Sumérgete en una de las colecciones de orfebrería más extraordinarias de Europa. Mil años de peregrinación jacobea han creado este tesoro único con piezas llegadas desde todos los confines del continente. Admira el famoso Busto relicario de Santiago Alfeo de 1322, la impresionante Custodia de Antonio de Arfe, relicarios medievales y cálices de incalculable valor. Cada pieza cuenta la historia de devotos peregrinos.
Historia
Una Colección de Mil Años de Peregrinación
La de orfebrería es una de las colecciones más variadas y de mejor calidad de todas las que custodia y exhibe el Museo de la Catedral. Es fruto del trabajo de los talleres locales, muchos de los cuales se establecieron en torno a la propia catedral, en la Plaza de las Platerías y la de la Azabachería. Su obra fue financiada por el cabildo o los prelados compostelanos, o bien con donaciones llegadas de todos los confines de Europa —e incluso de otros continentes— a lo largo de más de mil años de peregrinación jacobea, por lo que constituye un ejemplo de variadas escuelas y épocas.
La mayor parte de las piezas se guardan en la capilla de San Fernando, aunque también hay importantes obras en su antecapilla y en la contigua Capilla de las Reliquias. En esta última están varios de los relicarios más valiosos, que más allá de su valor devocional, son auténticas obras maestras. Recientemente se añadió a esta colección la columna de bronce de fuste entorchado, procedente de un antiguo ciborio del siglo XII, que conserva en su interior el báculo del siglo XIII de San Franco de Sena, que la tradición atribuye al propio Santiago el Mayor. Corona la columna un Apóstol Peregrino del siglo XVI, que estuvo muchas centurias adosado a uno de los machones del cimborrio, en el crucero de la catedral, donde era venerado por los peregrinos.
El Busto Relicario de Santiago Alfeo
La más famosa de las reliquias es la que custodia el Busto relicario de Santiago Alfeo, de 1322 y atribuida al orfebre local Rodrigo Eáns. La cabeza con rostro esmaltado y la esclavina de plata repujada y sobredorada originales se fueron enriqueciendo con el paso de los siglos, lo que indica la importancia de esta reliquia, llegada a Santiago desde Braga en época de Gelmírez, tras azarosas vicisitudes. En torno a su cuello se colocó el Brazalete de don Suero de Quiñones, del siglo XV y de oro enriquecido con una joya francesa del XIV. La esclavina se fue cuajando de joyas, pedrería, piezas de cristal de roca y camafeos clásicos, además de la aureola del siglo XV, donada por el gremio de los cintureros. La basa y el paso procesional sobre el que recorre las naves de la catedral en fechas señaladas —antaño acompañado del Botafumeiro— fueron añadidos en los siglos XVI y XVII. Dentro del relicario aparecieron también numerosas monedas ofrendadas por los fieles en la Edad Media.
Los Primeros Santiagos Peregrinos
De similar importancia es el relicario del diente de Santiago, sustituido hoy por un fragmento óseo tras el incendio de la Capilla de Reliquias en 1921. Fue donado por el importante noble parisino Geoffroy Coquatrix en 1321. Labrado en plata dorada, oro y esmaltes, porta la reliquia en un farolillo de formas plenamente góticas, mientras que en la otra mano sujeta un bordón de peregrino con una inscripción alusiva al donante. Se trata de una de las primeras representaciones de Santiago Peregrino.
Esta iconografía quedó definitivamente establecida con el Santiago Peregrino del primer cuarto del siglo XV, también de taller parisino, donado por Johannes de Roucel. De plata sobredorada y esmaltes, con una base que alude al donante y su esposa junto a sus escudos, Santiago ya porta aquí todos los atributos del peregrino medieval: sombrero de ala ancha con concha, bordón con calabaza y zurrón, además de un libro.
El Taller de Francisco Marino y sus Continuadores
Estos mismos objetos son los que porta el Santiago Peregrino de 1445, donado por el arzobispo don Álvaro de Isorna, obra del italiano Francisco Marino. Si bien el bordón, la esclavina y la aureola con gemas de esta figura son añadidos del siglo XVII, se aprecia en este Santiago un gusto clásico italianizante que no se veía en las piezas anteriores. Su orfebre realizó trabajos en la catedral para el arzobispo Lope de Mendoza, gran protector de los orfebres, para quienes reconstruyó sus tiendas-taller ante la portada sur. También de Francisco Marino es otra figura relicario de San Andrés, procedente del oratorio de don Lope.
El mismo modelo puede observarse en otras piezas del siglo XV, como las figuras de San Pedro, la Virgen de la Azucena, San Juan Bautista, Santo Domingo o San Francisco, en el retablo de las Reliquias. El modelo de busto-relicario lo siguió en el siglo XVI Jorge Cedeira para los de Santa Paulina y Santa Florina.
La Custodia Procesional de Antonio de Arfe
Mención aparte merece la colección de custodias, que podrían haber cerrado el tríptico del Santo Cristo de Ourense de 1953, donado por el cardenal Quiroga Palacios, aunque se trate de otro tipo de objeto devocional. Destaca la custodia de oro y piedras preciosas de Juan de Figueroa, de 1702, para la Capilla Mayor.
Pero la más importante es la Custodia procesional de Antonio de Arfe, de plata sobredorada y esmaltes. Realizada por encargo del arzobispo Fonseca entre 1539 y 1545, se completó con su pedestal en 1573. Sobre una base con relieves de la vida del Apóstol, su cuerpo hexagonal acoge entre templetes y columnas relieves que representan la vida de Jesús, estatuas de apóstoles, profetas y doctores. El conjunto está rematado con el triunfo de Cristo Resucitado. Esta pieza estuvo en la antigua capilla mayor de la catedral, y aún hoy procesiona por las rúas de Santiago el día de Corpus Christi.
Cálices y Vasos Sagrados
Los vasos sagrados y vinajeras son otra importante parte de la colección. Son muchos los cálices expuestos, empezando por el Cáliz y Patena de San Rosendo, de talleres compostelanos del siglo XIII pero con un añadido al pie de la copa en el XV. Poco tienen que ver la sencillez de sus formas y decoración incisa con el preciosismo del copón barroco en oro con piedras preciosas y perlas, rematado en una cruz de esmaltes, obra de Juan Posse de 1699 para servicio de la capilla mayor. Tampoco con el cáliz ya rococó del Chantre Gondar, de 1753, en plata sobredorada, que aúna el fundido del metal precioso y su cincelado, dando lugar a un juego de texturas con decoración de rocallas, guirnaldas, ángeles y atributos eucarísticos y jacobeos muy al gusto de ese momento. Lo realizó Ignacio Montero, acaso sobre diseño de Juan Antonio García de Bouzas, quien también inspiró dos enormes bandejas en forma de venera de plata que cuelgan en la capilla de San Fernando (1760-1780).
Del Neoclasicismo al Siglo XX
En época del Neoclasicismo, Francisco Pecul fundió la Inmaculada sobre el sagrario del altar mayor, además de una Santa Teresa-relicario. A él se debe también un cáliz de plata dorada y en su color. De 1818, años después, son el cáliz y las vinajeras donadas por el arzobispo Rafael Múzquiz como agradecimiento por la victoria sobre los franceses. Su riqueza es excepcional: la copa está ornamentada con relieves sobre la Pasión de Cristo y la Eucaristía, todo rodeado por cientos de brillantes. Las vinajeras compiten en belleza con las que el arzobispo Monroy trajo de México en el siglo XVIII para acompañarle en su mandato episcopal en Santiago.
Ya del siglo XX son los cálices neorrománicos de 1948 ofrecidos por el rey Humberto de Italia y el de Acción Católica. Del mismo siglo se conserva el cáliz donado por el mariscal francés Pétain, realizado en plata y marfil por el orfebre galo Puiforcat en 1925. Con su ausencia de decoración aplicada y su pureza de líneas, supone una muestra de la renovación del art déco aplicada a la orfebrería religiosa.
Cruces y Relicarios de Cristal de Roca
Aún hay sitio en el Tesoro para otras importantes piezas. Las cruces —de entre las cuales fue robada la prerrománica de Alfonso III en 1906— inician su serie con las románicas de los Roleos, del siglo XI; la de Ordoño II, de los siglos XI-XII; y la Patriarcal de Jerusalén, del siglo XII y procedente de Carboeiro. Todas ellas tienen alma de madera recubierta de láminas de plata y oro repujados. Del gótico destaca la mucho más rica Cruz de las Perlas, de taller parisino del XIV y coetánea del Santiago Coquatrix, así como la plateresca de cristal de roca y plata granadina sobredorada, del cardenal Gaspar de Ávalos.
De este mismo precioso material, cristal de roca, son otros objetos, como el Porta Paz donado por Carlos II en 1683, o el Relicario de la Santa Espina, de taller zaragozano y que data de alrededor de 1420, en el que el precioso cristal se combina con plata y esmaltes para acoger un Calvario que arranca de un árbol central hacia una espina de la Corona de Cristo, flanqueada por otros armae christi.
Marfil, Coral y Azabache
Otros porta paces y diversas piezas fueron elaboradas con materiales como corales, maderas preciosas o marfil, caso de la Santísima Trinidad de escuela indo-portuguesa del siglo XVI y el Retablillo hispano-americano del XVII. También se encuentran piezas de azabache, piedra negra semipreciosa muy tradicional en Compostela, como la Santa Clara del siglo XV, el Portapaz del XVI, o las representaciones de Santiago de la mano del compostelano Mayer, ya de la primera mitad del siglo XX.
Otras Piezas Singulares del Tesoro
Para terminar, de entre otros muchos objetos de este importante Tesoro que merece la pena conocer y admirar, cabe mencionar algunas piezas como la esclavina original del Apóstol del Altar Mayor, donada por el arzobispo Monroy en 1704 y hecha por Juan de Figueroa; o el Cristo atado a la Columna, diseñado por Gaspar Becerra, cincelado en plata fundida por la escuela castellana del último tercio del XVI.
También merecen mención el Calderín de Prima de Posse, de 1713; el Santiago Matamoros de plata de la duquesa de Aveiro, de escuela portuguesa y 1677; o los martillos de plata para la apertura de la Puerta Santa utilizados en los Años Santos de 1937 y 2010, donados por los canónigos maestros de ceremonias, a quienes corresponde el honor de poseerlos y de llevar a cabo el ritual de apertura de los Años Santos Jacobeos.
Preguntas frecuentes sobre Colección de Orfebrería
¿Dónde se guarda hoy la mayor parte de la colección de orfebrería?
Principalmente en la Capilla de San Fernando, aunque también hay piezas importantes en su antecapilla y en la contigua Capilla de las Reliquias, donde se conservan varios de los relicarios más valiosos.
¿Qué es el Busto relicario de Santiago Alfeo?
La reliquia más famosa de la colección: una pieza de 1322 atribuida al orfebre local Rodrigo Eáns, con rostro esmaltado y esclavina de plata sobredorada, enriquecida a lo largo de los siglos con piezas como el brazalete de don Suero de Quiñones.
¿Qué pieza se usa cada año en la procesión del Corpus Christi?
La custodia procesional de Antonio de Arfe, encargada por el arzobispo Fonseca entre 1539 y 1545, con su pedestal completado en 1573. Sigue procesionando hoy por las calles de Santiago cada Corpus Christi.
¿Cuáles son los objetos más singulares de todo el Tesoro?
Los martillos de plata utilizados para la apertura ritual de la Puerta Santa en los Años Santos Jacobeos, una pieza de gran valor simbólico más allá de su calidad artística.
¿Hay piezas de orfebrería de origen extranjero en la colección?
Sí, varias donadas a lo largo de los siglos: el relicario del diente de Santiago, regalo del noble parisino Geoffroy Coquatrix en 1321; la Cruz de las Perlas, de taller parisino del siglo XIV; y ya en el siglo XX, un cáliz donado en 1925 por el mariscal francés Pétain, obra del orfebre Puiforcat en estilo art déco.
¿Por qué creció tanto la colección a finales del siglo XIX?
Por el impulso que supuso el redescubrimiento de los restos del Apóstol Santiago en 1879, que reactivó el culto jacobeo y llevó a la escuela de orfebrería compostelana a vivir una nueva época de esplendor durante todo el siglo XX.
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