Capilla del Salvador

Por la Capilla del Salvador comenzó a construirse la Catedral de Santiago. En dos capiteles a la entrada de la capilla podemos leer "Reinando el príncipe Alfonso se construyó esta obra”  y “en tiempos del obispo Diego se comenzó esta obra”.

En el centro del retablo, ya renacentista, la imagen del Salvador con sus llagas. También podemos ver otras imágenes de carácter cristológico, así como representaciones de los apóstoles.

En esta capilla los peregrinos podían confesarse en diversos idiomas y comulgar, además de recibir la “Compostela”, el pergamino sellado por el que pagaban dos reales y que certificaba su peregrinación.

Comentario sobre la Capilla del Salvador

La Capilla del Salvador es la capilla central de la girola, la más grande de las capillas primitivas románicas y también la más importante desde el punto de vista histórico. Por ella empezó a construirse la nueva catedral románica, que aún hoy recorremos y admiramos. Confirman este hecho los capiteles que hay en la entrada de la capilla, cuyos personajes portan cartelas con inscripciones latinas que significan “Reinando el príncipe Alfonso se construyó esta obra”, una, y “En tiempos del obispo Diego se comenzó esta obra”, la otra. Se refieren al rey Alfonso VI y al obispo de Santiago, Diego Peláez, en cuyo reinado y episcopado, respectivamente, se iniciaron las obras.

Estos mismos datos se reiteran en los largos epígrafes de los muros laterales de la capilla, de los que apenas se leen unos fragmentos, señalándose además la fecha de 1075, año del inicio de la construcción. Otros capiteles de la capilla no ofrecen más mensaje que el simbólico, representando seres del bestiario medieval como las sirenas.

En el exterior, la capilla aparece con un perfil rectangular en cuyo muro posterior se abren dos vanos ciegos con arco poligonal y otro de central con arco de medio punto. En su interior, se trata de una capilla semicircular, aunque con dos “absidiolos” al fondo.

La imagen aún gótica del titular de la capilla, el Salvador, muestra sus llagas en el centro de un retablo ya renacentista. Éste fue costeado por Alonso III de Fonseca, quien en 1522 mandó que se ubicara en esta capilla el Santísimo Sacramento, para lo que encargó un nuevo retablo atribuido a Juan de Álava y que habría sido terminado en 1532, cuando sabemos que fue trasladado a la hornacina que hoy ocupa el Salvador.

Entre una estructura y decoraciones plenamente renacentistas, este retablo cobija otras imágenes de carácter cristológico, así como representaciones de los apóstoles, Santiago, su hermano San Juan, la Magdalena, Santa Catalina y San Miguel; además de ángeles músicos, medallones con bustos y escudos con flores de lis. Como consta en la ya citada documentación del siglo XVI, se trata de un retablo que siempre estuvo policromado. También sabemos de su renovación en 1647, así como que en 1676 se mandó blanquear el espacio. Sería en 1724 cuando Juan Antonio García de Bouzas volvería a decorar la capilla con pinturas y a dorar un sagrario diseñado por Miguel de Romay, perdido hoy en día.

La capilla del Salvador tenía un importante papel en la vida de los peregrinos a Santiago. En ella los caminantes extranjeros podían confesarse con los confesores “lenguajeros” en diversos idiomas y comulgar, además de recibir la “Compostela”, el pergamino sellado por el que pagaban dos reales y que certificaba su peregrinación.

Llamada también “del rey de Francia” por una antigua fundación, esta capilla alberga además interesantes sepulcros. Así, embutida en su muro norte está la lauda del regidor de la ciudad Francisco Treviño, muerto en 1511. En el suelo se enterró al Rector de la Universidad y doctor Antonio Páramo y Somoza, muerto en 1786 sin llegar a tomar posesión del cargo de obispo de Lugo. Con sus esbeltos balaustres y ausencia de coronamiento, la reja que acota el espacio de esta interesante capilla sirvió de modelo a varias de las que podemos encontrar en otras capillas de la catedral, sobre todo de la girola o deambulatorio. El mismo Alonso III de Fonseca habla de ella en su testamento, diciendo que la tiene concertada con el maestre Domingo, vecino de Toledo.

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