Capilla del Espíritu Santo

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El origen de esta capilla es funerario, por lo que no es de extrañar la cantidad de sepulcros que hay hoy a ambos lados de la Capilla del Espíritu Santo, que son siete en total. A la izquierda, el del chantre Juan de Melgarejo, muerto en 1534, con yacente de expresivo rostro. Frente a ella, al otro lado de la capilla, el del canónigo cardenal Pedro Varela, de 1574. El fundador de la capilla, Pedro Vidal, está enterrado al lado izquierdo de la misma, en el lateral que ocupan también las tumbas del mercader Francisco de la Peña y la del arzobispo Alonso Sánchez de Moscoso. Precisamente sobre la tumba de este último se conserva en relativo buen estado la pintura de un Descendimiento de la Cruz del siglo XVI. En general, los yacentes son aquí menos realistas y más hieráticos que otros que vemos en capillas próximas. Portan los elementos que identifican su rango, como báculo o mitra. Además, el arzobispo Moscoso es identificado por su escudo sobre el almohadón. Aún hay un sepulcro más, el del regidor Fructuoso Gallo, muerto en 1564, y enterrado en la misma tumba que su esposa, doña Isabel de Monteser.

Fotografías de la Capilla del Espíritu Santo

Historia de la Capilla del Espíritu Santo

Casi pegada a la catedral románica , la capilla de Santa María de la Corticela  ya existía cuando se levantó a su lado la gran basílica.

Para acceder a ella se abría una de las puertas románicas “menores”, en contraposición a las “mayores”, es decir, las de la Azabachería, las Platerías y del Obradoiro.

Era la Puerta de Santa María, y su espacio sería aprovechado a mediados del siglo XIII por Pedro Vidal para construir una nueva capilla que le sirviera como su panteón.

Vista General de la Capilla de Sancti Spiritus
Capilla de Sancti Spiritus

La reformó su biznieto, el arcediano Gonzalo Pérez de Moscoso, quien le dio forma alargada y cubrió con bóveda apuntada sobre interesantes ménsulas. Es la llamada Capilla de Sancti Spiritus o Capilla del Espíritu Santo.

En el siglo XVI sufriría más reformas, cuando Jácome García hace algunas obras en 1526. En el mismo siglo, en los años 1541 y 1567, se llevaron a cabo otros trabajos, sobre todo en la parte de la cabecera y en la sacristía.

En época del arzobispo Monroy se le encargaron diversas obras a Domingo de Andrade, que afectarían sobre todo a la portada y a la tribuna abierta que añadió a esta capilla.

Como hemos señalado, el origen de la capilla es funerario, por lo que no es de extrañar la cantidad de sepulcros que hay hoy a ambos lados, que son siete en total.

A la izquierda, el del chantre Juan de Melgarejo, muerto en 1534, con yacente de expresivo rostro.

Frente a ella, al otro lado de la capilla, el del canónigo cardenal Pedro Varela, de 1574. El fundador de la capilla, Pedro Vidal, está enterrado al lado izquierdo de la misma, en el lateral que ocupan también las tumbas del mercader Francisco de la Peña y la del arzobispo Alonso Sánchez de Moscoso.

Precisamente sobre la tumba de este último se conserva en relativo buen estado la pintura de un Descendimiento de la Cruz del siglo XVI.

En general, los yacentes son aquí menos realistas y más hieráticos que otros que vemos en capillas próximas.

Portan los elementos que identifican su rango, como báculo o mitra. Además, el arzobispo Moscoso es identificado por su escudo sobre el almohadón. Aún hay un sepulcro más, el del regidor Fructuoso Gallo, muerto en 1564, y enterrado en la misma tumba que su esposa, doña Isabel de Monteser.

Cobija los sepulcros un arco apuntado en cuyos frentes aparecen llamativas arquitecturas de castelletes que rodean arcos trilobulados, bajo los que hay figuras de ángeles con incensarios.

Al igual que otro arco de mayor tamaño, trilobulado y con arquitecturas que hay a la entrada de la capilla, son herencia directa del estilo y modelos que el taller del Maestro Mateo utilizó en su coro pétreo, y recuerdan al sepulcro de la iglesia de la Magdalena de Zamora.

Se ha apuntado la posibilidad de que en su origen formaran parte de un baldaquino.

Muy posterior a los sepulcros es el retablo del fondo de la capilla, colocado aquí después de 1945.

Vista General de la Capilla de Sancti Spiritus

Fue entonces cuando se retiró del centro de la catedral el coro de madera que había substituido al de Mateo, en cuyo trascoro – la parte de atrás que los fieles verían desde los pies de la basílica – estaba dedicado a la Virgen de la Soledad.

La imagen es de 1666, realizada por un taller madrileño, mientras que el frontal y la peana son de plata y las labró el orfebre Antonio de Morales en 1747.

Antiguamente, en el altar mayor de esta capilla se veneraba a la Virgen Preñada o de la O, que presidió el antiguo trascoro medieval y más tarde, en 1849, pasó a esta capilla. Hoy se exhibe en el Museo de la Catedral.

En el acceso al oratorio, bajo el escudo con cabezas de lobo de los Moscoso y el ya mencionado arco trilobulado de la entrada de la capilla, acaso parte de un antiguo baldaquino medieval, encontramos una reja de posibles trazas de Domingo de Andrade, la cual cierra el paso a la nave del transepto. Corona la entrada otra de las cruces de consagración de la catedral.