Más allá de sus fachadas, el interior de la Catedral de Santiago esconde una riqueza de espacios que muchos visitantes pasan por alto. Bajo el altar mayor, la cripta apostólica guarda el motivo de toda la peregrinación: el sepulcro del Apóstol. A su alrededor, el trasaltar, las naves y el crucero conservan capas de historia que se remontan al siglo XI, confirmadas por las excavaciones arqueológicas realizadas bajo el propio templo. La Puerta Santa, abierta solo en los Años Santos, y el Botafumeiro, el gran incensario que recorre el crucero, son quizás los elementos más conocidos, pero el recorrido se completa con el claustro renacentista, la sacristía, el baptisterio, los históricos órganos, y la posibilidad única de subir a las cubiertas y tribunas para contemplar la catedral desde las alturas. Descubre cada uno de estos espacios y descubre por qué Santiago es mucho más que su célebre exterior.