Fachada de la Quintana

En la Compostela medieval la plaza de la quintana era uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Además de albergar la sede del Concejo y numerosos puestos de venta del mercado, se enterraban a los difuntos que no habían recibido sepultura en sus respectivas parroquias.

Con el fin de dar un aspecto homogéneo y elegante a la irregular cabecera medieval de la Catedral se comienza a construir la Fachada de la Quintana. En ella se abren la Puerta Real a través de la cual accedían los miembros de la realeza, la Puerta de los abades, y casi en el centro la Puerta Santa. Ésta sólo se abre cuando el día de Santiago (25 de Julio) coincide en domingo, o en años santos excepcionales (2016).


Comentario sobre la Fachada de la Quintana

Con el paso de los siglos y de los sucesivos añadidos, transformaciones y dependencias a la fábrica románica, uno de los espacios menos estéticos de la catedral debía de ser sin duda el que se enfrentaba al monasterio de Antealtares, que cerraba la catedral en su lado este. La antigua cabecera románica, en forma de ábside con capillas adosadas tanto a él como al transepto, hacía tiempo que se había convertido en una suerte de fachada más. A ella se abrían varias puertas menores de acceso al templo, entre las que destacaba por su simbolismo la Puerta Santa, abierta en el siglo XVI. El liso muro del monasterio de enfrente acentuaba aún más esa sensación de cierto caos.

La Plaza de la Quintana era uno de los centros neurálgicos de la Compostela medieval, situándose en ella la sede del Concejo entre los siglos XV y XVI, así como innumerables puestos de venta del mercado. Además, en este espacio, la Quintana de Muertos, se venían enterrando a los difuntos de la ciudad que no habían recibido sepultura en sus respectivas parroquias. Así que el canónigo fabriquero, Vega y Verdugo, encargó a José de la Peña de Toro empezar a “adecentar” ese lado de la catedral. Éste diseñó una típica y verdadera “fachada telón barroca”, que enmascara y disfraza homogéneamente con el nuevo estilo todo lo que esconde tras ella. A él le debemos también la balaustrada que remata esta fachada; cambiando las preexistentes almenas, que contribuían a dar a la catedral medieval un cierto aspecto de fortaleza, por modernos pináculos coronados por bolas. Tras ella, un corredor a modo de balcón permite circular por encima del nuevo muro de cierre sobre la animada plaza. Una consecuencia del cierre proyectado por Vega y Verdugo fue la integración de la Corticela, iglesia aislada hasta entonces, dentro del recinto de la catedral. Mantendría, no obstante, su carácter de parroquia independiente. Para acceder a ella desde la plaza se abrió en el nuevo muro la llamada Puerta de los Abades o de la Corticela, mucho más sencilla y clásica en su decoración que las anteriormente descritas.

En 1658 se inició, más o menos por debajo de la torre del reloj, la construcción de la Puerta Real. A través de ella accedían los miembros de la realeza, y adosada a ella estaba por tanto el cuerpo de guardia. Pero su aspecto actual se lo debemos a Domingo de Andrade, quien la remata en el 1700 y la decora con sus típicos trofeos militares y sartas de frutas. Algo más allá, una pequeña puerta fue en su momento capilla para comunión de romeros. Hoy día alberga la Archicofradía del Apóstol.

Casi en el centro de la nueva fachada de la Quintana, la Puerta Santa nos conduce a un pasillo entre capillas que evidencian la citada irregularidad que oculta el nuevo cierre. Abierta por primera vez en el siglo XVI y modificada en el XVII, la Puerta Santa ganó en monumentalidad, ampliándose e incorporando numerosas figuras de Apóstoles y de personajes del Antiguo Testamento provenientes del derribado coro del Maestro Mateo. Coronan la portada Santiago Peregrino y los dos discípulos que aquí enterraron su cuerpo, Atanasio y Teodoro, que portan también gorro de peregrino, obras del escultor Pedro del Campo.

Además de las transformaciones que, como dijimos, sufrió esta cabecera de la Catedral, hubo otras tanto anteriores como posteriores que se quedaron en proyecto; como la nueva Puerta Santa, ya neoclásica, que proyectó Melchor de Prado en 1794 para el arzobispo Malvar. Mucho antes de esto, cuando sólo habían pasado unos cincuenta años de la consagración en 1211 de toda la Catedral, don Juan Arias empezó la obra de una gran cabecera gótica cuyo desarrollo convertiría la planta de cruz latina original en una de cruz griega. Permitiría abrir numerosas capillas funerarias para las familias más importantes y acaudaladas. Pero fue precisamente la muerte en 1266 del arzobispo Malvar la que enterró también el nuevo proyecto, quedando hoy escasos restos de lo levantado bajo las escaleras que enlazan la Quintana de Muertos con la Quintana de Vivos.