Bajo la majestuosa fachada barroca del Obradoiro se esconde un tesoro medieval único: la fachada original del Maestro Mateo. Construida en el siglo XII, esta obra maestra del románico europeo complementaba el mensaje del Pórtico de la Gloria con arcos siempre abiertos, rosetones luminosos y esculturas celestiales. Aunque fue ocultada en el XVIII, fragmentos arqueológicos y dibujos antiguos revelan su esplendor original.
Historia
Orígenes y Construcción de la Fachada Medieval
Contrariamente a la creencia popular, el Pórtico de la Gloria nunca fue la fachada exterior de la Catedral. Desde su consagración en 1211, Compostela contó con una fachada occidental propia, obra del mismo taller del Maestro Mateo, que se levantó a partir de 1168, cuando Mateo asumió la dirección de las obras catedralicias.
Aunque el Pórtico no era la fachada en sí, sí formaba parte de ella. La portada se abría con un gran arco central y dos laterales, correspondientes con las naves del templo y con los propios arcos del Pórtico interior. Tenía un rasgo verdaderamente excepcional: estos arcos carecían de puertas. La Catedral permanecía siempre abierta, día y noche, para recibir a fieles y peregrinos — así lo recoge el sermón Veneranda dies, del Papa Calixto. Los personajes del Pórtico se proyectaban simbólicamente hacia el exterior, completando el mensaje apocalíptico del tímpano central.
Un misterio sin resolver: ¿cómo se accedía?
El acceso a esta fachada occidental sigue siendo motivo de controversia entre los especialistas. No existen evidencias documentales ni arqueológicas de ninguna escalera o rampa exterior que subiera hasta los arcos. Esto ha llevado a muchos estudiosos a pensar que el acceso, siguiendo modelos franceses, se realizaría a través de la cripta que el propio Mateo construyó como complemento del Pórtico y para salvar el desnivel del terreno — de forma similar a como hoy se accede al templo por el lado sur.
Ante los arcos, siempre abiertos, se abría una especie de terraza sin escaleras — una disposición que también tuvo la Catedral de Ourense hasta 1975, y que no es casualidad: tras su propia fachada occidental, Ourense conserva el llamado Pórtico del Paraíso, de clara influencia compostelana.
Arquitectura y Simbolismo Apocalíptico
Nada en el diseño de Mateo era casual. La gran arcada central se articulaba mediante dos arquivoltas. La mayor mostraba ángeles alados portando cartelas y libros; los de la clave, en cambio, sostenían un disco solar y una luna creciente, reforzando el mensaje apocalíptico del Pórtico con los astros que iluminarían el mundo exterior. La otra arquivolta lucía una decoración vegetal de gusto mateano sobre una tracería de inspiración islámica, con arcos trilobulados que cobijaban florones.
De los arcos laterales sabemos menos. Se cree que dos dovelas hoy expuestas, con demonios castigando los genitales de un hombre y una mujer, pertenecían a la arcada de la nave sur — reforzando desde el exterior el mensaje del Juicio de las Almas que se representa en el interior del Pórtico. Sobre estos arcos laterales, dos rosetones de tracería geométrica dejaban pasar la luz hasta el fondo de las naves.
La luz fue, de hecho, una preocupación constante para Mateo. Un cuerpo superior de ventanas bajo arco de medio punto aligeraba la fachada, separado del cuerpo inferior por una cornisa con arquillos que cobijaban cabezas aladas de ángeles — el mismo motivo decorativo que puede rastrearse en otros templos gallegos del siglo XIII, como San Lourenzo de Carboeiro.
Pero la mayor cantidad de luz entraba, sin duda, por el llamado "espejo grande": el gran rosetón central, de compleja tracería, que combinaba decoración vegetal con vanos estrellados y en forma de luna creciente. Rodeado por cuatro ojos de buey que multiplicaban la luminosidad interior, este rosetón se conserva hoy reconstruido parcialmente en el Museo de la Catedral, a partir de sus fragmentos y del dibujo de Vega y Verdugo.
Las figuras que todavía pueden verse
No todo desapareció. En el interior de la fachada barroca, sosteniendo aún hoy los nervios de la bóveda, se conservan algunas de las figuras originales de Mateo — Fernando de Casas optó por no retirarlas, para no comprometer la estabilidad de todo el nártex.
Su identidad exacta sigue sin confirmarse del todo, pero algunos expertos han propuesto ver ahí a Judas Tadeo, Virgilio, el Bautista, la reina de Saba, la Sibila Eritrea y Balaam — un conjunto que, según el profesor Moralejo, dialogaría entre sí formando un Ordo Prophetarum, una suerte de drama litúrgico medieval. Sobre ellos, serafines y querubines multiplican sus alas para adaptarse al espacio disponible.
Las estatuas que salieron al exterior
Del conjunto de estatuas-columna que decoraba el exterior de la fachada, hoy se conservan ocho figuras casi completas y una cabeza suelta, repartidas entre el Museo Catedral de Santiago, el Museo de Pontevedra y algunas colecciones particulares. Cualquier identificación es todavía objeto de debate: las cartelas que habrían nombrado a cada personaje no conservan su texto.
David y Salomón, hoy coronando las escaleras del Obradoiro, pudieron pertenecer originalmente al exterior del gran arco central. Fueron retiradas hacia 1520-1521, cuando se cerraron los arcos medievales con puertas de madera, y trasladadas al pretil de la escalinata, donde permanecieron hasta 2016. La cabeza de Salomón no es la original: un rayo la destruyó en 1729.
Una figura masculina mutilada, descubierta recientemente en el interior de la torre sur, había sido utilizada como material de relleno tras su decapitación ritual. Conserva su aureola intacta — una pista valiosa para su futura identificación.
Las esculturas de Abraham e Isaac, atribución propuesta por el profesor Moralejo, protagonizan la historia más azarosa de todas: vendidas al Ayuntamiento de Santiago en 1947 con la condición expresa de no salir nunca de la ciudad, acabaron años después en la colección personal de Franco en el Pazo de Meirás. Un proceso judicial devolvió finalmente las piezas a su propietario legítimo; hoy pueden verse en el Museo do Pobo Galego.
También se ha propuesto identificar con Fernando II — el rey que en 1168 concedió a Mateo la pensión vitalicia que hizo posible toda esta obra — a otra de las estatuas decapitadas, aunque el rey está ausente en el programa iconográfico documentado del Pórtico. En su lugar, Mateo aparece representado muy probablemente por el Santo dos Croques, y el arzobispo Gudesteiz figura en la inscripción del cimacio de la tribuna. Otros expertos, como Manuel Castiñeiras, prefieren ver en esta figura a un rey bíblico como Josías.
Las figuras de Enoc y Elías, con sus largas barbas y pergaminos entre las manos, viajaron por varias colecciones antes de llegar en 1956 al Museo de Pontevedra, donde permanecen hoy.
Destrucción y Legado Actual
La mutilación de esta obra cumbre del románico europeo comenzó en el siglo XVI, con el añadido de jambas, dinteles y puertas que rompieron su apertura original. La transformación se completó definitivamente en 1738, cuando Fernando de Casas levantó la fachada barroca del Obradoiro que hoy conoce el mundo entero — una obra majestuosa que, sin embargo, nos privó para siempre de conocer la fachada mateana tal como fue concebida, salvo por el dibujo de Vega y Verdugo del siglo XVII.
Hoy solo podemos aproximarnos a aquella fachada perdida a través de sus vestigios: los arranques de las dos torres laterales siguen in situ, aunque disimulados bajo los añadidos barrocos, y numerosos fragmentos —arquivoltas, dovelas, restos del gran rosetón— se conservan expuestos en el Museo de la Catedral, fruto de sucesivas excavaciones arqueológicas.
[¿Quieres conocer cómo Fernando de Casas transformó por completo esta fachada en el siglo XVIII? Descúbrelo en nuestra página dedicada a la Fachada del Obradoiro.]
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