La historia de la Catedral de Santiago comienza cuando entre el año 820 y 835, el obispo Teodomiro, descubre los restos del Apóstol Santiago en el Bosque de Liberdón.

Feliz navidad

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Catedral de Santiago de Compostela

Desde que el cuerpo del Apóstol Santiago es enterrado pasarán más de 700 años hasta que el ermitaño Pelayo descubre, milagrosamente, los restos bajo la maleza. Aquí se construirá la primera iglesia que con el tiempo se convertirá en uno de los principales centros de peregrinación de la cristiandad: la Catedral de Santiago de Compostela

Muerte y traslado del Apóstol Santiago

Tras ser decapitado en Palestina en el año 44 d. C., Atanasio y Teodoro, discípulos de Santiago, recogieron el cuerpo de su maestro y, colocado en una barca (de piedra según algunas leyendas), y navegaron milagrosamente a la deriva hasta las costas que el Amigo del Señor había predicado en vida: la Hispania romana.

Arribaron al Finisterrae, las costas de la Gallaecia, y entrando por la Ría de Arosa y tras diversas vicisitudes en las que se cruzan leyenda y realidad arqueológica (Reina Lupa, Pico Sacro…), depositaron el cuerpo en un mausoleo romano del siglo I ubicado en una necrópolis en el Libredón.  Durante siglos, la cámara subterránea y la necrópolis que la rodeaba fueron asiduamente visitados por una pequeña comunidad cristiana local, de la que poco o nada se sabe, pero que debió ser diezmada hacia el siglo VIII.

Descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago

En el año 813 (según versiones, 820 y hasta 830) se produjo el milagroso descubrimiento de las reliquias del Apóstol bajo la maleza. Las encontró un ermitaño que vio allí signos celestiales: estrellas que se movían de modo milagroso y cánticos angelicales. Enseguida avisó a su obispo, Teodomiro, cuya sede estaba en una antigua villa romana próxima, Iria Flavio.

El prelado comunicó la noticia al rey astur Alfonso II “El Casto”, quien mandó a levantar una primera capilla de piedra y barro junto al antiguo mausoleo. Este templo recibió en el 834 un Preceptum regio que lo convertía en sede episcopal y le otorgaba poder sobre los territorios próximos. A su alrededor, buscando su protección, comenzaron a establecerse los primeros pobladores y grupos monacales de benedictinos encargados de la custodia de las reliquias. Eran los primeros pasos de la futura ciudad de Santiago de Compostela.

Construcción de las primeras de la iglesias

La primera iglesia enseguida se quedó pequeña para acoger a los fieles, por lo que entre el año 872 y el 899 Alfonso III El Grande (sobrino del anterior Alfonso), hizo construir un templo mayor en estilo visigótico, de tres naves y generosas proporciones para la época. Utilizó en su construcción algunos materiales procedentes de territorios ya reconquistados a los musulmanes y otros cuyo lujo respondía a la importancia que concedían a este templo (pórfidos, mármoles…).

Esta segunda iglesia fue destruida por el ataque del caudillo musulmán Almanzor en 997. Casi de inmediato, en 1003, el obispo San Pedro de Mezonzo y el rey Bermudo II la reconstruyeron.

Este tercer templo estaba aún en pie cuando el auge de las peregrinaciones y las riquezas de Santiago de Compostela, que ya era uno de los señoríos feudales más grandes de la Península Ibérica, permitieron comenzar a construir en 1075 la catedral románica de Santiago de Compostela que hoy se conserva, cuarto edificio sagrado sobre el antiguo sepulcro.

El Apóstol Santiago y la Hispania Romana

Muchos visitantes y turistas preguntan ¿cuándo estuvo el apóstol Santiago en Santiago?, o ¿y cómo se llamaba la ciudad de Santiago antes de ser Santiago de Compostela?. Ambas preguntas tienen respuestas que si bien presentan un claro rigor histórico, también llevan anexo un componente tradicional y legendario.

Santiago no peregrinó, obviamente, al templo que acoge su sepulcro, aunque sí hay leyendas que le atribuyen visitas a la región como esa que lo sitúa en la Costa da Morte. En Muxía, donde muchos peregrinos completan su Camino de Santiago con la visita al Santuario de la Virxe da Barca, se recuerda la leyenda de la milagrosa aparición de la Virgen a un Santiago desalentado en su prédica a los paganos habitantes del noroeste peninsular.

María arriba a la orilla en una barca de piedra, ésa que hoy “permanece” varada a los pies del Santuario de Nosa Señora da Barca y convertida en las “Pedra de abalar” – La vela – “Pedra dos cadrís (riñones)” – la barca boja abajo, y la piedra del timón. Esta legendaria aparición de la Virgen de la Barca nos recuerda a otra más arraigada en toda la Península Ibérica: la aparición a orillas del Ebro de María sobre una columna – el pilar – a un desalentado Santiago.

Tuviera o no Santiago esas milagrosas visitas de aliento en su prédica por la Hispania Romana, lo que sí es un hecho histórico es su decapitación a manos de Herodes Agripa I, rey de Judea en el año 44 siendo el primero de los apóstoles de Cristo en sufrir martirio.

La Translatio

Sus discípulos Atanasio y Teodoro recogieron el cuerpo y colocándolo en una barca – de piedra según otras leyendas – arribaron desde el puerto de Jaffa tras siete noches de travesía a las costas del Finisterrae. Ataron su barca a una antigua ara romana (“Pedrón”) al fondo de la Ría de Arousa, y pidieron ayuda a la señora de esas tierras, la Reina Lupa para trasladar el cuerpo del maestro y darle sepultura en su territorio.

Esta ara romana aún hoy se puede venerar en la iglesia de Santiago de Padrón. Lupa envía a la comitiva a través del monte Illicinus, y para ello les facilita un carro tirado por toros bravos que, milagrosamente al contacto del cuerpo de Santiago, se vuelven mansos bueyes.

Más prodigioso será aún lo que acontece al llegar a ese monte, en el cual la Reina Lupa sabe que habita un fiero dragón, dado que Atanasio y Teodoro lo derrotan sin esfuerzo con la señal de la cruz. Este monte, en las proximidades de Santiago de Compostela hacia el Sur, aún hoy se conoce como Pico Sacro debido a estos prodigios, y en su cumbre la gran roca que lo corona presenta un profundo tajo provocado, legendariamente, por el dragón al caer sobre ella.

El viaje continúa, y llegando a las proximidades de una necrópolis romana en el bosque de Libredón los bueyes se detienen a beber en una fuente que aún hoy mana agua junto a una pequeña capilla de Santiago al final de la calle del Franco. Allí, Atanasio y Teodoro colocarán el cuerpo de Santiago en un mausoleo de ricos mármoles, el Arca Marmorica. Es el final de la Translatio, citada por primera vez en la llamada Carta del papa León, texto de mediados del siglo IX incluido en el Códice Calixtino.

Los primeros peregrinos

Tras los primeros peregrinos en el siglo IX, el obispo de Iria Teodomiro y el rey astur Alfonso II, la noticia del hallazgo del cuerpo de todo un discípulo de Cristo (y además uno de los “favoritos” que le había acompañado al Tabor donde tuvo lugar la Transfiguración) va recorriendo Europa, ayudado también por la importancia de la corte carolingia a la que Alfonso II había comunicado el hallazgo. Se habla incluso de una legendaria peregrinación de Carlomagno a Santiago de Compostela  siguiendo la Vía Láctea.

Los primeros peregrinos provienen de un entorno más o menos cercano, de la misma Galicia y del Reino Astur, bien por vía marítima o a través de los montes de A Fonsagrada. Sin embargo, el siglo X es ya el del inicio del despegue de las peregrinaciones a nivel internacional, francos sobre todo, uno de los cuales, Bretenaldo, podría haber dado origen con su morada al nombre que aún hoy tiene la famosa Rúa del Franco.

El siglo XI, con la sucesiva liberación de territorios en manos musulmanas gracias al avance de la Reconquista, el influjo e interés de la abadía francesa de Cluny, la proliferación de una “red” de hospitales a lo largo de la ruta y la promoción hecha por las monarquías navarra y castellano-leonesa se convierte en el del despegue definitivo del fenómeno jacobeo a nivel continental. Se consolidan las rutas francesas, cuatro principales, que a su vez se nutrían de caminos venidos de los cuatro puntos cardinales. Desde París, Vézelay y Le Puy los caminos cruzaban los Pirineos por Roncesvalles, mientras que la que partía de Arlés y venía más al sur lo hacía a través de Jaca.

El Camino Francés

Las cinco vías se hacían una en Punte la Reina, trazando el que aún hoy conocemos como Camino Francés y que sigue siendo el más utilizado por cuantos peregrinan a la Catedral de Santiago. A lo largo de su recorrido importantes ciudades iban tomando forma, recogiendo el dinero, noticias, habitantes, influencias y saberes de todos los confines europeos.

Quienes llegaban a  Compostela en el siglo XII se encontraban ya con una nueva Catedral de Santiago en avanzado estado de construcción. El primer arzobispo de Santiago, Gelmírez dio un fuerte impulso a las obras iniciadas en el 1075 y su buena sintonía con Roma le permitió lograr del papa Calixto II el privilegio de los Años Santos o Jubilares.

Es el siglo de la primera guía de peregrinos, el famoso “Libro V” incluido en el Códice Calixtino que además recoge numerosos milagros atribuidos a Santiago cuyos beneficiarios procedían ya no sólo de Francia sino también de Italia o Centroeuropa y hasta de los países nórdicos. Éstos eran en su mayoría gentes humildes, fieles devotos o convictos que debían peregrinar a Santiago como parte de su condena, pero también encontramos en esta centuria a reyes como el noruego Sigur Jorsalar (1108), o Luis VII de Francia que peregrina en 1154-1155.

Otros caminos de peregrinación a la Catedral de Santiago

Pero no sólo cabe hablar del Camino Francés. Las rutas que venían del sur van tomando forma al compás de la Reconquista y siguiendo, sobre todo, la romana Vía de la Plata (por lo llano de su recorrido). Reyes de Portugal usan los caminos portugueses para postrarse ante Santiago, como Alfonso II en 1220 o Sancho en 1244. Por otro lado, desde el siglo XIII van cobrando mayor importancia las rutas marítimas sobre todo desde Inglaterra, Irlanda o hasta desde Islandia y los Países Escandinavos. De allí proviene Santa Brígida de Suecia, ya en 1341 y dentro de su viaje a Tierra Santa. Las rutas marítimas arribaban a las costas de Ferrol o de A Coruña, según mareas, vientos o corrientes y a causa de lo inexacto de los instrumentos de navegación. Desde allí, ya andando, el camino a Compostela era corto, aunque como siempre no exento de peligros.

Y es que el Camino de Santiago era peligroso. Numerosos salteadores de caminos acechaban, y ya las más antiguas guías de peregrinos alertan de que el peregrino debía de estar prevenido ante la posibilidad de timos y engaños, así como del pago de numerosos peajes.

Para, en la medida de lo posible, defenderse, el peregrino podía usar su bastón o bordón, del que cuelga una calabaza que le sirve para llevar agua potable. Otros atributos típicos de su vestimenta era el morral de cuero que según el Calixtino sería abierto para compartir el alimento que guardaba con los más pobres.

Llegados a Santiago, la concha de vieira que de nuevo cita el Códice Calixtino como abundante en las costas cercanas a Santiago se convertía en la prueba inefable de que el peregrino había llegado a su meta, puesto que sus puestos de venta se ubicaban en la entrada a la catedral por la puerta Francígena en que remataba el Camino Francés y sobre cuyo comercio tenía el arzobispado el monopolio.

Son las conchas que, según la leyenda, permitieron escapar de una muerte segura al caballero Cayo cuando se estaba ahogando. La intercesión del Apóstol Santiago quedó patente cuando al salir indemne de las aguas apareció cubierto por conchas de vieira.

Éstos hechos, más que la comúnmente extendida idea de que la concha la usaban los peregrinos para beber por su forma de cuchara explica que la concha de vieira sea desde antiguo símbolo de Santiago, de su Catedral y de sus peregrinos.

El documento que ya desde el siglo XIII sella el cabildo para reconocer la peregrinación a la Catedral de  Santiago y llamamos “La Compostela” sustituyó o complementó a la concha como prueba de peregrinación.

Desde estos orígenes medievales en los siglos más inmediatos a la Inventio o descubrimiento del sepulcro apostólico, millones de personas de todo origen y condición llegan a Santiago. Es indudable el papel que en la conformación de la idea de Europa tienen los caminos a Santiago y más indiscutible aún la riqueza histórica y artística que encontramos a lo largo de las rutas a Santiago. La Catedral de Santiago, cuya historia, secretos y detalles vale la pena conocer, recoge lo mejor de todo ello.

Inicio y auge de las peregrinaciones a la Catedral de Santiago

Una vez descubierto en el siglo IX el mausoleo de Santiago, y afianzado y “certificado” el hallazgo por el obispo de Iria, la corte astur y el papado, las oleadas de peregrinos no se hicieron esperar. Toda la cristiandad deseaba visitar la tumba del Apóstol, especialmente tras las invasiones turcas que interrumpieron la peregrinación a Jerusalén justo cuando en Santiago –era el año 1078- se había comenzado a construir la catedral románica tres años antes. Se iniciaba así la era dorada de la peregrinación a Compostela y se consolidaba la ruta más promovida y mejor dotada por reyes y autoridades eclesiásticas: el Camino de Santiago.

La peregrinación a  la Catedral de Santiago se transformó así, desde muy temprano, en el acontecer religioso y cultural más destacable y más profundamente vivido de la Edad Media. Es un hecho reconocido recientemente por el Parlamento Europeo, que designó al Camino Primer Itinerario Cultural europeo, y por la UNESCO, que lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

Los Caminos a la Catedral de Santiago

Si bien los primeros peregrinos del siglo X recorrían hasta la tumba apostólica el que hoy se conoce como Camino del Norte a través de la cornisa cantábrica, evitando así la zona de conflicto o en poder del invasor árabe, la expansión de la Reconquista permitió pronto a los reyes Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León trazar un itinerario a través del territorio recién liberado que encadenaba las capitales de los reinos navarro, castellano y leonés hasta desembocar en Santiago. Se conoce como Camino Francés y está descrito en todas sus variantes en el Códice Calixtino, obra atribuida al monje Aymeric Picaud y escrita por encargo del Papa Calixto II alrededor del año 1139. Su quinto libro puede considerarse la primera guía de viaje europea, pues indica las rutas que seguían ya en el siglo XII los peregrinos por Francia para llegar a la Ciudad del Apóstol, y describe los recursos y las impresiones que aguardaban en cada región a los aventurados viajeros.

Hoy son varios los caminos que llegan a la Catedral de Santiago. El Camino Francés el más común e importante. Su variante del norte o camino primitivo. Desde el sur, la Vía de la Plata, y entrando por las costas de Ferrol o Coruña, el Camino Inglés. Otras rutas que algunos hoy reivindican con fines también turísticos son menos tradicionales, pero lo realmente importante es que a través de todos ellos, y desde los primeros tiempos fueron muchos los personajes que desde todos los confines peregrinaron a Santiago: reyes y reinas, nobles, prelados, generales, presidentes y primeros ministros… hasta santos, algunos en visitas cuya autenticidad no ha podido ser nunca fehacientemente demostrada, pero si de gran tradición como la de San Francisco de Asís. Sin embargo, son los millones y millones de peregrinos anónimos los que han configurado esta ruta como un auténtico camino que ha unido pueblos, culturas, difundido estilos artísticos y servido incluso para inspirar la actual Unión Europea. Incluso la Vía Láctea, en nuestro cielo, es muchas veces denominada como el “Camino de Santiago” por parecer discurrir en dirección a la tumba de uno de los discípulos predilectos de Jesús, Santiago, hijo del Zebedeo y Salomé, hermano de Juan y el primero de los apóstoles en padecer martirio en el año 44 de nuestra era.

El Obispo Gelmírez fue el principal promotor de la construcción de la Catedral románica de Santiago de Compostela, que comienza a construirse en el año 1075 por la Capilla del Salvador. En el año 1168 el rey Fernando II firma un contrato con el Maestro Mateo para levantar su fachada occidental y finalizar la construcción de la Catedral de Santiago. El Maestro Mateo construye los dos últimos tramos del cuerpo principal de la basílica y diseña la cripta que soporta la gran fachada occidental tras la que se encuentra el Pórtico de la Gloria.

El 21 de abril de 1211, en presencia de rey Alfonso IX, se consagra solemnemente la Catedral románica de Santiago de Compostela con una planta característica de las iglesias de peregrinación con tres naves, un amplio crucero y una girola con capillas. Su fachada occidental, la del Obradoiro, tenía dos torres de distinta altura y el acceso a la Basílica se realizaba a través de la cripta. Colocadas en diversos puntos del templo, aún hoy podemos ver en su interior las cruces de consagración que acompañaron al ritual de consagración.

Hasta el siglo XVIII la Catedral Románica de Santiago sufrirá añadidos y transformaciones. La Catedral se cierra con puertas y se construye la escalinata monumental que aún hoy en día da acceso a la puerta de la Fachada del Obradoiro. Posteriormente la existente fachada occidental con dos torres de distinta altura es sustituida por una nueva de estilo barroco que iguala en altura las torres. Fernando Casas Novoa fue el autor del proyecto de la nueva fachada que integra los estilos románico y barroco para crear uno de los templos más impresionantes del mundo cristiano.

Descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago

Cuando hacia la mitad del siglo IX, acaso hacia el 829, el ermitaño de Solovio Pelagio observa unos extraños fenómenos en las estrellas sobre el bosque, y escucha unos cánticos angelicales, da inicio a todo un fenómeno que transformará no sólo su entorno inmediato, la zona de la romana Mansio Asseconia, sino toda Europa a través de los caminos que desde todos sus confines acercarán a Santiago de Compostela a millones de peregrinos a lo largo de la historia.

El descubrimiento de los restos del Apóstol Santiago por parte del obispo Teodomiro, entre los años 820 y el 835 de nuestra era, supuso el nacimiento de Santiago de Compostela y el inicio de una tradición que, con un importante apoyo de la monarquía, hizo del noroeste de la península Ibérica uno de los principales referentes de la cristiandad.

Cuenta el relato legendario que el ermitaño Pelayo fue testigo de fenómenos luminosos en el bosque de Liberdón, cercano al lugar donde vivía, recibiendo en sueños el oráculo de los ángeles de que se trataba de los restos del Apóstol Santiago.

Se lo notificó al obispo Teodomiro de Iria-Flavia, que no dudó en dirigirse con todo su séquito al lugar, a veinte kilómetros de distancia. Tras tres días de ayuno, se adentra en el bosque y descubrió, en medio de la vegetación, una casita que contenía en su interior una tumba marmórea, la cual identificó como el túmulo sepulcral del Apóstol Santiago. Siendo consciente de la importancia del hallazgo, que podría elevarle a la misma categoría del obispo de Roma al yacer en su obispado los restos de un apóstol elegido por el Señor, Teodomiro evitó actitudes grandilocuentes y se limitó a informar a su Rey Alfonso II “El Casto”, monarca del Reino Asturiano. Pero la reacción del Monarca no fue tan rápida como cabría esperar. En Asturias ya existía un venerado templo prerrománico, cuya cámara santa guardaba valiosas reliquias donde se daba culto al Salvador.

Construcción de las primeras iglesias

Finalmente, en el año 834, años después del hallazgo y tras el viaje realizado por el monarca y su corte a la tumba descubierta, se puso en marcha la construcción del conjunto de espacios y servicios para su culto. Ordena construir una pequeña iglesia que acoja dentro el Arca Marmorica, el mausoleo romano destinado para Atia Moeta en origen y donde fueron depositados los cuerpos de Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro. Además, dispone construir un pequeño monasterio, San Salvador de Antealtares, para custodiar y adorar las reliquias, así como atender a los primeros peregrinos que empiezan a llegar tan pronto la noticia se expande por el mundo cristiano.

Hay que tener en cuenta que en este momento gran parte de la Península estaba en manos de los musulmanes, quienes no se querian detener en los Pirineos sino adentrarse aún más allá. Por la relevancia espiritual del cuerpo que cobija, el espacio se convirtió en santo, y a partir de ese momento fue conocido como “locus sanctiIacobi “ (lugar de Santiago).

Aquel viaje de Alfonso II y su corte, desde Oviedo a la tumba del apóstol, es considerado como la primera peregrinación oficial al lugar santo, conocida hoy en día como camino primitivo. Mil doscientos años después, el lugar sigue atrayendo a peregrinos de todo el mundo motivados por la devoción, la curiosidad, la cultura o la búsqueda personal, entre otras muchas razones.

La iglesia de piedra y lodo, en palabras de la época, mandada construir por Alfonso II en el año 834 se queda pequeña. Pocas décadas después Alfonso III, sobrino de Alfonso II, manda construir una nueva iglesia que se consagra en el año 899. En su construcción, como consta en el acta de consagración y demuestran las excavaciones arqueológicas, se emplean materiales lujosos como la piedra serpentina, pórfido rojo y mármol traído de la recién reconquistada ciudad de Coria.

Se trataba ya de una iglesia de generosas proporciones para la época, de tres naves cubiertas con techumbre de madera y una cabecera de gran anchura por estar condicionada a acoger el mausoleo romano de Santiago.

El acceso se efectuaba por un pórtico occidental, adosado a su muro norte tenía una capilla baptisterio dedicada a San Juan Bautista. De esta iglesia se encontraron numerosos restos en las excavaciones llevadas a cabo a mediados del siglo.

La fachada barroca de la Quintana integró la Corticela en el perímetro de la Catedral y cegó la estrecha calle que quedaba entre ambas iglesias.

Contemporánea a esta basílica prerrománica será la capilla de la Corticela (dedicada a San Esteban en su origen y a Santa María actualmente), hoy con modificaciones románicas y posteriores e integrada en la catedral como una capilla más, aunque sigue siendo parroquia de extranjeros. Nació como iglesia para servicio de otro monasterio fundado por el rey en las proximidades de la catedral de Santiago, el de Pinario.

 

El ataque del Caudillo Almanzor

Esta basílica prerrománica de Santiago fue la que en 997 atacó el caudillo árabe Almanzor, quien además de asaltar la ciudad prende fuego a la iglesia y roba sus puertas y campanas, trasladadas a sus palacios cordobeses, según la tradición, a hombros de prisioneros cristianos. Cuando esta ciudad fue reconquistada fueron devueltas portadas por musulmanes como desagravio.

Pila Bautismal. En mármol, con tapa posterior, se data en el siglo IX. Según la leyenda, beber de ella para burlarse de los cristianos costó la vida al caballo de Almanzor.

A esta basílica puede que perteneciera la pila bautismal que está hoy en el brazo sur de la catedral de Santiago. Según la leyenda, el caballo de Almanzor bebió de ella y cayó de inmediato fulminado ante tal sacrilegio.

El obispo San Pedro de Mezonzo y el rey Bermudo II mandan reconstruir la iglesia. Pero se quedaba pequeña para la ingente cantidad de peregrinos que acudían a Santiago. Se inicia entonces la construcción de la Catedral Románica de Santiago de Compostela que hoy en día conocemos.

Tras el ataque del Caudillo Almanzor, el obispo San Pedro de Mezonzo y el rey Bermudo II se preocuparon de reconstruir enseguida la iglesia de Santiago pero ésta se quedaba pequeña para el ingente número de peregrinos. El estilo románico estaba llegando a través del Camino Francés, el principal a Santiago, por lo que se inicia la construcción de la actual Basílica románica.

Construcción de la Catedral Románica

Capilla del Salvador. Detalle de su fondo, con el retablo centrado renacentista y la imagen gótica titular.

Las obras de la Catedral de Santiago de Compostela comienzan en el año 1075 por la Capilla del Salvador en tiempos del obispo Diego Peláez y el rey Alfonso IV.

Museo de la Catedral. Vaciado de escayola de uno de los capiteles de la capilla del Salvador cuya inscripción habla del comienzo de las obras de la catedral. Año 1075.

Así se puede leer en las inscripciones de sus capiteles y muros. Las obras serán encomendadas al Maestro Bernardo el viejo, junto a Roberto y otros cincuenta canteros.

Las turbulencias políticas que se suceden unos años después acaban con el prelado en la cárcel en 1087, lo que supone un primer alto en las obras hasta que la figura de Diego Gelmírez irrumpe en la historia de Santiago de Compostela en 1093 como administrador.

En 1095 la sede de Iria se traslada a Santiago, y en 1101 se le nombra obispo de Santiago, lo que supone que tiene autoridad para dar un fuerte impulso a las obras de la Catedral de Santiago.

En los años siguientes se retoman las obras y al cargo de estas se ha especulado con varios nombres:  como Bernardo el Joven, nieto del primer maestro o de Esteban, aunque se suele hablar de un maestro llamado de Platerías cuya filiación real se desconoce.

En 1105 tras levantar las tres capillas centrales de la girola, se puede consagrar un crucero prácticamente terminado con sus dos fachadas laterales y tras haber acortado un tramo de la iglesia de la Corticela.

El avance de las obras continúa a buen ritmo, de modo que la vieja basílica de Alfonso III supone ya un estorbo y se decide derribarla en 1112.

En 1117 las revueltas contra el obispo Gelmírez causan grandes estragos en lo ya construido, haciendo necesario la utilización en las dañadas fachadas del crucero de algunas piezas que posiblemente iban destinadas la fachada occidental, aún lejos de empezarse a levantar.

Retornado Gelmírez a su sede, reconstruye su palacio episcopal al lado norte de la Catedral de Santiago. Al mismo tiempo prosigue las obras, ya con la autoridad que le confiere el hecho de lograr en 1120 ser nombrado arzobispo, merced a sus buenas relaciones con Roma. Ello facilita también que Santiago sea elevada a sede metropolitana en detrimento de Mérida, aún sin reconquistar a los musulmanes.

El Códice Calixtino y la Historia Compostelana sitúan el fin de las obras de la Catedral de Santiago en 1122 y 1124 respectivamente. Sin embargo, el primero de los libros tras describir detalladamente las fachadas laterales, que sí estaban rematadas, al referirse a la occidental da sólo unas simples pinceladas de su aspecto, con la excusa de una supuesta magnificencia que hace imposible describirla. Está claro que nada de la fachada occidental estaba aún en pie.

Contrato con el Maestro Mateo

El rey Fernando II firma en 1168 con el Maestro Mateo – ya a cargo de las obras, un contrato para finalizar la construcción y, por tanto, de su fachada occidental también. Mateo recibe una importante pensión vitalicia, lo que unido a que se le cita por el nombre indica su prestigio ya por aquel entonces.

Construye los dos últimos tramos del cuerpo principal sin apenas alteraciones con el diseño preexistente, y da rienda suelta a su genio y conocimientos importados de Francia y otras partes en el último, donde levanta el Pórtico de la Gloria.

Cripta del Pórtico de la Gloria. Vista general desde el crucero hacia la cabecera. En el medio, el gran pilar compuesto que, en la basílica, se corresponde con el parteluz.

Para salvar el desnivel de terreno existente hacia ese lado, donde ya no había llegado la vieja basílica de Alfonso III, Mateo levanta una innovadora cripta que soporta toda la estructura y cuyo gran pilar compuesto central corresponde con el parteluz del Pórtico.

Detalle de una de las claves de bóveda. Un ángel porta el sol, completando el mensaje iconográfico del Pórtico de la Gloria. Restos de policromía.

La cripta tiene una planta de pequeña cruz latina con deambulatorio y capillas abiertas a él. Las claves de sus bóvedas con el sol y la luna inician un mensaje apocalíptico que se desarrolla en el Pórtico de la Gloria y remata en la tribuna.

Debido a la similitud de la planta de la cripta con la de la basílica superior esta es llamada por error “Catedral vieja

El 1 abril de 1188 se colocan los dinteles del Pórtico y se sigue con su construcción. Mateo también construyó un coro de piedra, en los primeros tramos de la nave central, que daban continuidad al mensaje del Pórtico.

Se remata la Catedral de Santiago con la fachada occidental mateana, permanentemente abierta al exterior por grandes arcadas que se correspondían con los arcos interiores del Pórtico de la Gloria.

Museo de la Catedral. Fragmento de la parte central del gran rosetón del centro de la antigua fachada románica del Obradoiro. Piezas originales y reconstrucción en madera.

Esta tenía un gran rosetón central, una muestra más del avance hacia el gótico del taller del Maestro Mateo. En el siglo XVI a este rosetón se le llamaba “gran espejo”. Una galería, similar a la actual, se abría sobre una explanada frente a la muralla de Santiago y sus torres defensivas. Esta terraza no tendría accesos desde el terreno, sino que para entrar a la catedral desde ese lado se haría a través de dos estrechas escaleras al fondo de la cripta, aún practicable hoy en día la del lado norte

La consagración de la Catedral Románica

Cruz de consagración de la Catedral sobre la Puerta Santa

El 21 de abril de 1211 en presencia del arzobispo Pedro Muñiz y el rey Alfonso IX, se consagra solemnemente la Catedral de Santiago. Colocadas en diversos puntos del templo, aún hoy podemos ver en su interior las cruces de consagración que acompañaron al ritual de consagración.

Por esas fechas el estilo románico estaba quedando superado por los avances del gótico, y pocas décadas después, hacia mediados del siglo XIII el arzobispo don Juan Arias pretende construir una gran cabecera en el nuevo estilo. De haberse concluido supondría la casi total ocupación de la actual plaza de la Quintana, además de convertir la planta en una cruz griega y darle a la Catedral de Santiago un aspecto muy diferente del que hoy tiene.

Sin embargo, con la muerte del prelado, el plan cae en el olvido y sólo queda hoy de las obras parte del perímetro previsto bajo las escaleras de la Quintana y a un lado de la cabecera románica.

Sí se llegó a levantar en ese mismo siglo un claustro adosado al sur de la nave central. Aunque ya Gelmírez tuvo la intención de levantar uno románico, parece que éste nunca se llegó a hacer. El gótico fue sustituido por el actual plateresco, más grande, y en un nivel superior.

Transformaciones de la Catedral Románica

Los siglos XIII y XIV son testigos de añadidos y transformaciones sobre la original Básilica románica.

Vista general de la Capilla de Nuestra Señora la Blanca con su retablo neogótico al fondo, y sus sepulcros góticos a la izquierda

Vista General de la Capilla de Sancti Spiritus

Al claustro y cimborrio más alto que el original se une la construcción de capillas que empezaron a alterar las cuatro románicas semicirculares del crucero y las cinco de la cabecera. Las más antiguas son la de Nuestra Señora la Blanca o de los España, y la de Sancti Spiritus. Es en estos siglos cuando, ante la turbulenta situación que se venía dando en contra de los prelados compostelanos, se refuerza con almenas toda la parte superior de la catedral de Santiago, aprovechando que sus cubiertas eran terrazas escalonadas y transitables.

Con idéntico fin defensivo se construyen las torres de la Trinidad y la Berenguela, frente a la puerta occidental, y un gran torreón llamado del arzobispo Gómez Manrique en uno de los ángulos del claustro.

La Torre del Reloj entera vista desde la Plaza de las Platerías

En el siglo XV se construye una nueva torre defensiva junto a la portada sur que será la base de la actual torre del reloj.

Se multiplican las transformaciones en las capillas: la de Mondragón, la de Prima, la funeraria de don Lope de Mendoza, la de San Fernando y la de las Reliquias, así como las demás que se abren al claustro, y la sacristía.

El claustro había sufrido numerosos daños en las revueltas por lo que, a partir de 1521 se empieza a construir un nuevo claustro plateresco sobre el antiguo. Su construcción se prolonga hasta 1590 y es de Juan de Álava

La Puerta Santa

Durante el Renacimiento  con la tradición, a imitación de Roma, de una Puerta Santa de utilización exclusiva en los años jubilares, se empieza a dar forma al exterior de la Catedral de Santiago, tal y como hoy lo conocemos.

En la fachada Maetana el gran arco central de Mateo, que nunca se cerraba, es derribado para colocar en su lugar dos puertas con jambas, dinteles y parteluz. Se comienza a desvirtuar la vieja fachada medieval, abocada a desaparecer por su costosa conservación y los nuevos gustos del barroco.

Museo de la Catedral. Vista de la fachada exterior y del interior del coro medieval de la catedral de Santiago, del Maestro Mateo, parcialmente reconstruido.

Iniciado el siglo XVII se derriba el coro pétreo de Mateo para poner en su lugar uno manierista de madera, más acorde con las nuevas disposiciones tras el Concilio de Trento y el gusto del momento.

Por los mismos años Gines Martínez estaba levantando las escaleras que aún hoy dan acceso a la puerta de la fachada del Obradoiro , reutilizando para ello  algunos de los sillares del coro dados la vuelta. (esto facilitó la reconstrucción del coro pétreo en 1990 y hoy expuesta en el Museo de la Catedral de Santiago).

Es en los siglos XVII y XVIII cuando se darán las mayores transformaciones que dejan el interior y exterior de la Catedral de Santiago como hoy la conocemos

El barroco y la construcción de la Fachada de la Quintana

Además el barroco trae un interés por el urbanismo que afectará también a la urbanización de los espacios adyacentes a la Catedral de Santiago con sus grandes plazas y majestuosos edificios vecinos, casi todos ellos además relacionados con la basílica como la Casa del Cabildo, la del Deán o la de la Conga.

El canónigo Vega y Verdugo, hacia la mitad del siglo XVII pone en marcha un ambicioso plan de reformas que comienzan por la cabecera de la Catedral de Santiago.

La plaza de la Quintana, donde se ubica la cabecera de la basílica, era uno de los espacios más concurridos de la ciudad. Se celebraba el mercado, se enterraba a muchos de los difuntos y se realizaban gestiones en las casas consistoriales próximas.

Dibujo de Vega y Verdugo de la Cabecera de la Catedral de Santiago en 1657

Tras muchos siglos de obras, añadidos y reformas, esta parte de la oriental de la Catedral de Santiago era un verdadero caos de entrantes, salientes, muros y capillas. Este caos se acentuaba con el monumental muro de líneas puras y sobrias del convento de Antealtares, construido unas décadas antes.

Para solucionar este desorden se encarga un proyecto a José de la Peña Toro, que proyecta una fachada que encierra todas las capillas y en la que se abre el Pórtico Real, la Puerta Santa, y la Puerta de los abades, además de un espacio utilizado para el reparto de la Comunión a los romeros.

Tras esta fachada queda integrada la antigua iglesia de la Corticela aunque conservará la portada de influencia maetana. Se comunicaba con la nave norte de la basílica por una escalera de la capilla de San Nicolás.

También se sustituyen las almenas, ya innecesarias, por una crestería barroca de balaustres y pináculos de gusto barroco.

Detalle de la Torre del Tesoro, en la plaza de las Platerías, con su característico remate escalonado.

El claustro, que se había empezado a rodear con nuevas dependencias de servicio como el Tesoro en la plaza de las Platerías, de Rodrigo Gil de Hontañon (1540), y con su novedosa torre escalonada, se completa en los siglos XVI, XVII y XVIII en su exterior.

Hacia el Obradoiro trabajan en ese cierre Gaspar de Arce y Juan de Herrera, con adiciones de Jácome Fernández (Torre de la Vela), ya en el XVII y Lucas Caaveiro tras un incendio en 1751.

Por otro lado, en 1720, Fernando de Casas añade una pequeña fachada abierta hacia la Plaza de las Platerías, y unos años antes, en 1705, Simón Rodríguez ingenia la gran concha jacobea que sostiene, en esta misma plaza, unas escaleras que unen las naves con el Tesoro.

La actual Fachada del Obradoiro

Pero es sin duda la fachada del Obradoiro la obra que más influirá en el aspecto definitivamente barroco que tiene al exterior esta basílica románica de Santiago.

El viejo hastial medieval con la cripta mateana debajo y su logia exterior habían empezado a cambiar cuando en el XVI se cierra con puertas y modifican los arcos medievales, y se construye la escalinata monumental de inicios del XVII.

La fachada románica estaba ya pasada de moda, se había tenido que reforzar una de las torres laterales, y el gran rosetón con vidrios emplomados de su calle central requería de costosas reparaciones.

Así pues, se decide en 1738 derribarla y construir una nueva más acorde al nuevo estilo barroco. La nueva fachada debía ser una apoteosis de Santiago y de la monarquía española, representados por la figura de Santiago Peregrino venerado por reyes, Atanasio, Teodoro, Santiago Alfeo, Santa Salomé, el Zebedeo, el escudo real…

Proyecto Fachada Obradoiro
El proyecto se le encarga a Fernando de Casas, quien no desmonta por completo todo lo anterior, conocedor de que si retira alguna de las estatuas columnas de Mateo que sostienen la bóveda del Pórtico, todo ese nártex se vendrá abajo.

Reutiliza, asimismo, los cubos inferiores de las dos torres laterales de la fachada (la de la carraca la norte y de las campanas la sur), pero las iguala en altura y diseña sus cuerpos superiores en disminución de volúmenes hasta los capulines superiores, todo ello cuajado de rocallas, decoración vegetal, entrantes y salientes, blasones…al gusto del barroco.

Sarcófago del Apóstol con la estrella encima y los discípulos Atanasio y Teodoro a ambos lados en la Fachada del Obradoiro

En el centro sobre el nuevo “gran espejo”, el escudo del cabildo de Santiago, con el sarcófago del Apóstol, la estrella encima y el coro de ángeles que anunciaron a Pelagio su ubicación.

La misma solución de elevar un remate barroco sobre un cuerpo inferior medieval se había utilizado en la cúpula que corona el cimborrio gótico, y, sobre todo, en la torre del reloj, surgida como un cubo defensivo desde 1468 y reconvertida en una torre de uso totalmente religioso y civil con el cuerpo superior que levanta Domingo de Andrade en el último tercio del siglo XVII.

Sobre la esfera del reloj, la gran campana de las horas. La decoración del remate barroco a base de sartas de frutas, trofeos militares y motivos jacobeos es típica de Andrade.
En él campea desde 1831 un reloj de Andrés Antelo que marca con una sola aguja las horas en sus cuatro esferas de mármol blanco calado.

Detalle de la campana de los cuartos en la torre del reloj

En los cuerpos superiores, las campanas de las horas y los cuartos del siglo XVIII dieron paso a las actuales a finales del siglo XX, tras haberse rajado el bronce en las antiguas que hoy se exponen en el claustro de la Catedral de Santiago.

Configurado casi definitivamente el aspecto exterior de la Catedral de Santiago tal y como hoy lo conocemos, en el interior las obras las intervenciones barrocas se multiplican.

Transformaciones en las Capillas interiores

Aunque algunas capillas medievales habían recibido retablos ya en el siglo XVI, como la del Salvador, Santa Fe o la de Mondragón, es ahora cuando se construyen la mayoría de los retablos para las capillas, modificándose también la arquitectura de algunas de ellas.

De éstas, destacan dos de nueva planta, la capilla del Pilar, apoteosis barroca de Domingo de Andrade, y la del Cristo de Burgos, hacia los pies de la basílica.

Capilla del Pilar: Vista general desde la entrada.

Vista general de la capilla del Cristo de Burgos

La capilla mayor barroca contrasta, sin desentonar, con los muros y arcos románicos

Pero sin duda la transformación interior más importante del barroco – además del nuevo órgano y sus retablos construidos desde inicios del XVII – es la nueva capilla mayor, donde desde el medievo y con diversos añadidos y pequeñas transformaciones estuvo el cimborrio de Gelmírez sobre la imagen sedente del XIII de Santiago.

De escuela del Maestro Mateo, a ella se encaramaban los peregrinos para tocarla y antaño ponerse su corona (hoy, lo tradicional es abrazarla).

Una innovación de Santiago. El baldaquino es soportado por grandes ángeles.

Desde la segunda mitad del XVII, el trabajo de maestros de la talla de Domingo de Andrade, Fray Gabriel de las Casas, Manuel de Prado, Jacobo Pecul o Ángel Piedra dejarán su impronta en el monumental baldaquino sostenido por ángeles, así como en el camarín de Santiago, en su altar, el sagrario, y en el cierre perimetral de la capilla y reja.

Bajo este espacio, desde finales del siglo XIX y con el redescubrimiento de los huesos de Santiago (1878), se abre el mausoleo romano, ya muy rebajado en su alzado por las sucesivas obras en la capilla mayor, y se hacen visitables las reliquias dentro de una urna de plata de José Losada hecha en esos años.

Las reliquias las había escondido en 1589, cerca de su ubicación original, el arzobispo San Clemente por miedo al pirata Drake.

Detalle del mecanismo que permite el movimiento del Botafumeiro en la altura del crucero, bajo el cimborrio. Lo ideó, a finales del XVI, Juan Bautista Celma

Ante el presbiterio, utilizando desde finales del XVI un ingenio mecánico ideado por Juan Bautista Celma, el Botafumeiro da mayor gloria a Dios y perfuma un ambiente a menudo cargado por la multitud de peregrinos que en la Edad Media incluso dormían en las tribunas de la Catedral de Santiago.

El botafumeiro más de cerca. Detalle de los motivos jacobeos que lo rodean.

El actual Botafumeiro es de latón, hecho por el compostelano José Losada en 1851.

Derribo de la Fachada del Paraiso

En los años finales del barroco y llegando ya el neoclasicismo se derriba la antigua Fachada del Paraíso del brazo norte del transepto por la que entraban los peregrinos del Camino Francés, muy dañada por un incendio en 1758. La nueva la diseña Lucas Caaveiro, a quien ayuda Clemente Sarela.

De concluir las obras se encargará Domingo Lois Monteagudo, quien recibe algunas sugerencias de Ventura Rodríguez y el visto bueno de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución que por esos años supervisa los proyectos.

Vista general de la Capilla de la Comunión con su característica planta neoclásica de rotonda

Se termina en 1769, tratando de adaptar un diseño barroco a un gusto ya Neoclásico. En este último estilo se construye la más “moderna” de las capillas de la Catedral de Santiago, la de la Comunión.

Lois Monteagudo le da forma de rotonda clásica cubierta por una cúpula soportada por ocho monumentales columnas jónicas, y ocupa el solar donde estuvo hasta entonces la gótica de don Lope de Mendoza.

Con el mismo gusto neoclásico y el influjo de la Academia de San Fernando, el obispo Sebastián Malvar pretende en 1794 liberar del coro la nave central, trasladándolo a una nueva capilla mayor en el estilo ilustrado de la época, con una nueva fachada exterior y renovada Puerta Santa. Ferro Caaveiro y Melchor de Prado firman los proyectos, aunque jamás se llevarían a cabo más que en algunos cuadros previstos para el espacio interior.

Queda así rematada una historia de los estilos artísticos desde el prerrománico hasta el neoclásico en la Catedral de Santiago que aún recibirá algunas aportaciones en los últimos años, ya en los movimientos “neo” de las primeras décadas del siglo XX (retablo neogótico de la capilla de los España y de las Reliquias de Magariños), ya con diseños más propios de nuestros días (nuevas hojas de bronce de la Puerta Santa de 2004).

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El parteluz con Santiago sedente, las estatuas columnas con profetas

Pórtico de la Gloria

La Fachada del Obradoiro desde la plaza homónima. A ambos lados, el Palacio de Gelmírez y el edificio que cierra el claustro y que alberga hoy el Museo de la Catedral.

Fachada del Obradoiro

Primer folio del Libro I. Detalle de la letra “C” inicial que acoge en su interior al Papa Calixto II, supuesto autor del Códice Calixtino.

Códice Calixtino

El botafumeiro más de cerca. Detalle de los motivos jacobeos que lo rodean.

Botafumeiro de la Catedral

Fachada de las Platerías. Vista general. A la derecha, el cubo gótico de la Torre del Reloj y el lateral de la fachada de la Quintana. A la izquierda, el edificio del Tesoro.

Fachada de Platerías

Fachada de la Azabachería. Según se avanzaba hacia arriba en su construcción, el proyecto inicial se va modernizando en clave neoclásica, lo que se ve en los tres cuerpos

Fachada de Azabachería

Vista general del cierre de la cabecera de la catedral. La fachada barroca de la Quintana.

Fachada de la Quintana

La Torre de las Campanas, hoy perfectamente integrada en un conjunto homogéneo, se levanto antes que la de la Carraca

Torre de las Campanas

Desde la Plaza de la Inmaculada, ante la Fachada de la Azabachería, se ve la Torre de la Carraca y el exterior de parte del Palacio de Gelmírez.

Torre de la Carraca

La Torre del Reloj entera vista desde la Plaza de las Platerías

Torre del Reloj

La capilla mayor barroca contrasta, sin desentonar, con los muros y arcos románicos

Capilla Mayor

Capilla del Pilar: Vista general desde la entrada.

Capilla del Pilar

Preguntas frecuentes de la Catedral de Santiago

La construcción de la Catedral de Santiago comienza en el año 1075 por la iglesia del Salvador bajo la dirección del arquitecto Bernardo el viejo. Otros arquitectos también participan a lo largo de su construcción: Maestro Esteban el Joven (hijo del anterior), el Maestro Roberto y el Maestro Mateo que será quien termine las obras de la catedral. En el año 1211 se consagra con la presencia del rey Alfonso IX y el arzobispo Pedro Muñiz.

La apertura de la Puerta Santa tiene lugar a media tarde de cada 31 de diciembre que precede a un año santo mediante un antiguo ritual: a media tarde encabezados por el arzobispo de Santiago un numeroso grupo de eclesiásticos, fieles y peregrinos se reúnen en la plaza de la Quintana. El arzobispo da tres golpes, con un martillo de plata, sobre un muro levantado para tal efecto el día anterior. Este se cae de inmediato y unos operarios retiran las piedras de inmediato mientras todo el perímetro de la puerta es limpiado con ramas de olivo y agua bendita por los sacerdotes.

En Compostela, los años santos son aquéllos en los que el día de la festividad de Santiago, el 25 de julio, cae en domingo. A causa de los años bisiestos, esto se produce con una cadencia de seis, cinco, seis y once años.Además, el papa puede declarar años santos extraordinarios, como 2016, y el cabildo puede decidir abrir excepcionalmente la puerta santa durante ese año.

Se celebra todos los días a las 12:00 y a las 19:30. En los Años Santos el número de misas aumenta debido a la gran afluencia de peregrinos.

Al comenzar la misa se lee un listado de los todos los peregrinos llegados a Santiago de Compostela las últimas 24 horas mencionando su procedencia y el punto de comienzo de la peregrinación.

El Botafumeiro se usa por motivos litúrgicos, del mismo modo que cualquier sacerdote utilizara un incensario en el altar, y se puede ver los siguientes días de celebración eucarística:

  • La Epifanía del Señor: 6 de enero
  • Domingo de Resurrección
  • La Ascensión del Señor
  • La Aparición del Apóstol-Clavijo: 23 de mayo
  • Pentecostés
  • El Martirio de Santiago: 25 de julio
  • La Asunción de María: 15 de agosto
  • Todos los Santos: 1 de noviembre
  • Cristo Rey
  • La Inmaculada Concepción: 8 de diciembre
  • Navidad: 25 de diciembre
  • Traslado de los Restos del Apóstol: 30 de diciembre

También puede funcionar el Botafumeiro con ocasión de peregrinaciones que lo hayan solicitado a la Oficina de Acogida al peregrino

 

Las visitas guiadas al Pórtico de la Gloria se realizan en grupos de 25 personas que pueden permanecer un máximo de quince minutos en el Pórtico. Las entradas se pueden adquirir en el Museo de la Catedral o a través de la web www.catedraldesantiago.es. Las visitas están disponibles de lunes a domingo de 10:00 a 20:00 de noviembre a marzo y de 9:00 a 20:00 de abril a octubre.

También existen visitas gratuitas.www.catedraldesantiago.es/informacion-sobre-las-visitas-al-portico-de-la-gloria/

Para conseguir las Indulgencias del Jubileo Compostelano tenemos que acceder a la Catedral de Santiago cualquier día de un año santo donde debemos rezar alguna oración como el Padrenuestro o el Credo y recibir los sacramentos de la penitencia (confesión) y la comunión. La confesión se puede realizar quince días antes.

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