Historia de la Catedral de Santiago
Historia de la Catedral de Santiago
Detrás de cada piedra de la Catedral de Santiago de Compostela hay más de mil doscientos años de historia: desde el hallazgo legendario del sepulcro del apóstol en el siglo IX hasta las sucesivas transformaciones —románica, gótica, plateresca y barroca— que han moldeado el templo que hoy conocemos. Esta es la historia completa de su origen, su construcción y del fenómeno que la convirtió en el destino final de millones de peregrinos: el Camino de Santiago.
Orígenes: el hallazgo del sepulcro
Tras ser decapitado en Palestina en el año 44 d. C., sus discípulos Atanasio y Teodoro recogieron el cuerpo de Santiago y, según la tradición, lo colocaron en una barca que navegó a la deriva hasta las costas que el apóstol había predicado en vida: la Hispania romana. Tras arribar al Finisterrae y remontar la Ría de Arousa, depositaron el cuerpo en un mausoleo romano del siglo I situado en una necrópolis del bosque del Libredón. Durante siglos, aquella cámara subterránea fue visitada por una pequeña comunidad cristiana local, de la que apenas quedó rastro tras el siglo VIII.
Hacia el año 813 (algunas fuentes hablan de 820 o incluso 830) se produjo el hallazgo milagroso de las reliquias: un ermitaño llamado Pelagio vio signos celestiales —estrellas que se movían de forma extraña y cánticos angelicales— sobre el bosque. Avisó a su obispo, Teodomiro, con sede en la cercana Iria Flavia, quien comunicó el descubrimiento al rey astur Alfonso II "el Casto". El monarca ordenó levantar una primera capilla de piedra y barro junto al mausoleo. En el año 834, este templo recibió un Preceptum regio que lo convertía en sede episcopal, otorgándole poder sobre los territorios cercanos. A su alrededor comenzaron a establecerse los primeros pobladores y grupos monacales benedictinos encargados de custodiar las reliquias: los primeros pasos de la futura ciudad de Santiago de Compostela.
El Camino de Santiago y las Peregrinaciones
La noticia del hallazgo del sepulcro recorrió pronto Europa, ayudada por la importancia de la corte carolingia —se habla incluso de una legendaria peregrinación de Carlomagno siguiendo la Vía Láctea—. Los primeros peregrinos llegaban de Galicia y del Reino Astur; ya en el siglo X se sumaron los francos, y el siglo XI trajo el despegue definitivo del fenómeno jacobeo a escala continental, impulsado por la Reconquista, la abadía francesa de Cluny y la promoción de las monarquías navarra y castellano-leonesa.
Se consolidaron entonces las rutas que hoy conocemos: el Camino Francés, que unía cuatro vías procedentes de distintos puntos de Francia y confluía en Puente la Reina; el Camino del Norte por la cornisa cantábrica; la Vía de la Plata desde el sur; y el Camino Inglés, que recogía a los peregrinos que llegaban por mar a Ferrol o A Coruña desde Inglaterra, Irlanda o los países escandinavos —entre ellos Santa Brígida de Suecia, en 1341—.
El Camino no estaba exento de peligros: salteadores, timos y numerosos peajes obligaban al peregrino a ir prevenido, apoyado en su bastón y su bordón. Al llegar a Santiago, la concha de vieira —que ya cita el Códice Calixtino como abundante en la costa cercana— se convertía en la prueba de haber completado el viaje; con el tiempo, el certificado conocido como "la Compostela" complementó a la concha como acreditación oficial de la peregrinación.
El primer arzobispo de Santiago, Diego Gelmírez, impulsó con fuerza las obras de la catedral y logró del papa Calixto II el privilegio de los Años Santos o Jubilares. Es en este siglo cuando se escribe el "Libro V" del Códice Calixtino, considerado la primera guía de viaje europea, que documenta las rutas y recoge milagros atribuidos al apóstol protagonizados por peregrinos de toda Europa, incluidos reyes como Sigurd Jorsalfar de Noruega o Luis VII de Francia.
Las Leyendas del Traslado
La tradición rodea el viaje del cuerpo del apóstol de episodios legendarios que la propia cultura popular gallega conserva hasta hoy. Se cuenta que Atanasio y Teodoro ataron su barca a una antigua ara romana —el "Pedrón"— y pidieron ayuda a la Reina Lupa, señora de aquellas tierras, para dar sepultura a su maestro. Lupa les facilitó un carro tirado por toros bravos que, al contacto con el cuerpo de Santiago, se volvieron mansos. En su camino hacia el Libredón, la comitiva cruzó el monte Illicinus, donde según la leyenda vencieron a un fiero dragón con la sola señal de la cruz; aquel monte se conoce desde entonces como Pico Sacro.
Otras tradiciones sitúan a Santiago predicando en vida por la Costa da Morte, donde en Muxía se recuerda la aparición milagrosa de la Virgen sobre una barca de piedra para animarlo en su misión —hoy conservada junto al Santuario de la Virxe da Barca como la "Pedra de abalar"—, un relato hermano del de la Virgen del Pilar en Zaragoza.
La Catedral Románica
La primera iglesia de Alfonso II pronto se quedó pequeña. Entre 872 y 899, Alfonso III levantó un templo mayor de tres naves en estilo visigótico, hasta que en 997 el caudillo Almanzor la arrasó por completo. El obispo San Pedro de Mezonzo y el rey Bermudo II la reconstruyeron casi de inmediato, en 1003, pero el imparable crecimiento de las peregrinaciones exigía ya algo mucho más ambicioso.
En 1075, bajo el reinado de Alfonso VI y el episcopado de Diego Peláez, arranca la actual catedral románica —el cuarto edificio sagrado levantado sobre el sepulcro del apóstol—. Las obras se prolongan más de un siglo, marcadas por revueltas, escasez de recursos y el decisivo impulso del arzobispo Diego Gelmírez. Será el Maestro Mateo, contratado en 1168 por Fernando II, quien complete la obra: resuelve el desnivel del terreno construyendo una cripta, levanta los últimos tramos de las naves y culmina el conjunto con el Pórtico de la Gloria. La catedral se consagra solemnemente el 21 de abril de 1211.
A esta base románica se suman, siglo tras siglo, nuevas capas: capillas góticas en los siglos XIII y XIV, el claustro plateresco de Juan de Álava (1521-1590) y, sobre todo, la profunda transformación barroca de los siglos XVII y XVIII, que da a la Capilla Mayor su actual apoteosis dorada bajo el gran baldaquino de Domingo de Andrade, y a la fachada del Obradoiro su imagen más reconocible, obra de Fernando de Casas Novoa.
Significado Jacobeo
Casi mil doscientos años después del hallazgo de Pelagio, el sepulcro del apóstol sigue siendo el motivo que dio origen a la ciudad y a su catedral. Lo que empezó como una peregrinación local de gallegos y astures en el siglo IX se transformó, con el impulso de la Reconquista, la abadía de Cluny y el papado de Calixto II, en el mayor fenómeno de movilidad religiosa y cultural de la Europa medieval. Reyes, nobles, artistas y millones de peregrinos anónimos recorrieron sus rutas durante siglos, dejando a su paso estilos artísticos, hospitales, puentes y ciudades enteras que hoy configuran buena parte del mapa cultural europeo.
Ese legado ha sido reconocido oficialmente por el Parlamento Europeo, que declaró al Camino de Santiago Primer Itinerario Cultural Europeo, y por la UNESCO, que lo distinguió como Patrimonio de la Humanidad. Cada año, cientos de miles de peregrinos siguen llegando a la Plaza del Obradoiro por el Camino Francés, el Camino del Norte, el Camino Inglés o la Vía de la Plata, perpetuando un mismo gesto de fe y superación que atraviesa más de un milenio de historia.