Puerta Santa con dos figuras policromadas, dos pilas de agua benditay una de las cruces de consagración
Puerta Santa con dos figuras policromadas a ambos lados – Ezequiel y San Judas Tadeo -, y dos pilas de agua bendita sobre mármoles como los del cierre de la capilla mayor. Encima de la puerta vemos una de las cruces de consagración de la catedral en 1211, con el parágrafo del Génesis

La Puerta Santa

Resumen:

La Puerta Santa es una parte simbólica de la Catedral Compostelana y se abre solo en los Años Santos, que ocurren cuando el 25 de julio, festividad de Santiago, cae en domingo. Se pueden declarar Años Santos extraordinarios, como sucedió en 2016. El origen de esta tradición no está claro, pero algunos estudiosos sugieren una tradición medieval anterior a la de los años santos romanos.

La puerta experimentó transformaciones barrocas en el siglo XVII, ornamentada con figuras bíblicas y remodelada por Jácome Fernández y González de Araújo. En el siglo XVII, se embelleció aún más según el plan del canónigo Vega y Verdugo, con figuras del coro medieval y la escultura del Santiago Peregrino.

La fachada exterior de la puerta se completó con la reja en 1744. En 1794, se propuso una reforma neoclásica, pero nunca se llevó a cabo debido a la muerte del arzobispo Malvar y la falta de fondos. La puerta tiene un simbolismo significativo y muestra cruces de consagración, figuras policromadas y pilas de agua bendita.

En años no jubilares, la puerta permanece cerrada y está protegida por una verja exterior. Las hojas de bronce firmadas por Jesús León en 2003 sustituyeron a las antiguas de madera tallada por Francisco Leiro. El ritual de apertura se mantiene desde el siglo XVI, con una procesión que precede al Año Santo y otra que lo clausura el 31 de diciembre.



Historia de la Puerta Santa

La Puerta Santa es una de sus partes más simbólicas. Al igual que las puertas santas de las basílicas mayores romanas, como las de San Pedro, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros o Santa María la Mayor, solo se abre en los Años Santos. En Compostela, los años santos son aquéllos en los que el día de la festividad de Santiago, el 25 de julio, cae en domingo. A causa de los años bisiestos, esto se produce con una cadencia de seis, cinco, seis y once años. Además, el papa puede declarar años santos extraordinarios, como 2016, y el cabildo puede decidir abrir excepcionalmente la puerta santa durante ese año.

La Puerta Santa, cerrada, en la girola, entre la capilla de San Pedro y la del Salvador.
La Puerta Santa, cerrada, en la girola, entre la capilla de San Pedro y la del Salvador.

No está del todo claro su origen. Algunos estudiosos hablan de una tradición medieval anterior a la de los años santos romanos, aunque parece más factible que la ciudad Compostelana haya tomado del cristianismo este acto ritual, dando al paso por esa puerta tan especial un sentido de perdón y de renacimiento a una nueva vida. Según esta teoría, y a pesar de que se aprovechara para su construcción una antigua puerta menor medieval de entre las capillas del Salvador y San Pedro en la girola, el origen de nuestra puerta santa se remontaría a los primeros años del siglo XVI, con Alonso III de Fonseca; quien sin duda conocía el ritual romano del papa Alejandro VI, papa de origen valenciano.

Lo que sabemos con seguridad es que la puerta también fue sometida a transformaciones en clave barroca que sufrió toda la fachada de la Quintana a lo largo del siglo XVII. Así, Jácome Fernández y González de Araújo la ornamentan con seis figuras a cada lado del vano. Son personajes bíblicos procedentes del entonces recién derruido coro mateano. Entre la puerta propiamente dicha y su pórtico exterior barroco quedará un pasillo de discretas proporciones. En él que se conserva aún hoy un sepulcro de esta época y algunas laudas, en recuerdo del pasado fúnebre del espacio de la Quintana.

En ese mismo siglo XVII se hermoseó aún más la fachada exterior donde se ubica la puerta. Según el plan del canónigo Vega y Verdugo, José Peña de Toro colocaría hacia 1660 doce figuras más procedentes del coro medieval, y remataría las hornacinas que las acogen con cuatro plafones de los que cubrían los sitiales del coro. Antes de terminar el siglo, en 1694 el escultor local Pedro del Campo esculpió el Santiago Peregrino que preside la fachada, así como a sus dos discípulos Atanasio y Teodoro, que le acompañan también vestidos como peregrinos. A todo este conjunto le rodea un marco cuyo estilo y decoración con sartas de fruta recuerdan a Domingo de Andrade.

Puerta Santa. Detalle del remate de la fachada con Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro
Puerta Santa. Detalle del remate de la fachada con Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro, todos ellos como peregrinos.

Con la reja añadida en 1744, ésta es la configuración del aspecto exterior que presenta hoy. Muy distinta sería si hubiese prosperado la reforma neoclásica de la fachada de la Quintana y cabecera de la catedral, impulsada en 1794 por el arzobispo Malvar. Firmada por Melchor de Prado y Miguel Ferro Caaveiro, ésta habría definido con su academicismo el estilo neoclásico en la catedral mucho mejor que la fachada de la Azabachería, aún con muchas herencias barrocas. El proyecto neoclásico también incluía modificaciones en el interior de la catedral, con un nuevo coro en la cabecera y un trasaltar frente a la entrada de la Puerta Santa. Quizás frente a ella se situaría el cuadro de la Mujer Adúltera que entregó Gregorio Ferro en 1808, relacionado con la puerta de Platerías y con el tema del perdón, tan ligado a la Puerta. Pero la pronta muerte del prelado en 1795 y lo costoso del proyecto hicieron que nunca se llevara a cabo tal obra, a pesar de que se presentó de nuevo a la Academia en 1802, tal vez para trasladar aquí el sepulcro de Malvar.

La sencillez de la puerta al interior contrasta con la importancia de su simbolismo. Sólo está ornamentada con dos figuras policromadas a ambos lados – Ezequiel y San Judas Tadeo -, procedentes del coro de Mateo, y dos pilas de agua bendita sobre mármoles como los del cierre de la capilla mayor. Encima de la puerta vemos una de las cruces de consagración de la catedral en 1211, con el parágrafo del Génesis “Es la casa de Dios y la puerta del Cielo”, además de una vidriera de Santiago.

Puerta Santa con dos figuras policromadas, dos pilas de agua benditay una de las cruces de consagración
Puerta Santa con dos figuras policromadas a ambos lados – Ezequiel y San Judas Tadeo -, y dos pilas de agua bendita sobre mármoles como los del cierre de la capilla mayor. Encima de la puerta vemos una de las cruces de consagración de la catedral en 1211, con el parágrafo del Génesis

Cuando no es año jubilar, la puerta permanece cerrada por su parte interior, y por una verja al exterior. La puerta es de dos hojas de bronce firmadas por Jesús León en 2003, y presentan pasajes de la vida, muerte y traslación de Santiago. Esas hojas de bronce sustituyeron a un cortavientos de madera tallado por Francisco Leiro, hoy conservado en el Museo de la Catedral, con el tema de la Translatio de 1992, y que solo era visible cuando la puerta funcionaba como tal en los años santos. El vano se tapiaba con una sencilla plancha metálica pintada con motivos geométricos en los años restantes.

Museo de la Catedral. El cortavientos de madera de Francisco Leiro para la Puerta Santa es de 1993
Museo de la Catedral. El cortavientos de madera de Francisco Leiro para la Puerta Santa es de 1993 y muestra la Traslación del Apóstol.

El ritual de apertura se mantiene con pocas variaciones desde el siglo XVI. El 31 de diciembre previo al año santo, una procesión encabezada por el arzobispo se acerca a la Puerta. Acompañados de oraciones, los tres golpes dados con un martillo de plata hacen caer el muro de piedras colocado al efecto en la parte interior, dejando libre un paso que se mantendrá abierto hasta el 31 de diciembre siguiente, cuando otra procesión dará por clausurados el año santo y su puerta.

Martillo de plata y lapislázuli para el ritual de apertura de la Puerta Santa. Mayer. Taller compostelano, 2010.
Martillo de plata y lapislázuli para el ritual de apertura de la Puerta Santa. Mayer. Taller compostelano, 2010.
Martillo de plata para el ritual de apertura de la Puerta Santa. Galdino Otero.
Martillo de plata para el ritual de apertura de la Puerta Santa. Galdino Otero. Taller compostelano, 1937, y Calabaza de Vedra, ofrenda al Apóstol en 1937. Oro y esmaltes.

Interior de la Catedral

¡Adéntrate en un mundo de asombro y esplendor donde la historia cobra vida! El interior de la Catedral de Santiago de Compostela es un festín para los sentidos, un santuario de belleza celestial que deja boquiabiertos a todos los que tienen el privilegio de cruzar sus umbrales. Desde el momento en que pones un pie dentro, te envuelve una atmósfera de misticismo y grandiosidad, con sus altas bóvedas que parecen tocar el cielo y sus columnas que cuentan historias de tiempos olvidados. Cada rincón rezuma arte y devoción, desde los impresionantes retablos dorados hasta los delicados vitrales que filtran la luz divina. Caminar por sus pasillos es como recorrer un laberinto de maravillas, donde cada capilla y cada altar revela tesoros de fe y cultura. La Catedral de Santiago de Compostela no solo es un lugar de culto, es un portal hacia lo trascendental, una experiencia que transforma corazones y eleva el espíritu. ¡Una visita que deja una huella imborrable en el alma!