Fachada Mateana - Catedral de Santiago
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Fachada Mateana

Bajo la majestuosa fachada barroca del Obradoiro se esconde un tesoro medieval único: la fachada original del Maestro Mateo. Construida en el siglo XII, esta obra maestra del románico europeo complementaba el mensaje del Pórtico de la Gloria con arcos siempre abiertos, rosetones luminosos y esculturas celestiales. Aunque fue ocultada en el XVIII, fragmentos arqueológicos y dibujos antiguos revelan su esplendor original.

Historia

Un misterio sin resolver: ¿cómo se accedía?

El acceso a esta fachada occidental sigue siendo motivo de controversia entre los especialistas. No existen evidencias documentales ni arqueológicas de ninguna escalera o rampa exterior que subiera hasta los arcos. Esto ha llevado a muchos estudiosos a pensar que el acceso, siguiendo modelos franceses, se realizaría a través de la cripta que el propio Mateo construyó como complemento del Pórtico y para salvar el desnivel del terreno — de forma similar a como hoy se accede al templo por el lado sur.

Ante los arcos, siempre abiertos, se abría una especie de terraza sin escaleras — una disposición que también tuvo la Catedral de Ourense hasta 1975, y que no es casualidad: tras su propia fachada occidental, Ourense conserva el llamado Pórtico del Paraíso, de clara influencia compostelana.

Arquitectura y Simbolismo Apocalíptico

Nada en el diseño de Mateo era casual. La gran arcada central se articulaba mediante dos arquivoltas. La mayor mostraba ángeles alados portando cartelas y libros; los de la clave, en cambio, sostenían un disco solar y una luna creciente, reforzando el mensaje apocalíptico del Pórtico con los astros que iluminarían el mundo exterior. La otra arquivolta lucía una decoración vegetal de gusto mateano sobre una tracería de inspiración islámica, con arcos trilobulados que cobijaban florones.

De los arcos laterales sabemos menos. Se cree que dos dovelas hoy expuestas en el Museo de la Catedral, con demonios castigando los genitales de un hombre y una mujer, pertenecían a la arcada de la nave sur — reforzando desde el exterior el mensaje del Juicio de las Almas que se representa en el interior del Pórtico.

El Espejo: luz para la nave central

La luz fue una preocupación constante para Mateo. Sobre los arcos laterales, dos rosetones de tracería geométrica dejaban pasar la luz hasta el fondo de las naves, mientras que un cuerpo superior de ventanas bajo arco de medio punto aligeraba la fachada, separado del cuerpo inferior por una cornisa con arquillos que cobijaban cabezas aladas de ángeles — el mismo motivo decorativo que puede rastrearse en otros templos gallegos del siglo XIII, como San Lourenzo de Carboeiro.

Pero la mayor cantidad de luz entraba, sin duda, por el llamado "El Espejo": el gran rosetón central, de mayor diámetro que los otros dos, con una compleja tracería que combinaba decoración vegetal con vanos estrellados y en forma de luna creciente. Rodeado por cuatro ojos de buey que multiplicaban la luminosidad interior, sus fragmentos permitieron en 1961 el montaje hipotético que hoy se conserva en el Museo de la Catedral, reconstruido también con ayuda del dibujo de Vega y Verdugo.

Las figuras que todavía pueden verse

No todo desapareció. En el interior de la fachada barroca, sosteniendo aún hoy los nervios de la bóveda, se conservan algunas de las figuras originales de Mateo — Fernando de Casas optó por no retirarlas, para no comprometer la estabilidad de todo el nártex.

Su identidad exacta sigue sin confirmarse del todo, pero algunos expertos han propuesto ver ahí a Judas Tadeo, Virgilio, el Bautista, la reina de Saba, la Sibila Eritrea y Balaam — un conjunto que, según el profesor Moralejo, dialogaría entre sí formando un Ordo Prophetarum, una suerte de drama litúrgico medieval. Sobre ellos, serafines y querubines multiplican sus alas para adaptarse al espacio disponible.

David y Salomón: de la fachada a la escalinata

Del conjunto de estatuas-columna que decoraba el exterior de la fachada, hoy se conservan ocho figuras casi completas y una cabeza suelta, repartidas entre el Museo Catedral de Santiago, el Museo de Pontevedra y algunas colecciones particulares. Cualquier identificación es todavía objeto de debate: las cartelas que habrían nombrado a cada personaje no conservan su texto.

David y Salomón, esculturas de granito fechadas en torno a 1188, pudieron pertenecer originalmente al exterior del gran arco central. Fueron retiradas hacia 1520-1521, cuando se cerraron los arcos medievales con puertas de madera, y trasladadas al pretil de la escalinata del Obradoiro, donde permanecieron hasta 2016. En el siglo XVII fueron labradas por su reverso, hasta entonces inexistente, para poder colocarlas de forma exenta. La cabeza de Salomón no es la original: un rayo la destruyó en 1729, obligando a sustituirla por la actual, más torpe y pesada. Tras siglos de exposición a la intemperie, ambas piezas fueron restauradas antes de integrarse en los fondos del Museo Catedral de Santiago.

El azaroso viaje de Abraham e Isaac

También hacia 1520 debió retirarse una figura masculina muy estilizada, descubierta recientemente en un hueco de la torre sur del Obradoiro, donde fue utilizada como material de relleno tras su decapitación ritual. Conserva su aureola intacta y una amplia cartela sin texto — pistas valiosas para su futura identificación.

Las esculturas que quizás representan a Abraham e Isaac, atribución propuesta por el profesor Moralejo, protagonizan la historia más azarosa de todas: propiedad del conde de Ximonde hasta 1947, ese año las adquirió el Ayuntamiento de Santiago con la condición expresa de que nunca salieran de la ciudad. Pese a ello, acabaron años después en la colección personal de Franco en el Pazo de Meirás. Tras pasar por varias exposiciones temporales —entre ellas la del Museo del Prado en 2016-2017— un proceso judicial devolvió finalmente las piezas a su propietario legítimo; hoy pueden verse en el Museo do Pobo Galego.

Fernando II, Enoc y Elías: identidades en debate

Se ha propuesto identificar con Fernando II —el rey que en 1168 concedió a Mateo la pensión vitalicia que hizo posible toda esta obra— a otra de las estatuas decapitadas, aunque el rey está ausente en el programa iconográfico documentado del Pórtico. Otros expertos, como Manuel Castiñeiras, prefieren ver en esta figura a un rey bíblico como Josías, "el mejor rey de Judá".

Las figuras de Enoc y Elías, con sus largas barbas y pergaminos entre las manos, viajaron por varias colecciones —incluido el Pazo de los condes de Ximonde y el Museo Catedral— antes de llegar en 1956 al Museo de Pontevedra, donde permanecen hoy. En los últimos tiempos ha ganado aceptación la hipótesis de que, situadas en las jambas del arco central, afirmarían su carácter de testigos del Apocalipsis.

La fachada que se escondió bajo el Obradoiro

Contrariamente a la creencia popular, el Pórtico de la Gloria nunca fue la fachada exterior de la Catedral. Desde la consagración del templo en 1211, Compostela contó con una fachada occidental propia, obra del mismo taller del Maestro Mateo, que se levantó a partir de 1168, cuando Mateo asumió la dirección de las obras catedralicias. Los especialistas sitúan su construcción, más concretamente, entre 1188 y 1211.

Aunque el Pórtico no era la fachada en sí, sí formaba parte de ella. La portada se abría con un gran arco central y dos laterales, correspondientes con las naves del templo y con los propios arcos del Pórtico interior. Tenía un rasgo verdaderamente excepcional: estos arcos carecían de puertas. La Catedral permanecía siempre abierta, día y noche, para recibir a fieles y peregrinos — así lo recoge el sermón Veneranda dies, del Papa Calixto. Los personajes del Pórtico se proyectaban simbólicamente hacia el exterior, completando el mensaje apocalíptico del tímpano central.

Como resume el profesor Yzquierdo Perrín, "la fachada del Obradoiro es fruto de la sabiduría y buen hacer de dos genios del arte: la estructura, pertenece al Maestro Mateo; su remodelación barroca a Fernando de Casas".

Preguntas frecuentes sobre Fachada Mateana

¿Existió realmente una fachada medieval antes de la actual fachada barroca?

Sí. Aunque muchos creen que el Pórtico de la Gloria era la fachada occidental original, en realidad el propio taller de Mateo levantó una fachada exterior independiente tras la consagración de la catedral en 1211, de la que el Pórtico solo formaba parte visible a través de sus arcos, siempre abiertos y sin puertas.

¿Cómo se accedía a la catedral por esta fachada, si no tenía escaleras?

Es motivo de controversia entre los especialistas, ya que no hay evidencias documentales ni arqueológicas de ninguna escalera exterior. La teoría más aceptada, siguiendo modelos franceses, es que el acceso se hacía a través de la cripta, por unas estrechas escaleras laterales similares a las que hoy se usan por el lado sur de las naves.

¿Qué pasó con las esculturas originales de esta fachada tras su desmantelamiento?

Se dispersaron entre distintos museos y colecciones particulares, con historias muy variadas: las figuras de Abraham e Isaac, por ejemplo, pasaron por manos del conde de Ximonde y, de forma irregular, de la familia Franco, hasta que un proceso judicial obligó a devolverlas al patrimonio municipal de Santiago, donde hoy se exponen en el Museo do Pobo Galego.

¿Cómo se sabe qué aspecto tenía la fachada medieval si fue destruida?

Gracias a un dibujo del canónigo Vega y Verdugo de mediados del siglo XVII, realizado antes de su derribo definitivo, y a fragmentos recuperados en sucesivas excavaciones arqueológicas —arcos, estatuas y piezas del gran rosetón— que hoy permiten reconstrucciones hipotéticas conservadas en el Museo de la Catedral.

¿Qué era el "espejo grande" de la fachada medieval?

El gran rosetón central de la parte superior de la fachada, con una compleja tracería que combinaba decoración vegetal con vanos estrellados y de luna creciente. Era la principal fuente de luz natural del templo, y sus vidrios emplomados se reparaban a través de un pequeño pasillo accesible desde las torres.

¿Quedan restos visibles hoy de la fachada medieval original?

Sí, aunque disimulados: se conservan in situ los arranques de las dos torres laterales, camuflados bajo los añadidos barrocos posteriores. Algunas figuras del interior de la actual fachada, que sostienen los nervios de la bóveda, tampoco se retiraron por Fernando de Casas para no comprometer la estabilidad de todo el nártex.

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