Capilla de Prima. Vista general
Capilla de Prima. Vista general

Capilla de la Concepción o de Prima

Resumen:

La Capilla de la Concepción, también conocida como Capilla de Prima, en la Catedral de Santiago, tuvo sus inicios durante la construcción de la catedral románica bajo las órdenes del Maestro de las Platerías y el impulso de Gelmírez. En 1105, las capillas de la cabecera y del transepto fueron consagradas por el primer arzobispo de Santiago. La actual Capilla de la Concepción ocupa el lugar de la románica capilla de la Santa Cruz y fue ampliada y reformada en 1523 por Alonso de Fonseca, Juan de Álava y Jácome García.

En el retablo de la capilla, diseñado por Domingo de Andrade en 1721, se representa el Descendimiento de la Cruz y la imagen de Nuestra Señora de Prima. Esta última, obra de Cornielis de Holanda, proviene de un retablo anterior de 1526. El sepulcro de Antonio Rodríguez Agustín, un canónigo enterrado en la capilla en 1525, es una destacada escultura funeraria realizada por Cornielis de Holanda, que dejó como herencia obras de orfebrería y ornamentos a la catedral y a la Cofradía de Clérigos de Coro.

El cierre de la capilla fue encargado a Francisco Lorenzo en 1709, con detalles adicionales de su hijo Clemente Lorenzo en 1712. Estos artistas posiblemente diseñaron la capilla, aunque se menciona a Domingo de Andrade en el contrato. Finalmente, se destaca la tumba discreta de Domingo de Andrade bajo el relieve del Descendimiento de la Cruz, recordando el legado dejado por este gran maestro en la catedral.



Historia de la Capilla de la Concepción o de Prima

Bajo las órdenes del llamado Maestro de las Platerías, las obras de la catedral románica avanzaban con el impulso de Gelmírez. Tanto aumentó entonces el ritmo de la construcción que en 1105 las capillas de la cabecera y del transepto pudieron ser consagradas por el que sería el primer arzobispo de Santiago. Entre éstas y varios altares, está la actual Capilla de la Concepción o de Prima, que ocupa el solar – y algo más – de la románica capilla de la Santa Cruz. Su ampliación y reforma la debemos a unos protagonistas que encontramos también en el aspecto actual de otras capillas de la girola. Se trata de Alonso de Fonseca como impulsor, Juan de Álava como diseñador, y Jácome García para materializar sus planos. La Cofradía de Clérigos o Capellanes de Coro, llamados también de la Inmaculada Concepción, cuya existencia podemos constatar ya en el siglo XII, fue la que pidió los permisos para realizar esta nueva obra en 1523.

Capilla de Prima. Detalle del retablo con los relieves de la Inmaculada y el Descendimiento
Capilla de Prima. Detalle del retablo con los relieves de la Inmaculada y el Descendimiento

La vieja dedicación a la Santa Cruz de este espacio es recordada por uno de los relieves del actual retablo de la capilla, trazado en 1721 por Domingo de Andrade y construido por Antonio Alfonsín y Manuel Leis. Bajo arco, aparece representado el Descendimiento de la Cruz, que pudo ser tallado por Diego de Sande. La otra hornacina alberga la imagen que hoy da nombre a la capilla, Nuestra Señora de Prima. Ésta es obra de Cornielis de Holanda, y proviene de un retablo anterior diseñado por el mismo maestro en 1526. Su parte pictórica es de Juan Bautista Celma, polifacético artista que también realizó algunas pinturas cuyos restos se encuentran tras el retablo actual, de Simón Rodríguez. Entre éste y el de Cornielis, aún se contrató otro con Francisco Antas en 1636.

El mismo Cornielis es el autor de una de las más bellas esculturas funerarias de Galicia. Se trata del sepulcro del canónigo Antonio Rodríguez Agustín, quien en 1525 obtuvo el permiso del cabildo para ser enterrado en esta capilla de la Concepción. Su tumba se encuentra a la derecha de la entrada, bajo un arco del muro, precisamente por ser el más cercano al altar mayor de Santiago. La decoración del nicho, presidido por el escudo familiar del difunto, responde de nuevo al momento en que fue realizada, y es por tanto propia del Renacimiento.

Capilla de Prima. Detalle del sepulcro del Canónigo Rodríguez Agustín de Cornielles de Holanda
Capilla de Prima. Detalle del sepulcro del Canónigo Rodríguez Agustín de Cornielles de Holanda

Rodríguez Agustín había dejado como herederas de un buen número de obras de orfebrería y ornamentos a la catedral y a la Cofradía de Clérigos de Coro. No es extraño, pues, que obtuviera el favor de ser enterrado aquí, disponiendo por contrato, además, que el yacente de su tumba ha de ser un diácono con un libro sujeto por las manos en su pecho y un león a sus pies. El resultado final, de hermosa factura, refleja fielmente el pliego de condiciones.

La misma cofradía contrató también el cierre de la capilla. Encargó de ello a Francisco Lorenzo en el año 1709, fecha que campea en el cerrojo frente a la talla de la Virgen, mientras que en el otro, obra ya a su hijo Clemente Lorenzo, consta la de 1712. Posiblemente, estos mismos Lorenzo fueron los artífices del diseño, aunque en el contrato se alude a Domingo de Andrade como el autor de las trazas a seguir, pero parece poco probable que finalmente fuera así. Precisamente, tras la verja y bajo el relieve del Descendimiento de la Cruz, vemos la discreta tumba de este gran maestro que tanta huella dejó en la catedral compostelana.

Capilla de Prima. Sus dos vanos de entrada la cierran en el crucero norte
Capilla de Prima. Sus dos vanos de entrada la cierran en el crucero norte y fueron diseñadas por Francisco Lorenzo y Clemente Lorenzo a principios del siglo XVIII

Capillas de la Catedral

Descubre un universo de devoción y arte en cada rincón de las capillas de la majestuosa Catedral de Santiago de Compostela. Cada una de estas santuarios es un tesoro único que encierra siglos de historia y espiritualidad. Desde la exquisita Capilla Mayor, adornada con relieves de una delicadeza incomparable, hasta la íntima Capilla del Pilar, donde la luz danza sobre antiguos altares, cada espacio invita a la contemplación y la reverencia. Las capillas laterales, con sus retablos de talla dorada y sus vívidos frescos, son como galerías de arte sacro que inspiran y conmueven a quienes las visitan. En cada piedra, en cada detalle, se siente la presencia de aquellos que, a lo largo de los siglos, han encontrado consuelo y esperanza entre estas paredes sagradas. ¡Una experiencia que te transportará a un mundo de fe y maravilla!