son los libros IV y V los más conocidos.

El IV es llamado Pseudo-Turpín, recibiendo su nombre del arzobispo de Reims a quien se atribuyó su redacción, y narra las gestas de Carlomagno en España derrotando a los invasores árabes. Por razones no del todo claras, el Pseudo-Turpín fue desgajado del resto de libros en 1619, sufriendo algunas alteraciones, y así estuvo hasta 1966.

Códice Calixtino - Libro IV
Códice Calixtino - Libro IV

El Libro V es la Guía del Peregrino, que incluye detalladas descripciones de la catedral, de mucha utilidad para los historiadores a pesar de que el templo no estaba del todo concluido cuando fue escrita. Además de los cinco libros se añadieron algunos apéndices, destacando las veintidós composiciones polifónicas del Libro I añadidas en 1173, una primicia en la Europa del momento; o el Himno de los peregrinos a Compostela, el Dum pater familias, apéndice del Libro II.

No son demasiadas las miniaturas del Códice Calixtino, aunque destacan tres iniciales formadas por personajes relacionados con el texto. Así, el Libro I se inicia con una “C” que veremos repetida en el Códice, formada por carnosa vegetación y rematada con cabezas de dragón. En este caso, además, la “C” que acoge en su interior al papa Calixto II, sentado y en actitud de escritura, identificado en el libro donde apoya la pluma.

En el folio cuarto, formando una gran “I” que cuya verticalidad ocupa más de media página, está Santiago en actitud de bendecir. Portando un libro y sin sus atributos característicos, la figura del Apóstol se podría comparar con la de Cristo, aunque sin el nimbo crucífero que caracteriza a éste. Pero el hecho de que forme parte de la palabra “Iacobi” y la naturaleza del texto en que se incluye hacen imposible la confusión.

La tercera letra miniada es totalmente diferente a las anteriores. Se trata de una gran “T” con la que se inicia la Historia Turpini del Libro I. Es un título sobre fondo verde que se añadió a este folio cuando se separó del resto del Códice en el siglo XVII. La gran inicial presenta profusa decoración vegetal y acoge en su interior una mandorla que parte de la boca de un ser fabuloso y en la que está Turpín, el arzobispo de Reims, sentado con sus ropas y báculo de prelado.

El Libro IV nos ofrece también otras tres miniaturas que narran pasajes de la vida de Carlomagno. En la primera, el emperador duerme en el interior de una arquitectura identificada en el texto como Aquisgrán. Sentado a los pies de su lecho, se le aparece Santiago señalando en el cielo el camino de estrellas – la Vía Láctea – que conduce a su sepulcro. Como consecuencia de esta aparición, la segunda de las miniaturas nos muestra al emperador partiendo hacia tierras hispanas para liberar a España de sus invasores. Identificado por su corona y estandarte, Carlomagno aún está saliendo de la arquitectura de su palacio. Los diez caballeros que le anteceden, entre los que se encuentra su sobrino Rolando, se acercan ya a un terreno ondulado que sin duda quieren ser los Pirineos. Más difícil resulta la interpretación de la tercera y última miniatura, todas ellas de formato rectangular y en el folio 162 y el reverso del 162. En ésta última, vemos de nuevo a unos guerreros, unas arquitecturas y la leyenda relativa a Aquisgrán. Sus diversas lecturas la ligan siempre a Carlomagno y su ejército, quizás los sobrevivientes de Roncesvalles recordando la muerte del héroe Rolando. Desde el punto de vista estilístico, parece que todas las miniaturas la debemos a un solo autor, vinculado a los talleres borgoñones de la primera mitad del siglo XII, aunque algunos estudiosos ven también influencias de las Islas Británicas.

Da cuenta de la importancia este Códice Calixtino, incorporado al “Tesoro” catedralicio en la primera mitad del XII, el hecho de que casi inmediatamente se empezó a copiar, y aún el siglo XIV se recurría a él con frecuencia. El mismo scriptorium fundado en Santiago por Aymerico de Anteiac en 1326, que daría lugar al Tumbo B, realizó las copias del Calixtino de Salamanca, El Vaticano y Londres.

El Tumbo A

El inicio del Tumbo A

Entre los “Tesoros” que catedrales como la de Santiago custodiaban y aún hoy custodian, ocupan un lugar importante los documentos y libros que sustentaban la validez jurídica de sus propiedades, privilegios, exenciones y señoríos.

Preocupado de que estos pudieran perderse o de que fueran imposibles de leer en escritura antigua, el tesorero de la época del arzobispo Gelmírez, Bernardo, empezó una transcripción, colección y recopilación que daría lugar al llamado Tumbo A. Bernardo fue también el canónigo que mandó colocar, para servicio de peregrinos y compostelanos, la Fons Mirabilis ante la puerta norte de la catedral.

La elaboración del Tumbo A

Cuando concibió su proyecto, en 1127, la letra visigoda estaba siendo sustituida por la carolina, y Bernardo hizo que Santiago se uniera al movimiento de recopilación documental en el que estaban inmersas otras instituciones del reino de León, como Cardeña, Sahún, León, Oviedo... Además, Santiago acababa de ser elevada a sede metropolitana, por lo que se hacía necesario asentar las bases de su organización.

La estructura del Tumbo A

Este Tumbo A de Bernardo está formado por cinco libros. El primero contiene libros y documentos emitidos por los reyes. El segundo, los diplomas concedidos por miembros de la alta nobleza o cónsules, en palabras de Bernardo. El tercero está dedicado a obispos y arzobispos; mientras que los benefactores de la Iglesia de menor rango social y los miembros del clero ocupan el cuarto y quinto libros, respectivamente.

Las miniaturas del Tumbo A

En total, el Tumbo A recopila ciento setenta documentos en setenta y una hojas de pergamino, en los que se dibujaron algunas de las miniaturas más interesantes y conocidas de las colecciones compostelanas. Casi todas ellas representan a los monarcas y personajes de la realeza leonesa y gallega de la época, identificados con su nombre y pintados casi todos en el siglo XII. Salvo dos infantas juntas, los personajes están representados individualmente. Y salvo dos monarcas a caballo, los demás están entronizados.

La miniatura de la Inventio

Es distinta la primera miniatura de la serie, que describe la Inventio. Se denomina con este vocablo latino al descubrimiento o hallazgo del mausoleo de Santiago en el bosque del Libredón. En esta miniatura del Tumbo A, un personaje con báculo y atuendo episcopal señala una tumba en medio de una arquitectura bajo un arco: es el Arca Marmoricis. Una lámpara alumbra la escena, acompañada de un ángel turiferario que sirve de guía al mausoleo, donde también están las tumbas de los discípulos que acompañaron a Santiago. Para que no queden dudas del nombre del personaje principal, se le identifica en latín: Teodemiro Episkop.

El legado del Tumbo A

Lo más probable es que el proyecto de Bernardo no llegara a completarse del todo, aunque el proceso de recopilación de escrituras continuó a lo largo del siglo XIII, y el tumbo fue ampliado en sucesivas etapas desde la época del reinado de Alfonso VII hasta la de Alfonso X “El Sabio”. El original Tumbo A está custodiado por la caja fuerte del Archivo Catedralicio. Un facsímil idéntico a él puede verse en las vitrinas de la Biblioteca, dentro del Museo de la Catedral.

El Tumbo B

El inicio del Tumbo B

Con la llegada del gótico, el scriptorium de la catedral de Santiago continuó aún con los últimos añadidos al Tumbo A, iniciado en el año 1129 por el tesorero de Gelmírez, Bernardo. En 1255, cerraron este manuscrito las representaciones de Fernando III y de Alfonso X. Se produjo entonces una interrupción del trabajo de casi un siglo, hasta que en XIV el arzobispo Fray Berenguel de Landoira creara otro taller, más dedicado a las copias que la producción nueva.

La creación del Tumbo B

Berenguel, fraile dominico ligado a la corte papal de Avignon, contó también con la ayuda de un eficaz tesorero, Aymerico Anteiac. A él encomendó la dirección del scriptorium donde se realizaría el llamado Tumbo B, iniciado el 27 de agosto de 1326, a cargo de los escribanos García Pérez y Alfonso Pérez.

La composición del Tumbo B

Como el Tumbo A, el B es también una recopilación de documentos importantes para la Iglesia Compostelana. Algunos son copias de documentos recogidos en el Tumbo A, certificados en el B por la firma de dos notarios que dan fe de su correspondencia con el documento original. Otros, sin embargo, son documentos nuevos, como algunas concesiones regias y papales.

El Tumbo B se compone de trescientos setenta y un documentos, distribuidos en doscientos noventa y un folios en los que destacan las miniaturas que adornan algunos de ellos; aunque la calidad técnica de éstas, siendo de mayor importancia simbólica y documental, no alcanza la de las encontradas en el Tumbo A.

Las miniaturas del Tumbo B

El reverso del segundo folio está compuesto por dos registros miniados, el superior de los cuales nos muestra a Santiago entronizado, identificado por su báculo en forma de “tau” y filacteria en la mano. Lo rodea una arquitectura a modo de baldaquino, y está acompañado de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, con sus nombres sobre la cabeza. Sin duda recuerda al aspecto que tendría el primitivo altar mayor de la catedral, con el baldaquino de Gelmírez y la figura sedente de Santiago, de la escuela de Mateo, que preside la catedral desde su consagración en 1211.

Otra miniatura significativa

La parte inferior del mismo folio muestra otra interesante miniatura, cuyo protagonista es de nuevo Santiago. Aquí aparece caracterizado como guerrero a caballo portando la espada y cabalgando sobre soldados decapitados. Al fondo de la escena vemos un simple castillo. Algunos estudiosos han querido ver en esta miniatura la primera representación del Santiago Matamoros de la Batalla de Clavijo, recogida años atrás en un tímpano en el crucero de la catedral.

Otros lo interpretan como un pasaje de los Gesta Berengarii de Landoria, en el cual el Apóstol ayuda al prelado a vencer a los compostelanos que se opusieron a su entrada a Compostela, logrando impedirla hasta el 27 de septiembre de 1320, cuando Berenguel derrota a los cabecillas. Consciente de lo inestable de la situación, este arzobispo fortificó la arquitectura de la catedral. También fortificó el principal castillo de la mitra compostelana, el de A Rocha Forte, en las proximidades de la ciudad. Esta fortaleza sería, según esa segunda teoría, la representada en esta la miniatura del Tumbo B.

El legado del Tumbo B

Aún se seguirían recopilando documentos en diversos cartularios. Algunos, como el conocido como Tumbo C, que también se encuentra en el archivo catedralicio, recogen incluso documentación privada.

Breviario de Miranda

El Breviario del Canónigo Miranda: Una Joya Miniada

En el Archivo de la Catedral de Santiago, se puso fin a la Edad Media con el manuscrito más rico en miniaturas de cuantos ahí se conservan. El llamado Breviario del Canónigo Miranda superó a los más conocidos Tumbos, Historia Compostelana y Códice Calixtino. Tiene algo más de quinientos folios de menor tamaño que los de los libros mencionados, y sufrió también algunas pérdidas y mutilaciones a lo largo de la historia.

Data de la mitad del siglo XV, quizás alrededor de 1470, momento en el que la decoración llena las páginas hasta el extremo y no se dejan espacios libres alrededor del texto. Éste se distribuye en dos columnas por folio, y es el principal inspirador de la temática que se representa. Abunda la decoración vegetal, en la que a veces aparecen personajes santos o animales. En algunas ocasiones, el autor da rienda suelta a su fantasía y la puebla de seres extraños.

Detalle de una página del Breviario Miranda.
Detalle de una página del Breviario Miranda. La decoración llega en este manuscrito al extremo y no deja espacios libres en el folio.

Influencia de la Pintura Flamenca

Desde la segunda década del siglo XV la pintura flamenca comenzó a adquirir notable entidad en la Península, y los miniaturistas no fueron ajenos a ella, como se puede comprobar en los pliegues quebrados de las ropas – acentuados y multiplicados en la parte baja – que visten los personajes del Breviario Miranda. Bajo la mano de un director conocedor de los postulados flamencos, aparecen diferentes manos dentro del mismo taller, algo lógico dada la cantidad de iluminaciones de este códice. Sin embargo, hay un sentido unitario en su decoración, que pone a este breviario en relación con otras obras coetáneas del ámbito miniaturista castellano. Algunos ejemplos son los manuscritos para el Marqués de Santillana, atribuidos a Jorge Inglés, o las similitudes en la decoración vegetal que el abulense Juan de Carrión utilizó.

Posible Comitente y Misterio en su Origen

Está claro que el Breviario Miranda fue realizado para alguien relacionado con la Catedral de Santiago. En él se hace referencia a santos de especial relación con ésta, como Salomé, madre de los Zebedeos; y también a celebraciones específicas como la conmemoración de la consagración de la catedral en abril, las fiestas del Apóstol en julio y diciembre, o las de sus discípulos en mayo.

Existen dudas, sin embargo, acerca de quién fue el comitente de la obra. Posiblemente fuera el personaje arrodillado bajo el manto de la Virgen que aparece en la orla inferior del reverso del folio 401, pero existen dudas sobre su identificación. El nombre de Breviario Miranda es debido a que en uno de los folios aparece “MIRANDA” escrito entre las dos columnas, por lo que se creyó que aludía al canónigo Pedro de Miranda, familiar de Alonso II de Fonseca. Sin embargo, algunos emblemas heráldicos en diversas partes del libro descartan esta filiación; y lo atribuyen a Fernando Bermúdez de Castro, personaje que tras diversas vicisitudes alcanzó la dignidad de Deán de Santiago en 1485.

Por su parte, el canónigo José Mª Díaz Fernández, quien fue muchos años archivero de la Catedral, encontró parcialmente borrados o transformados otros escudos entre las páginas del Breviario, identificándolos con el del prelado compostelano Rodrigo de Luna, arzobispo de Santiago entre 1449 y 1460. Pero el hecho de que el personaje arrodillado ante la Virgen como donante en el reverso del folio 401 vista simple hábito, sin atributos de obispo, le quita peso a esta teoría.

Así pues, no sabemos a ciencia cierta quién pudo ser el comitente de esta obra. Quizás algunos de los nombres citados tengan relación con ella, o quizás todos, puesto que fueron dignidades importantes en Santiago. Además, el hecho de que un breviario sea un libro de devoción privada facilita el cambio de manos como herencia o regalo. Esto indicaría también que ya en sus primeras décadas de existencia este códice se consideró de una riqueza y valor excepcionales.

Las peregrinaciones a la Catedral de Santiago

La Era Dorada de la Peregrinación a Compostela

Una vez descubierto en el siglo IX el mausoleo de Santiago, y afianzado y “cerficicado” el hallazgo por el obispo de Iria, la corte astur y el papado, las oleadas de peregrinos no se hicieron esperar. Toda la cristiandad deseaba visitar la tumba del Apóstol, especialmente tras las invasiones turcas que interrumpieron la peregrinación a Jerusalén justo cuando en Santiago –era el año 1078- se había comenzado a construir la catedral románica tres años antes. Se iniciaba así la era dorada de la peregrinación a Compostela y se consolidaba la ruta más promovida y mejor dotada por reyes y autoridades eclesiásticas: el Camino de Santiago.

El Camino de Santiago, Patrimonio de la Humanidad

La peregrinación a Santiago se transformó así, desde muy temprano, en el acontecer religioso y cultural más destacable y más profundamente vivido de la Edad Media. Es un hecho reconocido recientemente por el Parlamento Europeo, que designó al Camino Primer Itinerario Cultural europeo, y por la UNESCO, que lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

El Camino Francés y Otras Rutas

Si bien los primeros peregrinos del siglo X recorrían hasta la tumba apostólica el que hoy se conoce como Camino del Norte a través de la cornisa cantábrica, evitando así la zona de conflicto o en poder del invasor árabe, la expansión de la Reconquista permitió pronto a los reyes Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León trazar un itinerario a través del territorio recién liberado que encadenaba las capitales de los reinos navarro, castellano y leonés hasta desembocar en Santiago.

Se conoce como Camino Francés y está descrito en todas sus variantes en el Códice Calixtino, obra atribuida al monje Aymeric Picaud y escrita por encargo del Papa Calixto II alrededor del año 1139. Su quinto libro puede considerarse la primera guía de viaje europea, pues indica las rutas que seguían ya en el siglo XII los peregrinos por Francia para llegar a la Ciudad del Apóstol, y describe los recursos y las impresiones que aguardaban en cada región a los aventurados viajeros.

Hoy son varios los caminos que llegan a la catedral de Santiago. El Camino Francés el más común e importante. Su variante del norte o camino primitivo. Desde el sur, la Vía de la Plata, y entrando por las costas de Ferrol o Coruña, el Camino Inglés. Otras rutas que algunos hoy reivindican con fines también turísticos son menos tradicionales, pero lo realmente importante es que a través de todos ellos, y desde los primeros tiempos fueron muchos los personajes que desde todos los confines peregrinaron a Santiago: reyes y reinas, nobles, prelados, generales, presidentes y primeros ministros… hasta santos, algunos en visitas cuya autenticidad no ha podido ser nunca fehacientemente demostrada, pero si de gran tradición como la de San Francisco de Asís.

El Impacto Cultural e Histórico del Camino de Santiago

Sin embargo, son los millones y millones de peregrinos anónimos los que han configurado esta ruta como un auténtico camino que ha unido pueblos, culturas, difundido estilos artísticos y servido incluso para inspirar la actual Unión Europea. Incluso la Vía Láctea, en nuestro cielo, es muchas veces denominada como el “Camino de Santiago” por parecer discurrir en dirección a la tumba de uno de los discípulos predilectos de Jesús, Santiago, hijo del Zebedeo y Salomé, hermano de Juan y el primero de los apóstoles en padecer martirio en el año 44 de nuestra era.

Orígenes del Camino de Santiago

Origen Legendario del Camino de Santiago

Muchos visitantes y turistas de la Catedral de Santiago, se preguntan “¿cuándo estuvo el apóstol Santiago en Santiago?”, o “¿y cómo se llamaba la ciudad de Santiago antes de ser Santiago de Compostela?”. Ambas preguntas tienen respuestas que si bien presentan un claro rigor histórico, también llevan anexo un componente tradicional y legendario. Santiago no peregrinó, obviamente, al templo que acoge su sepulcro, aunque sí hay leyendas que le atribuyen visitas a la región como esa que lo sitúa en la Costa da Morte.

Leyendas y Tradiciones

En Muxía, donde muchos peregrinos completan su Camino de Santiago con la visita al Santuario de la Virxe da Barca, se recuerda la leyenda de la milagrosa aparición de la Virgen a un Santiago desalentado en su prédica a los paganos habitantes del noroeste peninsular. María llega a la orilla en una barca de piedra, ésa que hoy “permanece” varada a los pies del Santuario de Nosa Señora da Barca y convertida en las “Pedra de abalar” - La vela - “Pedra dos cadrís (riñones)” – la barca boja abajo; y la piedra del timón.

Santuario A Barca y piedra de Abalar. (https://www.galicia.info/)
Santuario A Barca y piedra de Abalar. (https://www.galicia.info/)

Aspectos Históricos

Esta legendaria aparición de la Virgen de la Barca nos recuerda a otra más arraigada en toda la Península Ibérica: la aparición a orillas del Ebro de María sobre una columna – el pilar – a un desalentado Santiago.

El Viaje de los Discípulos

Tuviera o no Santiago esas milagrosas visitas de aliento en su prédica por la Hispania Romana, lo que sí es un hecho histórico es su decapitación a manos de Herodes Agripa I, rey de Judea en el año 44 siendo el primero de los apóstoles de Cristo en sufrir martirio. Sus discípulos Atanasio y Teodoro recogieron el cuerpo y colocándolo en una barca – de piedra según otras leyendas – arribaron desde el puerto de Jaffa tras siete noches de travesía a las costas del Finisterrae.

Leyendas y Prodigios

Ataron su barca a una antigua ara romana (“Pedrón”) al fondo de la Ría de Arousa, y pidieron ayuda a la señora de esas tierras, la Reina Lupa para trasladar el cuerpo del maestro y darle sepultura en su territorio. Esta ara romana aún hoy se puede venerar en la iglesia de Santiago de Padrón. Lupa envía a la comitiva a través del monte Illicinus, y para ello les facilita un carro tirado por toros bravos que, milagrosamente al contacto del cuerpo de Santiago, se vuelven mansos bueyes.

La Reina Lupa y el traslado de los restos del Apóstol Santiago. https://recreacionhistoria.com/
La Reina Lupa y el traslado de los restos del Apóstol Santiago. https://recreacionhistoria.com/

El Legado del Camino

Más prodigioso será aún lo que acontece al llegar a ese monte, en el cual la Reina Lupa sabe que habita un fiero dragón, dado que Atanasio y Teodoro lo derrotan sin esfuerzo con la señal de la cruz. Este monte, en las proximidades de Santiago hacia el Sur, aún hoy se conoce como Pico Sacro debido a estos prodigios, y en su cumbre la gran roca que lo corona presenta un profundo tajo provocado, legendariamente, por el dragón al caer sobre ella.

El Auge de las Peregrinaciones

El viaje continúa, y llegando a las proximidades de una necrópolis romana en el bosque del Libredón los bueyes se detienen a beber en una fuente que aún hoy mana agua junto a una pequeña capilla de Santiago al final de la calle del Franco. Allí, Atanasio y Teodoro colocarán el cuerpo de Santiago en un mausoleo de ricos mármoles, el Arca Marmorica. Es el final de la Translatio, citada por primera vez en la llamada Carta del papa León, texto de mediados del siglo IX incluido en el Códice Calixtino.

La Expansión del Camino

Tras los primeros peregrinos en el siglo IX, el obispo de Iria Teodomiro y el rey astur Alfonso II, la noticia del hallazgo del cuerpo de todo un discípulo de Cristo (y además uno de los “favoritos” que le había acompañado al Tabor donde tuvo lugar la Transfiguración) va recorriendo Europa, ayudado también por la importancia de la corte carolingia a la que Alfonso II había comunicado el hallazgo. Se habla incluso de una legendaria peregrinación de Carlomagno a Santiago siguiendo la Vía Láctea.

El Renacimiento del Camino

Los primeros peregrinos provienen de un entorno más o menos cercano, de la misma Galicia y del Reino Astur, bien por vía marítima o a través de los montes de A Fonsagrada. Sin embargo, el siglo X es ya el del inicio del despegue de las peregrinaciones a nivel internacional, francos sobre todo, uno de los cuales, Bretenaldo, podría haber dado origen con su morada al nombre que aún hoy tiene la famosa Rúa del Franco.

La Era de las Grandes Rutas

El siglo XI, con la sucesiva liberación de territorios en manos musulmanas gracias al avance de la Reconquista, el influjo e interés de la abadía francesa de Cluny, la proliferación de una “red” de hospitales a lo largo de la ruta y la promoción hecha por las monarquías navarra y castellano-leonesa se convierte en el del despegue definitivo del fenómeno jacobeo a nivel continental.

La Unión de las Rutas

Se consolidan las rutas francesas, cuatro principales, que a su vez se nutrían de caminos venidos de los cuatro puntos cardinales. Desde París, Vézelay y Le Puy los caminos cruzaban los Pirineos por Roncesvalles, mientras que la que partía de Arlés y venía más al sur lo hacía a través de Jaca. Las cinco vías se hacían una en Punte la Reina, trazando el que aún hoy conocemos como Camino Francés y que sigue siendo el más utilizado por cuantos peregrinan a Santiago. A lo largo de su recorrido importantes ciudades iban tomando forma, recogiendo el dinero, noticias, habitantes, influencias y saberes de todos los confines europeos.

La Peregrinación Internacional

Quienes llegaban a Santiago en el siglo XII se encontraban ya con una nueva catedral en avanzado estado de construcción. El primer arzobispo de Santiago, Gelmírez dio un fuerte impulso a las obras iniciadas en el 1075 y su buena sintonía con Roma le permitió lograr del papa Calixto II el privilegio de los Años Santos o Jubilares.

La Primera Guía del Peregrino

Es el siglo de la primera guía de peregrinos, el famoso “Libro V” incluido en el Códice Calixtino que además recoge numerosos milagros atribuidos a Santiago cuyos beneficiarios procedían ya no sólo de Francia sino también de Italia o Centroeuropa y hasta de los países nórdicos. Éstos eran en su mayoría gentes humildes, fieles devotos o convictos que debían peregrinar a Santiago como parte de su condena, pero también encontramos en esta centuria a reyes como el noruego Sigur Jorsalar (1108), o Luis VII de Francia que peregrina en 1154-1155.

La Diversidad de los Caminos

Pero no sólo cabe hablar del Camino Francés. Las rutas que venían del sur van tomando forma al compás de la Reconquista y siguiendo, sobre todo, la romana Via de la Plata (por lo llano de su recorrido). Reyes de Portugal usan los caminos portugueses para postrarse ante Santiago, como Alfonso II en 1220 o Sancho en 1244.

El Impacto de las Rutas Marítimas

Por otro lado, desde el siglo XIII van cobrando mayor importancia las rutas marítimas sobre todo desde Inglaterra, Irlanda o hasta desde Islandia y los Países Escandinavos. De allí proviene Santa Brígida de Suecia, ya en 1341 y dentro de su viaje a Tierra Santa. Las rutas marítimas arribaban a las costas de Ferrol o de A Coruña, según mareas, vientos o corrientes y a causa de lo inexacto de los instrumentos de navegación. Desde allí, ya andando, el camino a Compostela era corto, aunque como siempre no exento de peligros.

El Peligro del Camino

Y es que el Camino de Santiago era peligroso. Numerosos salteadores de caminos acechaban, y ya las más antiguas guías de peregrinos alertan de que el peregrino debía de estar prevenido ante la posibilidad de timos y engaños, así como del pago de numerosos peajes. Para, en la medida de lo posible, defenderse, el peregrino podía usar su bastón o bordón, del que cuelga una calabaza que le sirve para llevar agua potable. Otros atributos típicos de su vestimenta era el morral de cuero que según el Calixtino sería abierto para compartir el alimento que guardaba con los más pobres.

La Llegada a Santiago

Llegados a Santiago, la concha de vieira que de nuevo cita el Códice Calixtino como abundante en las costas cercanas a Santiago se convertía en la prueba inefable de que el peregrino había llegado a su meta, puesto que sus puestos de venta se ubicaban en la entrada a la catedral por la puerta Francígena en que remataba el Camino Francés y sobre cuyo comercio tenía el arzobispado el monopolio.

Son las conchas que, según la leyenda, permitieron escapar de una muerte segura al caballero Cayo cuando se estaba ahogando. La intercesión del Apóstol Santiago quedó patente cuando al salir indemne de las aguas apareció cubierto por conchas de vieira. Éstos hechos, más que la comúnmente extendida idea de que la concha la usaban los peregrinos para beber por su forma de cuchara explica que la concha de vieira sea desde antiguo símbolo de Santiago, de su Catedral y de sus peregrinos.

El documento que ya desde el siglo XIII sella el cabildo para reconocer la peregrinación a Santiago y llamamos “La Compostela” sustituyó o complementó a la concha como prueba de peregrinación.

Desde estos orígenes medievales en los siglos más inmediatos a la Inventio o descubrimiento del sepulcro apostólico, millones de personas de todo origen y condición llegan a Santiago.

Es indudable el papel que en la conformación de la idea de Europa tienen los caminos a Santiago y más indiscutible aún la riqueza histórica y artística que encontramos a lo largo de las rutas a Santiago. La Catedral de Santiago, cuya historia, secretos y detalles vale la pena conocer, recoge lo mejor de todo ello.

Principales rutas del Camino de Santiago

Estas son solo algunas de las principales rutas del Camino de Santiago, cada una con su propia belleza, historia y desafíos, pero todas compartiendo el mismo destino final: la venerada catedral de Santiago de Compostela.

Camino Francés

Considerado el Camino más popular y transitado, el Camino Francés se extiende desde Saint-Jean-Pied-de-Port, en Francia, hasta Santiago de Compostela, abarcando una distancia de aproximadamente 800 kilómetros. Atraviesa diversas regiones de España, como Navarra, La Rioja, Castilla y León, y Galicia, ofreciendo a los peregrinos una variedad de paisajes, desde montañas y valles hasta campos agrícolas y pueblos históricos.

Destaca por sus icónicos lugares de interés, como la ciudad medieval de Pamplona, la catedral de Burgos, la cruz de hierro en la meseta castellana y la majestuosa catedral de Santiago de Compostela.

Camino Portugués

Esta ruta parte desde varias ciudades de Portugal, siendo la más común la salida desde Lisboa o Porto, y se dirige hacia Santiago de Compostela, recorriendo aproximadamente 600 kilómetros. Atraviesa paisajes variados, desde la costa atlántica hasta zonas rurales y bosques, pasando por encantadores pueblos y ciudades históricas como Coímbra, Pontevedra y Tui. Destaca por su rica herencia cultural y arquitectónica, con numerosas iglesias, monasterios y palacios a lo largo del camino, así como por la hospitalidad de sus habitantes.

Camino del Norte

También conocido como el Camino de la Costa, esta ruta sigue la línea costera del mar Cantábrico desde Irún, en el País Vasco, hasta Santiago de Compostela, cubriendo alrededor de 800 kilómetros. Ofrece paisajes impresionantes, con acantilados escarpados, playas de arena dorada y pintorescos puertos pesqueros, así como una rica historia que se refleja en sus ciudades históricas y monumentos arquitectónicos.Destaca por su naturaleza salvaje y menos concurrida en comparación con otras rutas, lo que la convierte en una opción popular para los peregrinos que buscan una experiencia más tranquila y cercana a la naturaleza.

Vía de la Plata

Esta ruta histórica parte desde Sevilla o Mérida y recorre aproximadamente 1,000 kilómetros hasta llegar a Santiago de Compostela, atravesando regiones como Extremadura, Castilla y León, y Galicia. Destaca por su legado romano, con numerosos vestigios arqueológicos a lo largo del camino, así como por su belleza natural, que incluye extensas llanuras, valles fértiles y sierras montañosas. Aunque menos frecuentada que otras rutas, la Vía de la Plata ofrece a los peregrinos una experiencia única y auténtica, con una mezcla de historia, cultura y paisajes variados.

Preparativos necesarios antes de emprender el Camino de Santiago

Al seguir estos preparativos, estarás mejor equipado para disfrutar de una experiencia gratificante y significativa en el Camino de Santiago. Recuerda que cada peregrino tiene su propio ritmo y camino único, así que disfruta del viaje y aprovecha al máximo cada momento.

Investigación y planificación

Antes de comenzar el Camino, es esencial investigar y planificar la ruta que deseas seguir. Esto incluye elegir qué ruta realizar, cuánto tiempo dedicarás al viaje y cuáles serán tus puntos de partida y llegada.

Consulta guías de viaje, mapas y recursos en línea para obtener información detallada sobre la ruta elegida, incluidos los puntos de interés, alojamientos, distancias entre etapas y dificultades potenciales en el camino.

Estos sitios web son solo algunos ejemplos de los recursos disponibles para planificar tu peregrinación en el Camino de Santiago. Cada uno ofrece una variedad de información útil y herramientas para ayudarte a organizar y disfrutar de tu experiencia en el Camino.


Gronze.com
Gronze es una plataforma muy completa que ofrece información detallada sobre todas las rutas del Camino de Santiago. Incluye mapas interactivos, perfiles de etapas, listados de alojamientos, puntos de interés, consejos prácticos y foros de discusión.

Eroski Consumer - Camino de Santiago
Este sitio web ofrece una guía completa para planificar tu peregrinación, con información detallada sobre las diferentes rutas, alojamientos, servicios, etapas, consejos útiles y recursos adicionales.

Mundicamino.com
Mundicamino proporciona una amplia gama de recursos para los peregrinos, incluyendo mapas interactivos, perfiles de etapas, listados de alojamientos, consejos de viaje, foros de discusión y una tienda en línea con productos relacionados con el Camino de Santiago.

Caminodesantiago.gal
Este es el sitio web oficial de la Xunta de Galicia dedicado al Camino de Santiago. Ofrece información sobre las diferentes rutas que pasan por Galicia, así como consejos prácticos, recursos para peregrinos, eventos y noticias relacionadas con el Camino.

Asociación de Amigos del Camino de Santiago
Muchas asociaciones de amigos del Camino tienen sus propios sitios web donde ofrecen información útil para los peregrinos, como mapas, guías, albergues, eventos y noticias relacionadas con el Camino de Santiago.

Preparación física

El Camino de Santiago requiere una buena condición física, especialmente si planeas caminar largas distancias cada día. Antes de partir, es recomendable realizar entrenamiento físico regular, incluyendo caminatas largas para acostumbrar a tu cuerpo a la actividad.

Consulta a un médico si tienes alguna condición médica preexistente o si tienes dudas sobre tu capacidad física para completar el Camino.

Equipamiento adecuado

Llevar el equipamiento adecuado es crucial para garantizar una experiencia segura y cómoda en el Camino. Algunos elementos esenciales incluyen

Botas de senderismo cómodas y resistentes.

Mochila ligera y resistente, adecuada para llevar tus pertenencias durante largas caminatas.

Ropa cómoda y adecuada para caminar, que incluya capas para adaptarse a diferentes condiciones climáticas.

Saco de dormir ligero y compacto, especialmente si planeas quedarte en albergues.Botiquín de primeros auxilios con suministros básicos como vendajes, desinfectante, analgésicos, etc.

Evita llevar demasiado peso en tu mochila, ya que esto puede dificultar tu caminata y aumentar el riesgo de lesiones.

Documentación y logística

Antes de partir, asegúrate de tener toda la documentación necesaria, como pasaporte, tarjeta de identificación y credenciales de peregrino, que puedes obtener en lugares específicos a lo largo de la ruta.

Planifica tu alojamiento con anticipación, especialmente si viajas durante la temporada alta, reservando albergues u otros tipos de alojamiento con suficiente tiempo de antelación.Organiza tus finanzas y lleva suficiente dinero en efectivo o tarjetas de crédito para cubrir tus gastos durante el viaje, incluidos alojamiento, comida y cualquier emergencia que pueda surgir.

Preparación mental y espiritual

El Camino de Santiago es un viaje físico y emocionalmente desafiante, por lo que es importante prepararse mental y espiritualmente para enfrentar los altibajos que puedan surgir en el camino.

Dedica tiempo a reflexionar sobre tus motivaciones para realizar el Camino y establece metas realistas para tu viaje.

Estar abierto a nuevas experiencias, hacer nuevos amigos y estar dispuesto a adaptarte a las situaciones cambiantes a lo largo del camino puede ayudarte a superar cualquier obstáculo que encuentres.

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