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La Puerta Santa - Catedral de Santiago

La Puerta Santa

La Puerta Santa de la Catedral de Santiago es uno de los lugares más sagrados del Camino. Solo se abre cada Año Santo Jacobeo, cuando el 25 de julio cae en domingo, conectando a los peregrinos con una tradición centenaria de perdón y renacimiento espiritual. Su fachada barroca del siglo XVII alberga figuras bíblicas y el Santiago Peregrino de Pedro del Campo, mientras que su interior guarda la sencillez del simbolismo cristiano.

Historia

El Ritual de Apertura

El ritual de apertura de la Puerta Santa se mantiene con pocas variaciones desde el siglo XVI. El 31 de diciembre previo al año santo, una procesión encabezada por el arzobispo se acerca a la Puerta Santa. Acompañados de oraciones, los tres golpes dados con un martillo de plata hacen caer el muro de piedras colocado al efecto en la parte interior, dejando libre un paso que se mantendrá abierto hasta el 31 de diciembre siguiente, cuando otra procesión dará por clausurados el año santo y su puerta.

Una Puerta que Solo se Abre en Año Santo

Una de las partes más simbólicas de la Catedral de Santiago es sin duda la Puerta Santa. Al igual que las puertas santas de las basílicas mayores romanas —como las de San Pedro, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros o Santa María la Mayor—, solo se abre en los Años Santos. En Compostela, los años santos son aquellos en los que la festividad de Santiago, el 25 de julio, cae en domingo. A causa de los años bisiestos, esto se produce con una cadencia de seis, cinco, seis y once años. Además, el papa puede declarar años santos extraordinarios, como ocurrió en 2016, y el cabildo puede decidir abrir excepcionalmente la puerta durante ese año.

Un Origen Incierto

No está del todo claro el origen de esta puerta en Santiago. Algunos estudiosos hablan de una tradición medieval anterior a la de los años santos romanos, aunque parece más factible que Santiago tomara del cristianismo este acto ritual, dando al paso por esa puerta un sentido de perdón y renacimiento a una nueva vida. Según esta teoría —y a pesar de que se aprovechara para su construcción una antigua puerta menor medieval situada entre las capillas del Salvador y San Pedro, en la girola—, el origen de la Puerta Santa se remontaría a los primeros años del siglo XVI, con Alonso III de Fonseca, quien sin duda conocía el ritual romano del papa Alejandro VI, de origen valenciano.

La Transformación Barroca del Siglo XVII

Lo que sabemos con seguridad es que la Puerta Santa fue sometida a las mismas transformaciones en clave barroca que sufrió toda la fachada de la Quintana a lo largo del siglo XVII. Jácome Fernández y González de Araújo la ornamentaron con seis figuras a cada lado del vano —doce en total—, personajes bíblicos procedentes del entonces recién derruido coro mateano. Entre la puerta propiamente dicha y su pórtico exterior barroco quedó un pasillo de discretas proporciones, en el que se conserva aún hoy un sepulcro de esta época y algunas laudas, en recuerdo del pasado fúnebre del espacio de la Quintana.

En ese mismo siglo XVII se hermoseó aún más la fachada exterior. Según el plan del canónigo Vega y Verdugo, José Peña de Toro colocó hacia 1660 doce figuras más procedentes del coro medieval, y remató las hornacinas que las acogen con cuatro plafones de los que cubrían los sitiales del coro.

Santiago Peregrino y sus Discípulos

Antes de terminar el siglo, en 1694 el escultor local Pedro del Campo esculpió el Santiago Peregrino que preside la fachada, así como a sus dos discípulos, Atanasio y Teodoro, que le acompañan también vestidos como peregrinos. A todo este conjunto le rodea un marco cuyo estilo y decoración con sartas de fruta recuerdan a Domingo de Andrade.

Con la reja añadida en 1744, esta es la configuración del aspecto exterior que presenta hoy la Puerta Santa.

El Proyecto Neoclásico que Nunca Se Construyó

Muy distinta sería la fachada si hubiese prosperado la reforma neoclásica de la Quintana y la cabecera de la catedral, impulsada en 1794 por el arzobispo Malvar. Firmada por Melchor de Prado y Miguel Ferro Caaveiro, esta reforma habría definido con su academicismo el estilo neoclásico en la catedral mucho mejor de lo que lo hace la fachada de la Azabachería, que aún conserva muchas herencias barrocas.

El proyecto también incluía modificaciones en el interior de la catedral, con un nuevo coro en la cabecera y un trasaltar frente a la entrada de la Puerta Santa. Quizás frente a ella se habría situado el cuadro de la Mujer Adúltera que entregó Gregorio Ferro en 1808, relacionado con la puerta de Platerías y con el tema del perdón, tan ligado a la Puerta Santa. Pero la pronta muerte del prelado en 1795, y lo costoso del proyecto, hicieron que nunca se llevara a cabo, pese a que se presentó de nuevo a la Academia en 1802 —tal vez con la intención de trasladar aquí el sepulcro de Malvar.

El Interior: Sencillez y Simbolismo

La sencillez de la puerta al interior contrasta con la importancia de su simbolismo. Está ornamentada únicamente con dos figuras policromadas a ambos lados —Ezequiel y San Judas Tadeo—, procedentes del coro de Mateo, y dos pilas de agua bendita sobre mármoles como los del cierre de la capilla mayor. Encima de la puerta puede verse una de las cruces de consagración de la catedral de 1211, con el pasaje del Génesis "Es la casa de Dios y la puerta del Cielo", además de una vidriera de Santiago.

De la Talla de Leiro a las Puertas de Bronce

Cuando no es año jubilar, la Puerta Santa permanece cerrada por su puerta al interior y por una verja al exterior. Esta última es de dos hojas de bronce firmadas por Jesús León en 2003, y presenta pasajes de la vida, muerte y traslación de Santiago. Estas hojas de bronce sustituyeron a un cortavientos de madera tallado por Francisco Leiro, hoy conservado en el Museo de la Catedral, con el tema de la Translatio de 1992, que solo era visible cuando la puerta funcionaba como tal en los años santos. En los años restantes, el vano se tapiaba con una sencilla plancha metálica pintada con motivos geométricos.

Preguntas frecuentes sobre La Puerta Santa

¿Por qué también se le llamaba "Puerta del Perdón"?

Es una denominación antigua, hoy en desuso, que hacía referencia directa al valor simbólico de perdón y renacimiento espiritual asociado a cruzarla — el mismo sentido que sigue teniendo hoy la ceremonia de apertura en los Años Santos.

¿Cómo es exactamente el ritual de apertura de la Puerta Santa?

La tarde del 31 de diciembre anterior al Año Santo, el arzobispo encabeza una procesión hasta la puerta y golpea tres veces con un martillo de plata el muro de piedras que la sella por dentro, derribándolo. La puerta permanece entonces abierta durante todo el Año Santo, hasta el 31 de diciembre siguiente, cuando otra procesión la cierra de nuevo.

¿De dónde vienen las figuras que decoran la puerta por dentro y por fuera?

De un origen inesperado: muchas proceden del antiguo coro de piedra del Maestro Mateo, derribado en el siglo XVII. Jácome Fernández y González de Araújo reutilizaron estas figuras bíblicas al dar a la fachada exterior su aspecto barroco actual, ornamentándola con doce figuras a cada lado del vano.

¿Es la puerta actual la original del siglo XVI?

No en su totalidad. Aunque el origen de la puerta se remonta a los primeros años del siglo XVI, con Alonso III de Fonseca, las hojas de bronce que hoy se ven son obra de Jesús León, realizadas en 2003, y representan episodios de la vida, muerte y traslación del Apóstol Santiago. Sustituyeron a un cortavientos de madera de 1992, hoy conservado en el Museo de la Catedral.

¿Está la Puerta Santa orientada hacia la salida del sol, como se dice?

Es una teoría discutida: según esta interpretación, el recorrido ritual del peregrino simbolizaría un viaje hacia la luz, pero la puerta actual no apunta exactamente al este, sino que queda desviada varios grados. La explicación propuesta es que no ocupa su emplazamiento original, sino que fue desplazada al construirse la vecina Capilla del Salvador, dejando como único posible vestigio un motivo de sol grabado en el pavimento.

Qué gesto suelen hacer los peregrinos al cruzar la Puerta Santa?

Es costumbre tocar con las yemas de los dedos una de las cruces grabadas en el marco de la puerta y santiguarse con agua bendita al atravesarla, como gesto de renovación espiritual al culminar el Camino en un Año Santo.

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