Historia
Orígenes y Construcción
La Capilla de San Fernando constituye uno de los espacios más refinados del conjunto catedralicio compostelano, cuya construcción se inscribe en el brillante período renacentista de la catedral. Terminada en 1527, esta joya arquitectónica sigue las pautas del estilo salmantino desarrollado por Juan de Álava, el mismo maestro que diseñó el magnífico claustro contiguo. Su concepción original la destinaba como prolongación funcional de la sacristía catedralicia, estableciendo una comunicación directa que respondía a las necesidades litúrgicas del momento.
La estructura se caracteriza por su elegante cubrición con dos tramos de bóvedas estrelladas que descansan sobre ménsulas, creando un sistema de nervios que forman ricos y variados diseños geométricos. Las claves de estas bóvedas lucen una decoración exquisita donde se combinan motivos vegetales con elementos jacobeos, creando un programa iconográfico que conecta el espacio con la tradición peregrina compostelana.
Significado Jacobeo y Evolución Histórica
El programa decorativo de la capilla alcanzó su plenitud en 1536 cuando Pedro Noble completó las pinturas murales que aún hoy podemos contemplar, representando la Ascensión y la Asunción de María. Estas obras constituyen un testimonio excepcional de la pintura renacentista en Galicia y refuerzan el carácter mariano tan presente en la espiritualidad jacobea.
Durante más de un siglo, desde 1537 hasta 1641, este espacio desempeñó la función de Capilla de Santas Reliquias, albergando los venerables restos que constituían uno de los grandes tesoros espirituales de la catedral. Las reliquias se custodiaban en el notable retablo-cajonada de Cornielles de Holanda, una pieza excepcional que tras diversos traslados ha regresado recientemente a su ubicación original después de una cuidadosa restauración.
El Tesoro Catedralicio y Sus Joyas
Tras la canonización del rey Fernando de Francia en 1671, la capilla experimentó una transformación definitiva al recibir la advocación real en 1679. Juan de Seoane esculpió la imagen del rey santo que preside el espacio, representándolo con orbe y espada, la mirada elevada al cielo y ataviado con los característicos ropajes de pliegues angulosos barrocos. Esta figura se enmarca en un retablo de trazas neorrenacentistas que sustituyó al original diseñado en el entorno de Miguel de Romay.
Actualmente, la capilla alberga el "Tesoro" de la catedral, una extraordinaria colección de orfebrería que incluye piezas de valor incalculable. Entre ellas destaca la custodia procesional de Antonio de Arfe, que abandona anualmente su refugio para presidir la procesión del Corpus Christi, y la esclavina original del Apóstol del altar mayor, regalo del arzobispo Monroy. El copón de Juan Posse de finales del XVII y el suntuoso cáliz de oro con brillantes del siglo XIX, ofrecido por el arzobispo Rafael Múzquiz, completan esta excepcional muestra junto al delicioso relieve de la Virgen de la Leche de Luisa Roldán, fechado hacia 1700.