Adéntrate en uno de los espacios más sagrados de la Catedral de Santiago: el trasaltar. Aquí, durante siglos, los peregrinos culminaron su camino abrazando la figura del Apóstol Santiago del taller del Maestro Mateo. Descubre dónde se escondieron las reliquias en 1589 por temor al pirata Francis Drake y cómo fueron redescubiertas en 1879. Un lugar único donde la historia, la fe y la tradición se entrelazan.
Historia
Una Iglesia Pensada para Peregrinos
La catedral de Santiago es una "iglesia de peregrinación". Su diseño y construcción fueron pensados para los peregrinos, que acuden a ella por millones ya desde sus primeros años, en el siglo XI. Este modelo de iglesia, del que es paradigmática la basílica compostelana, es compartido por otros templos franceses ubicados en el Camino: la iglesia de Santa Fe de Conques, San Saturnino de Toulouse, San Marcial de Limoges y San Martín de Tours. Se trata de iglesias amplias, de tres o cinco naves cubiertas con bóvedas, con una capilla mayor rodeada por el deambulatorio, un pasillo que permite a los peregrinos circular en torno a las reliquias sin interferir en el culto del altar mayor. En el deambulatorio se abren otras capillas menores, destinadas a celebraciones privadas para grupos, al culto de otros santos, o como lugares de enterramiento.
La Capilla de la Magdalena y la Entrega de la Compostela
En las capillas del deambulatorio tenía lugar un hecho importante del viaje: la entrega del certificado de haber completado la peregrinación, la llamada "Compostela", sellada y firmada por el prelado. El acto se llevaba a cabo en la Capilla del Salvador. Frente a ella, en la parte trasera del presbiterio, hubo antiguamente otra capilla, llamada de la Magdalena. Su culto y su función como lugar de "Confessio" de peregrinos y entrega de "Compostelas", así como su papel como recinto que custodiaba el Santísimo Sacramento, pasaron después a la capilla del Salvador.
Tenemos constancia de la existencia de la capilla de la Magdalena desde épocas previas a la reforma barroca de la Capilla Mayor, en el siglo XVII. Gelmírez, al levantar su baldaquino en el siglo XII, allanó el terreno derribando la parte superior del mausoleo romano en el que la tradición sitúa el cuerpo de Santiago. Parece que, por aquel entonces, ya existía esta capilla en su parte posterior, cerrada con rejas, pues el primer arzobispo de Santiago se refugió en ella cuando una turba asaltó las obras de la catedral, aún en construcción. Los atacantes trataron de apedrearlo desde la parte alta, lo que indica la existencia de alguna especie de tribuna.
El Abrazo al Santo: Punto Final de la Peregrinación
Esta "tribuna" en la parte trasera del altar mayor sería una constante a lo largo de la historia de la catedral. Desde la consagración de esta en 1211 hasta hoy, sobre ella era —y es— venerada por los peregrinos una figura de Santiago, del taller del Maestro Mateo. Desde el trasaltar, y por medio de unas simples escalas de madera, los peregrinos medievales subían a tener una cierta "experiencia física" con el santo.
Parece ser que, con la obra del altar de Gelmírez, se cerró todo acceso al sancta sanctorum, la tumba apostólica, aunque el altar mayor permitía un cierto contacto visual con ese lugar sagrado. Pero era el momento de abrazar la figura del santo el verdadero punto final de la peregrinación. Además de ese abrazo, los peregrinos se colocaban en la cabeza una corona de plata sujeta con una cadena al Apóstol, privilegio reservado a los romeros según algunas crónicas. Aquí se veneraban también algunas reliquias que la tradición asocia a la peregrinación y al propio Santiago, como un cuchillo, el bordón o el sombrero.
Capilla de Prima y Sacristía Alta
Este espacio del trasaltar, ocupado por la capilla de la Magdalena, era también el lugar de la primera misa del día, por lo que recibía también el nombre de "Capilla de Prima". La "Prima" era una misa menor, destinada al pueblo llano, en contraposición a la misa de coro celebrada más tarde en el altar mayor, reservada al cabildo y las dignidades eclesiásticas. Esta función pasó posteriormente a la Capilla de la Inmaculada, en el brazo norte del transepto.
Para las celebraciones "mayores", la parte del trasaltar se utilizaba como sacristía, apareciendo en las fuentes como la "Sacristía Alta". En el siglo XVI, en época de Alfonso III de Fonseca, se decidió retirar de la parte posterior del altar mayor el otro altar dedicado al Santísimo Sacramento, trasladándolo a la capilla central de la girola en 1522. Diez años después se ordenó el definitivo desmantelamiento de esa capilla, ya en mal estado, quedando esa parte posterior como simple "sacristía alta", rodeada por una reja de Guillén de Bourse y Pedro Flamenco de la que tan solo han llegado algunos fragmentos, hoy convertidos en tenebrario y candelero del cirio pascual. En los años cincuenta del mismo siglo se volvió a disponer en esta parte la custodia realizada por Antonio de Arfe, hoy conservada en el Museo, al tiempo que se retocó el espacio. Con todo, aún se conserva la mayor parte del altar mayor y trasaltar de la época de Gelmírez.
Las Tablas Renacentistas de Juan Bautista Celma
En el mismo siglo XVI se hicieron nuevas transformaciones del espacio en clave renacentista, con las tablas de Juan Bautista Celma realizadas para el cierre posterior de la capilla mayor hacia 1569. Como puede verse en el ejemplo conservado en el Museo Catedralicio, y a pesar de haber perdido casi por completo la composición de cierre, se trataba de cinco grandes tablas pintadas por ambas caras, de gran calidad y estilo manierista italiano. La doble faz permitía difundir un programa iconográfico hacia el deambulatorio y otro hacia el interior del presbiterio: por dentro se narraban los episodios de la vida y pasión de Cristo, y por fuera, los misterios gloriosos del rosario. En conjunto, esta sería la apariencia del trasaltar de la catedral en el año 1589.
El Escondite ante la Amenaza de Drake
A causa del temor a que el pirata inglés Sir Francis Drake asaltara el templo y robase las reliquias, atentando así contra el catolicismo y la autoridad papal de Roma, en 1589 el arzobispo Juan de Sanclemente escondió, a la luz de las velas y con la aprobación del cabildo, los restos de Santiago y sus dos discípulos. Drake fue repelido en A Coruña por las tropas comandadas por el Marqués de Cerralbo, con la ayuda popular encabezada por María Pita.
Sanclemente, quien siempre se negó a que las reliquias salieran de su santuario —"Dejemos al Santo Apóstol, que él se defenderá y nos defenderá a nosotros", se cuenta que dejó dicho—, se llevó el secreto del escondite a la tumba en 1602. Los restos permanecieron ocultos hasta las excavaciones que el canónigo López Ferreiro realizó en época del cardenal Payá, en 1879, sacando a la luz tan importantes reliquias. Habían sido escondidas no muy lejos de su emplazamiento original, el trasaltar, justo donde hoy el enlosado de la basílica muestra una gran estrella. Efectivamente, habían sido enterradas tal como decía la tradición, con restos de cera en torno al escondite, procedentes de las candelas usadas en el turbulento momento de su ocultación.
El Redescubrimiento y su Configuración Actual
El redescubrimiento fue certificado por el papa León XIII y su bula Deus Omnipotens, que marcó, junto a otros acontecimientos, el resurgir del culto apostólico y la peregrinación a Compostela. Las reliquias se trasladaron a su mausoleo original, bajo el altar mayor. López Ferreiro dirigió las obras, encaminadas a la transformación del espacio y a su apertura al público a través de pequeñas escaleras situadas justo en la frontera entre el altar mayor y el trasaltar. Allí, un retablo conmemora episodios de la vida apostólica y recuerda, con algunos fragmentos de granito y mármol, el Arca Marmorica y los primeros altares de la catedral. En los laterales de este retablo se encuentran dos urnas que fueron usadas como depósito de las sagradas formas durante la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, celebrada en el Monte del Gozo de Santiago.
Primer Contacto con la Urna Apostólica
El deambulatorio de la Catedral de Santiago no es tan solo un lugar de paso entre un lado y otro de la basílica. Como hemos visto, sufrió importantes transformaciones hasta alcanzar su aspecto actual. El trasaltar abierto a él no perdió trascendencia por ser menos protagonista que el altar mayor: no debe olvidarse que es lo primero que se ve del interior del templo al entrar por la Puerta Santa, poniendo al visitante en contacto visual inmediato con la urna apostólica, la razón de ser del templo.
Lo acompañan y cierran grandes vitrales enmarcados y engalanados en bronce, fundidos en Ferrol en 1818 por Andrés Antelo y costeados por el arzobispo Rafael Múzquiz. Los angelitos que rodean el trasaltar y el altar mayor, con su mano extendida, portaban lámparas que iluminaban estos espacios. Estas lámparas, como un antiguo botafumeiro, desaparecieron durante la Guerra de la Independencia contra los franceses, a principios del siglo XIX.
Preguntas frecuentes sobre El Trasaltar de la Catedral
¿Qué es la "Compostela" y qué relación tiene con el trasaltar?
Es el certificado de haber completado la peregrinación, sellado por el prelado. En origen, este acto se celebraba en una capilla situada en esta misma zona trasera del altar mayor, antes de trasladarse posteriormente a la capilla del Salvador.
¿Qué hacían los peregrinos medievales al llegar al trasaltar?
Subían por unas simples escalas de madera para abrazar una figura de Santiago del taller del Maestro Mateo, situada sobre el altar desde la consagración de la catedral en 1211. Este abrazo era considerado el verdadero punto final de la peregrinación, ya que el acceso directo a la tumba apostólica había quedado cerrado.
¿Por qué se escondieron las reliquias de Santiago en el siglo XVI?
Por temor a un ataque del pirata inglés Francis Drake, que amenazaba las costas gallegas en 1589. El arzobispo Juan de Sanclemente ocultó los restos del Apóstol y sus discípulos, y se negó siempre a revelar el escondite, llevándose el secreto a la tumba en 1602.
¿Cuánto tiempo estuvieron perdidas las reliquias de Santiago?
Casi tres siglos: permanecieron ocultas hasta 1879, cuando el canónigo López Ferreiro las redescubrió durante unas excavaciones, muy cerca de su emplazamiento original, en el propio trasaltar, señalado hoy por una gran estrella en el enlosado del templo.
¿Qué certificó oficialmente el hallazgo de las reliquias?
La bula papal Deus Omnipotens, emitida por León XIII, que confirmó la autenticidad del hallazgo y marcó el resurgir del culto apostólico y de la peregrinación a Compostela en la época contemporánea.
¿Por qué es tan importante el trasaltar para quien entra por la Puerta Santa?
Porque es lo primero que se ve del interior del templo al cruzar esa puerta, poniendo al visitante en contacto visual inmediato con la urna apostólica, el motivo que da sentido a toda la basílica.
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