El Botafumeiro de la Catedral de Santiago

Botafumeiro de la Catedral

El Botafumeiro usado desde la Edad Media es uno de los elementos más conocidos y tradicionales de la Catedral. Hoy en día nos sigue maravillando cuando tras la comunión y acompañado por la música de los órganos comienza a recorrer las naves del crucero pareciendo que va a estrellarse contra sus bóvedas entre el humo del incienso.

Para ponerlo en marcha hacen falta ocho hombres, llamados tiraboleiros, que lo traen de la biblioteca de la Catedral cargado de incienso y carbón.

El vuelo del Botafumeiro se produce cuando de un empujón es desviado de la vertical. Mientras se balancea como un péndulo, los tiraboleiros sueltan cuerda en su punto más alto y tiran de ella en el punto más bajo. Los tirones hacen que hacen que el vuelo del Botafumeiro alcance los 21 metros de altura en un arco de 65 metros y a una velocidad de 68 kilómetros por hora.

 Situación 

Historia del Botafumeiro

El Botafumeiro colgando del ingenio de Celma bajo el cimborrio de la catedral

El Botafumeiro  “Rey de los incensarios”, o “Turibulum mágnum” en su nombre latino, como se le denomina a veces, es uno de los elementos más conocidos y tradicionales de la Catedral.

Es icónica su estampa recorriendo las naves del crucero de la catedral casi hasta estrellarse contra sus bóvedas entre el humo del incienso.

Uno de los souvenirs más típicos que los turistas y peregrinos se llevan de su visita a Santiago de Compostela son sus reproducciones en miniatura, de los cuales los más exquisitos son los realizados en plata por los orfebres de la Plaza de las Platerías.

El nombre de Botafumeiro proviene del gallego, formado por el verbo Botar(echar) y fume (humo), siendo su traducción literal la de “el que echa humo”. 

La primera noticia documental que tenemos del uso de este gran incensario es una nota marginal de 1322 en el Códice Calixtino, en la que se relaciona su uso con la procesión mitrada del relicario de Santiago Alfeo.

El botafumeiro más de cerca. Detalle de los motivos jacobeos que lo rodean.

Igual que hoy día, servía para dignificar tal celebración, como hacen los pequeños y más comunes incensarios para dar solemnidad a las celebraciones litúrgicas. El humo del incienso asciende hacia el cielo del mismo modo que las oraciones de los fieles.

Dado que la Catedral nunca se cerraba en la Edad Media, y los peregrinos entraban en ella día y noche, y hasta pernoctaban en las tribunas, era necesario purificar el ambiente y darle un mejor olor. Por eso aquí el incensario es especialmente grande, permitiendo quemar mucho más incienso y expandir su aroma por todas las naves.

Parece que antiguamente llegó a haber otros incensarios de mayor tamaño que los habituales, como en las catedrales de Orense, Tuy, Zamora y hasta en Roma.

El mecanismo que hace posible su movimiento oscilante de sus aproximadamente cincuenta kilogramos hasta unos veinte metros de altura, lo debemos al ingenio de un hombre del Renacimiento, el aragonés Juan Bautista Celma.

Esta “especie de Leonardo da Vinci” español era pintor, arquitecto, broncista… e inventor, y de todo ello dejó ejemplos en la Catedral.

Detalle del mecanismo que permite el movimiento del Botafumeiro en la altura del crucero, bajo el cimborrio. Lo ideó, a finales del XVI, Juan Bautista Celma

A finales del siglo XVI, sustituyó el viejo sistema de vigas de madera, que sin duda no permitían esta velocidad ni altura que permite el actual sistema de poleas, por entramado de hierro fundido en Vizcaya.

Situado justo bajo el cimborrio, su perfecto diseño hace que el incensario no pueda llegar nunca a estrellarse contra la bóveda, a pesar de quedarse a un escaso metro de distancia y con una inclinación de 82 grados.

Para hacer posible su movimiento pendular, ocho hombres tiran de otras tantas cuerdas, que enlazan con una gruesa maroma de sesenta centímetros de diámetro.

El extremo de ésta cuelga siempre en el centro del crucero, y cuando no tiene atado el incensario se mantiene tensa y embellecida por la llamada “alcachofa” de alpaca, con decoración vegetal.

Estos hombres reciben el nombre de tiraboleiros por los nudos como bolas hechos en las cuerdas, que facilitan su agarre. Los acompasados tirones de los tiraboleiros hacen que el carrete del ingenio de Celma se mueva a uno y otro lado, arrastrando así al incensario.

A lo largo de la historia fueron varios los incensarios usados, aunque apenas tenemos noticias de ellos. Según parece, el que precedió al actual fue robado por las tropas franceses durante su invasión de 1808. Sería sustituido por el de latón bañado en plata diseñado por el orfebre compostelano José Losada en 1851. En 1971 se realizó una copia en plata que donaron a la catedral la Hermandad de Alféreces Provisionales. Aún existe otra réplica en una tienda de recuerdos en la Rúa del Villar.

Entre realidad y leyenda, se habla de varios incidentes, como el que parece que presenció Catalina de Aragón en 1499, cuando el incensario salió despedido por la puerta de las Platerías y se estrelló en la plaza.

Otros incidentes menos espectaculares fueron los de 1622 y 1937, cuando parece que el incensario se desvió de su trayectoria.

Actualmente, su funcionamiento suele ir acompañado del Himno al Apóstol entonado en las misas solemnes, o cuando algún grupo de peregrinos lo solicita para rematar la ceremonia a la que asisten.

Funcionamiento y origen del Botafumeiro

En una crónica de 1494 un viajero alemán hace referencia a un rito celebrado en la Catedral de Compostela al que hoy en día aún podemos asistir: el vuelo del Botafumeiro

Se trata del vuelo del Botafumeiro que se produce cuando de un empujón es desviado de la vertical. Mientras se balancea como un péndulo, ocho hombres sueltan cuerda en su punto más alto y tiran de ella en el punto más bajo.

Los tirones hacen que hacen que el vuelo del Botafumeiro alcance los 21 metros de altura en un arco de 65 metros y a una velocidad de 68 kilómetros por hora.

Los elementos mecánicos involucrados en el movimiento son muy simples y se realizaron modificaciones en el siglo XIII. La estructura es un armazón de hierro amarrada a los grandes pilares del crucero. Se montó en 1602 tras considerar que la existente hasta ese momento, un sistema de vigas de madera, obstruía la luz que entraba por las vidrieras del cimborrio. La cuerda esta enrollada en dos tambores de madera de castaño, de 59 y 29 diámetros que tienen un eje común apoyado en las estructura con cojinetes de desplazamiento.

Cuando es necesario cambiar la cuerda es necesario hacerlo accediendo por una vidriera desde los tejados de la Catedral.

El Botafumeiro actual es de latón bañado en plata y pesa unos 53 kilogramos. Si se le añade el peso del cuenco lleno de brasas e incienso de su interior y los tres metros de cuerda del nudo de la parte superior el peso total es de 56 kilogramos. El centro de gravedad pasa a 1,2 metros del suelo y a 20,6 de los ejes de los tambores.

El sistema funciona a la inversa de un torno multiplicando los desplazamientos no fuerzas. El tambor grande se encuentra a lado contrario de los tiradores. Cada vez que los hombres dan un tirón desenrollan metro y medio de cuerda del tambor pequeño el giro del eje hace subir al botafumeiro 2,9 metros. Para alcanzar la inclinación máxima de 82 grados se requieren 17 ciclos que se completan tras 80 segundos. El botafumeiro llega a estar medio metro por debajo de la bóveda.

El momento más peligroso para un incidente se produce en lo más alto de los primeros ciclos. En el pasado la cuerda era de cáñamo, pero las últimas son de yute. La cuerda actual es de 4,7 centímetros. El 23 de mayo de 1622 se rompió la cuerda y el botafumeiro cayó a plomo al lado de los tiradores. Una segunda caída ocurrió el 25 de Julio de 1499 cuando se soltó el incensario en pleno vuelo y salió como un proyectil por la puerta de la Fachada de Platerías.

El Botafumeiro surge con un fin litúrgico y ceremonial, pero en los siglos XVI, XVII, XVIII debido a la cantidad de peregrinos que entraban en la Catedral de día y noche, pernoctando en sus tribunas, su fin principal pasa a ser el de purificar y perfumar el ambiente.

Es en el códice Calixtino en una nota marginal cuando aparece por primera vez una referencia al Botafumeiro con el nombre de “Turibulum Magnum”. Relata una procesión en honor del Apóstol Santiago.

La procesión está ahora engalanada con la cabeza de Santiago Alfeo en un busto de extraordinaria magnitud de plata dorada, con muchas y grandes piedras preciosas, y principalmente con un gran incensario de plata, suspendido de cuerdas desde la parte superior de la iglesia, corriendo por poleas desde el pórtico septentrional hasta el meridional, lleno de carbones encendidos y portando incienso, a un lado y otro de la parte superior de la iglesia, mientras asiste el Prelado revestido con ornamentos pontificales con toda la procesión, según queda descrita.

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Breve introducción al Botafumeiro

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