Capilla del Cristo de Burgos

La planta de la Capilla del Cristo de Burgos, una de las capillas menores de la Catedral, es de cruz griega cubierta con cúpula, con dos sacristías y una tribuna desde la que el arzobispo Carrillo se entregaba a la oración. Su nombre se debe a la imagen que preside la capilla, una talla con pelo natural.

A ambos lados del altar dos sepulcros con esculturas de canónigos en actitud de oración sobre dobles cojines encima del reclinatorio. Ambas son figuras orantes, arrodilladas, con sus atributos de canónigos sobre dobles cojines encima del reclinatorio.

Los brazos laterales de su planta de cruz griega los ocupan un retablo dedicado al Llanto de San Pedro y otro dedicado a “Santa María Salomé, el Zebedeo y sus hijos.

Comentario sobre la Capilla del Cristo de Burgos

El último gran monumento funerario de la catedral es el que el maestro Cisneros realizó para el cardenal García Cuesta en la Capilla del Cristo de Burgos, hacia los pies de la catedral. Su naturalismo, propio de finales del siglo XIX, dialoga perfectamente con el conmovedor naturalismo barroco de su “pareja”, al otro lado de la capilla. Se trata ésta de una escultura del fundador de la capilla, por lo que sería también conocida por su nombre, la del cardenal Carrillo.

Ambas son figuras orantes, arrodilladas, con sus atributos de canónigos sobre dobles cojines encima del reclinatorio. En el caso del sepulcro del cardenal Carrillo, la policromía acentúa el naturalismo del conjunto. Su autor fue uno de los maestros que trabajaron en el tabernáculo del altar mayor, Pedro del Valle.

El espacio entre ambos sepulcros es una de las capillas “menores” más grandes de la catedral. Su planta es de cruz griega cubierta con cúpula, con dos sacristías y una tribuna desde la que el arzobispo Carrillo se entregaba a la oración, según la escritura fundacional. Su factura y decoración, de un barroco incipiente, responden al momento en que fue levantada, hacia 1664, y siguen las trazas ideadas por Melchor de Velasco en tiempos del fabriquero Vega y Verdugo.

Además de los nichos que ocupan el sepulcro de Carrillo y de García Cuesta, los brazos laterales de su planta de cruz griega los ocupan un retablo dedicado al Llanto de San Pedro y otro dedicado a “Santa María Salomé, el Zebedeo y sus hijos”, según la escritura de fundación de la capilla otorgada en 1662.

Son retablos de la escuela de Mateo de Prado, discípulo del gran imaginero barroco español Gregorio Fernández. A él y a Bernardo Cabrera, autor de las primeras columnas salomónicas de España y del antiguo retablo de Reliquias de la Catedral, les debemos el retablo principal de esta Capilla. El nombre le viene de la imagen que preside la capilla, una talla con pelo natural obra de la escuela burgalesa del siglo XVIII. Un Crucificado venerado en la capilla sustituye al lienzo original.

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