Plaza del Obradoiro y fachada

Fachada del Obradoiro

La Fachada del Obradoiro que hoy en día vemos y admiramos la preside Santiago Peregrino entre sus dos torres de 74 metros de altura, la de la Carraca a la izquierda y la de las Campanas a la derecha.
Anterior a esta maravillosa fachada, de estilo barroco, existía una fachada románica con la que se inauguró la Catedral el 21 de abril de 1211 en presencia del rey Alfonso IX y el arzobispo Pedro Muñiz.
Es en 1738 cuando Fernando Casas Novoa comienza la construcción de la actual Fachada del Obradoiro cuyas obras finalizan en 1750. Bajo una hornacina preside la fachada el Apóstol Santiago vestido de peregrino con los reyes españoles rindiéndole culto. A sus lados dos parejas de ángeles con la cruz de la orden de Santiago. Más abajo podemos ver una estrella, la que vio el ermitaño Pelayo, y una urna que representa el sepulcro del Apóstol Santiago franqueada por sus dos discípulos Teodoro y Anastasio. En las torres podemos ver a los padres del Apóstol, Zebedeo y Salomé.

 Situación 

Historia de la Fachada del Obradoiro

La Fachada Occidental Maetana anterior a la actual Fachada del Obradoiro

Antes de que en 1738 se comenzarse a construir la actual Fachada del Obradoiro de Fernando Casas, la Catedral de Santiago tenía una fachada en su parte occidental. La extendida idea de que esta fachada occidental medieval era el propio Pórtico de la Gloria es errónea, aunque sí que formaba parte de ella.

En 1168 cuando el rey Fernando II visita la ciudad las obras de construcción de la Catedral, que se habían iniciado en 1075, estaban paradas por falta de recursos. En esta visita el rey Fernando II firma un contrato con el Maestro Mateo para finalizar las obras e impone duras penas para los que intenten obstaculizarlas.

Cuando Mateo aborda la construcción de la Fachada Occidental el declive del terreno era tan acusado que el relleno de tierra era impensable. Mateo dio con la solución construyendo una cripta que soportaría el peso de los pies de las naves, del Pórtico de la Gloria y de la propia fachada y logia exterior.

Cripta del Pórtico de la Gloria. Primitivos arcos de acceso. Las modificaciones y añadidos se deben a la construcción de la gran escalinata a principios del XVII.

La cripta sería también el novedoso acceso occidental de la catedral, desde el interior de la cual dos estrechas escaleras nos conducirían a las naves. Parece ser que esta fachada solo tenía ante sus arcos una especie de terraza sin acceso desde el exterior.

En el año 1606 Ginés Martínez construye las escaleras que hoy conocemos e intenta corregir la inclinación de la Torre de las Campanas levantando un primer estribo. Los arcos de la fachada, tanto los laterales como el central, no tenían puertas. La catedral estaba abierta día y noche para fieles y peregrinos.

En el siglo XVI se alteró la parte central inferior de la Fachada. Fue para colocar unas puertas, debido a los incidentes que se sucedían por las noches en el interior de la Catedral.

Museo de la Catedral. Fragmento de la parte central del gran rosetón del centro de la antigua fachada románica del Obradoiro. Piezas originales y reconstrucción en madera.

Esta fachada disponía de dos torres románicas de distinta altura, una portada dedicada a la transfiguración de Cristo con un gran rosetón central para cuyo mantenimiento se accedía a través de un estrecho pasillo a través de la tribuna.

Dibujo de la fachada del Obradoiro a mediados del siglo XVII según el

La zona a los pies de esta fachada se fue adecentando muy lentamente: 1521 – 1614 nuevo claustro de la Catedral, 1501 Hospital Real. Sería la futura Plaza del Obradoiro. De la fachada medieval sólo conservamos algunos restos arqueológicos y dibujos realizados por el canónigo Vega y Verdugo a mediados del siglo XVII, cuando ya había sufrido transformaciones.

La Construcción de la Fachada del Obradoiro

El mal estado de conservación de la fachada medieval y especialmente de una de las torres presentaba en el siglo XVIII, así como el deseo del Cabildo catedralicio de potenciar la presencia de Santiago el Mayor como testimonio de la importancia de la sede apostólica y del propio Capítulo, hicieron que se le encargase una nueva a Fernando de Casas Novoa.

Proyecto Fachada ObradoiroEn el año 1738, Fernando de Casas presentó su proyecto de la nueva fachada del Obradoiro con un dibujo que todavía se conserva en el Archivo catedralicio, y aquel mismo año empezaron las obras.

Su proyecto fue respetado en la construcción de la fachada, con pequeñas modificaciones que apenas se desvían de lo principal. Fernando casas falleció unos meses antes de concluir la obra en 1750.

El autor concibió para la fachada un gran tríptico pétreo, que se eleva sobre la plaza con fuerte sentido ascendente. Para ello aprovechó parte de la vieja fachada medieval, sobre la que se asentó el telón barroco de la nueva, e incrementó la altura con nuevos tramos sobre los prismas medievales. Iguala la altura de las dos torres y entre ellas construye una fachada barroca con una espectacular combinación de granito y vidrio.

Santiago Peregrino, sus discípulos Atanasio y Teodoro y el escudo del Cabildo de la Catedral de Santiago coronan la fachada del Obradoiro trazada por Fernando de Casas en 1738.

En lo alto de la fachada del Obradoiro dispuso la imagen de Santiago el Mayor con atuendo de peregrino, ángeles con la cruz de Santiago a sus lados y los reyes de españoles

Sarcófago del Apóstol con la estrella encima y los discípulos Atanasio y Teodoro a ambos lados en la Fachada del Obradoiro

arrodillados a sus pies. Más abajo la tumba del apóstol Santiago rodeado de sus discípulos Santiago, Teodoro y Atanasio. Como resultado tenemos un cuerpo central envuelto por dos torres de igual altura, la de las Campanas a la derecha y la Carraca a la Izquierda.

El cuerpo central está dividido en dos niveles y es rematado por una estructura que crea un efecto de verticalidad. Unas impresionantes columnas de fuste estriado y orden corintio sobresalen del conjunto creando un gran dinamismo. En la parte intermedia del centro nos encontramos dos ventanas.

La Torre de las Campanas, dispone de siete campanas monumentales además de otras siete campanas más pequeñas que forman el campanil. Cada una de estas campanas tiene una función relacionada con cada momento de la liturgia y el día. La más grande de estas campanas, de Santiago o mayor, tiene un diámetro de 2,11 metros y un peso de 3.500 Kg. Las seis restantes campanas se denominan:  San Luis, Ánimas, Prima Salomé, Fogo, Prima Bárbara y Vacante

La Torre de la Carraca tiene en su parte superior un dispositivo de madera y metal en forma de aspa que cuando se gira produce un ruido triste y seco. Su fúnebre sonido era utilizado el Viernes Santo, cuando no se podían tocar las campanas.

Las imágenes principales de las torres son la de Salomé en la Torre de las Campanas y Zebedeo en la de la Carraca, padres de los apóstoles Santiago y Juan el Evangelista.

A la altura de la balconada podemos ver a San Juan y Santa Susana en la de la Carraca y Santa Bárbara y Santiago Alfeo en la de las Campanas.

En ambas torres se pueden observar obeliscos, pirámides, cilindros, volutas y escudos  y otras figuras geométricas. Quizás en su época policromadas.

Torre de las Campanas

La fachada Occidental, la que daba a la Plaza de la Trinidad, es decir, a la Plaza del Obradoiro, fue complicándose, ampliándose y rodeándose de nuevas edificaciones. Por el lado sur, el nuevo claustro trazado por Juan de Álava y rematado por Gil de Hontañón estaba terminado desde 1590, pero al exterior nada parecía indicar que tras los muros exista un claustro plateresco. Juan de Herrera, quien nada tiene que ver con el arquitecto de El Escorial, y Gaspar de Arce lo revistieron al exterior a finales del XVI.

Pero la característica galería superior la debemos a Jácome Fernández, ya en 1614. Del mismo arquitecto es la Torre de la Vela, imitando en su escalonamiento a la del Tesoro. Tras un incendio en el siglo XVIII que afectó a esta parte del claustro, Lucas Caaveiro da a todo el conjunto un aspecto barroco cuya horizontalidad queda rota por la imponente fachada vertical del Obradoiro.

En el siglo XVI, siendo aún románica, presentaba una nueva puerta de doble vano. Entrando en el XVII, la nueva escalinata fue obra de Ginés Martínez. Este mismo maestro colocó un estribo al lado sur de la fachada para reforzar una de las torres, que es conocido en la documentación antigua como “estribo de Nuestra Señora la Blanca”, por acoger una pequeña capilla que, con esta advocación, miraba hacia las puertas de la basílica.

La torre en cuestión, la Torre de las Campanas, siempre ha dado problemas de estabilidad, por lo que fue preciso reforzarla. Si se mira atentamente se puede apreciar una ligera inclinación en ella.

Las obras en este lado de la fachada del Obradoiro  continuaron. Vega y Verdugo nos muestra a mediados del XVII cómo ambas torres debían quedar, según su plan, igualadas en altura y rematadas por capiteles. Encargó la reforma a Peña de Toro, quien colocaría en un primer momento la balaustrada en la parte superior. Añadiría además un cuerpo a la torre medieval para acoger las campanas terminado en 1668, y decora con pilastras el primer cuerpo románico de la torre.

Pero el aspecto definitivo y actual de la torre de las campanas lo debemos a quien firma el conjunto de la fachada barroca actual, Fernando de Casas. Sabemos que a partir de 1720 se llevan a cabo nuevas obras, sobre todo en su remate y decoración.

La caída de un rayo en 1729 hizo que la obra tuviera que proseguir hasta 1732, año en que ya estaba colocado el capulín superior, la voluminosa decoración de volutas, rocallas, balaustradas, pináculos y “bellotas” de piedra, y hasta la aguja y cruz de bronce que coronan el conjunto.

Así pues, las historias de las torres de la fachada occidental de la catedral no van siempre parejas, ni entre ellas ni en relación con el cuerpo central que flanquean. Como vemos, la torre de las campanas se empezó y remató antes que la del lado norte y que la fachada.

Así pues, cabe imaginarse una catedral que por su lado principal tenía una torre más alta de estilo barroco al sur, un cierre de claustro de líneas renacentistas, pero decoración final barroca y una monumental escalinata del XVII. Además, una torre de la carraca y cuerpo central aún románicos, pero con puertas renacentistas.

Sin embargo, esta imagen pronto cambiaría para dejar paso a la homogénea y monumental catedral que hoy día es conocida en todo el mundo.

Torre de la Carraca

Fachada del Obradoiro, la torre de la Carraca y la –peineta- vistas desde la plaza.

El lado norte de la plaza del Obradoiro ya estaba cerrado por el nuevo Hospital Real de peregrinos, fundado por los Reyes Católicos y magistralmente trazado por Enrique Egás en 1501.

Su fachada, en un estilo tan preciosista que se daría en llamar “plateresco”, la firmaron Martín de Blas y Guillén Colás.

De nuevo, pese a las reformas que Ginés Martínez realizó para añadir una escalera y un estribo en la torre de las campanas, contrastaba la vetusta fachada medieval de la catedral con la misma torre de las campanas que Peña de Toro modernizó con el barroco en el último tercio del XVII.

La otra, llamada Torre de la Carraca, aún era el cubo medieval original. Más baja que la “nueva” de las campanas, ya Vega y Verdugo tenía en mente igualarlas en altura, aunque habría que posponer el proyecto hasta el siglo XVIII.

El 1738 Fernando de Casas se puso al frente de las obras del “espejo” central de la fachada, y también se encargó de igualar la torre de la Carraca con su gemela de las campanas. Iniciada la construcción en 1749 y terminada en 1751, López Ferreiro identificó la torre de la Carraca con la denominada torre del Gallo.

En ésta ya se había intervenido en 1687, muy probablemente para asemejarla en lo posible a la de las Campanas, en la que Peña de Toro estaba ya interviniendo por esas mismas fechas. Casas añadió un falso estribo como el de Ginés Martínez bajo la torre de las Campanas, mientras que las pilastras acentúan la verticalidad y dirigen la mirada hacia los nuevos cuerpos superiores. En ellos, la apoteosis barroca.

Influido incluso por las arquitecturas efímeras festivas, como la imaginada por Fernando de la Torre Farfán para el Triunfo de San Fernando, el barroco llega aquí a su máxima expresión.

El resultado es una torre gemela a la de las campanas, con un escalonamiento en altura de los cuerpos, separando balaustradas y pináculos como los que Peña de Toro trazó para la fachada de la Quintana.

El capulín superior y la imagen general, al final, hacen que todo el conjunto de las torres establezca perfecta sintonía con la Torre del Reloj, trazada ésta en siglo XVII por Domingo de Andrade, antecesor de Fernando de Casas como de Maestro de Obras de la catedral de Santiago.

Hay otra analogía entre las torres de la fachada del Obradoiro y la del Reloj. Ambas “ascienden” hacia el barroco a partir de un cuerpo inferior medieval, que sin embargo pasa perfectamente desapercibido en ambos casos.

El primer cuerpo de las tres es claramente románico en el Obradoiro y gótico en el Reloj, pero solo un ojo minucioso podría reparar en ello. Más fácil es apreciarlo cuando, desde las cubiertas de la catedral, se ven desde detrás las torres del Obradoiro y vemos unos arcos ciegos de medio punto animados con un taqueado, además de capiteles de decoración vegetal. Son elementos que encontramos por doquier en la fábrica románica del templo.

Lo que de verdad diferencia a la Torre de la Carraca de su “gemela” de las Campanas es precisamente la razón de sus nombres. Si bien en la segunda encontramos el típico juego de campanas que con su tañir solemnizan las celebraciones litúrgicas – mientras que las campanas de la Torre del Reloj tan solo funcionan unidas a ésta para dar las horas y los cuartos – , la de la Carraca alberga en su parte superior un dispositivo en forma de “aspa” de madera y metal. Unas tablillas son golpeadas cuando se gira el aspa con una manivela, produciendo un ruido seco y “triste”. Es la “carraca”, cuyo “fúnebre” sonido se utilizaba en la solemnidad de Viernes Santo, cuando se conmemora la Pasión de Cristo. También hoy día podemos escucharlo gracias a una reciente restauración y reposición del elemento principal.

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Breve introducción a la Fachada del Obradoiro

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