Adéntrate en un fascinante recorrido por siglos de arte sacro en el Museo de la Catedral. Desde fragmentos murales del XIV hasta obras barrocas del XVIII, cada pintura cuenta una historia única. Contempla el tríptico de la Pasión del Maestre Fadrique, las geniales creaciones manieristas de Juan Bautista Celma o los refinados tondos de Gregorio Ferro. No son simples decoraciones: cada obra transmite mensajes litúrgicos profundos.
Historia
Más Allá de la Pinacoteca
Las colecciones de un museo catedralicio distan mucho de lo que acostumbramos a ver en una pinacoteca, museos que, como su nombre indica, se centran en cuadros y pinturas de una o diversas épocas. Pero el Museo de la Catedral de Santiago exhibe algunas pinturas sobre tabla, lienzo o muro que merecen una breve reseña. Estas piezas no fueron concebidas para la simple decoración: su objetivo era complementar espacios arquitectónicos, transmitir y reforzar un mensaje litúrgico, o conmemorar a santos y pasajes de especial importancia jacobea.
El Tríptico del Maestre Fadrique
Cronológicamente, la colección de pintura del Museo de la Catedral arranca con un fragmento mural de finales del siglo XIV, con restos de un ángel, procedente de la desaparecida torre del arzobispo Manrique. Del primer cuarto del siglo XVI son una serie de tablas que forman un tríptico con escenas de la Pasión del Señor, atribuidas al Maestre Fadrique. La tabla central representa la Santa Cena y es mayor que las laterales, que ilustran el Lavatorio de los Pies y la Oración en el Huerto.
A pesar de que el Maestre Fadrique aún echaba mano de recursos arcaizantes, como jugar con el tamaño de las figuras para dar sensación de lejanía, se aprecia ya la construcción de una perspectiva tanto en interiores como en paisajes. No está claro el lugar de destino original de estas tablas, pero el profesor García Iglesias apunta que debieron de pertenecer a la predela de un retablo del antecabildo, espacio que hoy corresponde a la antesala de la Capilla de las Reliquias. Fadrique, junto a Pedro Noble, realizó diferentes trabajos en la catedral introduciendo el estilo renacentista, dejando atrás definitivamente el hispano-flamenco dominante hasta entonces.
El Manierismo de Juan Bautista Celma
Las habilidades de Fadrique y sus postulados renacentistas pronto quedarían eclipsados por el genio del aragonés Juan Bautista Celma, que introdujo en su obra pictórica los postulados manieristas. Entre otras obras de diversa índole para la catedral —púlpitos, tallas, el mecanismo del Botafumeiro, pinturas murales—, pintó en 1569 las tablas al óleo para el cierre de la capilla mayor por la girola.
Colocadas entre las columnas de la Capilla Mayor, lo que condicionó su notable tamaño, estas tablas habían sido pintadas por ambas caras para ofrecer mensajes diferentes: a los laicos de fuera, en la girola, se les ofrecían los misterios gloriosos del rosario, y a los canónigos de dentro, la Pasión de Cristo. Del conjunto de cinco piezas que la formaron, se conserva en el Museo la que representa la Resurrección, por la cara interior, y la de la Adoración de los Magos, por la de fuera. Aunque no ha llegado íntegra, esta tabla supone un ejemplo del profundo conocimiento que Celma tenía del arte italiano.
Ejemplos de Pintura Barroca
Hay también varios buenos ejemplos de pintura barroca en la catedral. Además de los pequeños cuadros del siglo XVII de Francken III en la Sala Capitular, con escenas del Camino del Calvario y la Conversión de San Pablo, se exhibe en las salas de la entreplanta un óleo sobre tabla de origen mexicano que representa a la Virgen de Guadalupe, procedente de la reja del coro.
Ya del siglo XVIII, destacan las obras de Juan Antonio García de Bouzas, a quien se atribuye un óleo sobre lienzo de San Roque y, más importante, la fiel reproducción del Santiago Sedente del Altar Mayor, de 1748. Sería diferente la iconografía de Santiago utilizada por Domingo A. de Uzal, en el último tercio del mismo siglo XVIII, en su óleo de Santiago Matamoros.
Gregorio Ferro y el Proyecto Neoclásico
Cabe hacer una mención especial a uno de los pintores que más directamente trabajaron para la catedral, Gregorio Ferro, natural de las proximidades de Compostela. A él se encargó una serie de obras destinadas a completar la decoración de nuevos proyectos neoclásicos para la basílica, como la planeada —pero nunca realizada— nueva Puerta Santa.
En el caso del trascoro previsto, se conservan dos grandes tablas, la Anunciación y San Jorge, que se encuentran hoy en la sacristía de la catedral.
Los Tondos de la Capilla de San Fernando
En el Museo pueden admirarse otras obras de Gregorio Ferro destinadas al proyecto neoclásico: dos tondos sostenidos por ángeles que representan el Sueño de San José y la Visitación de María a Santa Isabel. Son obras de gran refinamiento e influencia italiana, que un recibo conservado en el Archivo data en agosto de 1808. Se exponen hoy en la capilla de San Fernando, junto a las piezas de orfebrería del tesoro.
En este mismo espacio pueden verse otras pinturas conservadas en su emplazamiento original: los lunetos de la bóveda, pintados por Pedro Noble en 1536, que reproducen la Ascensión y la Asunción de María.
Preguntas frecuentes sobre Colecciones de Pintura
¿Con qué obra arranca cronológicamente la colección de pintura del Museo?
Con un fragmento mural de finales del siglo XIV que conserva restos de un ángel, procedente de la desaparecida torre del arzobispo Manrique.
¿Por qué las tablas de Juan Bautista Celma están pintadas por ambas caras?
Porque formaban parte del cierre de la Capilla Mayor por la girola, y ofrecían mensajes distintos según quién las mirara: a los laicos, fuera, los misterios gloriosos del rosario; a los canónigos, dentro, escenas de la Pasión de Cristo. Del conjunto original de cinco piezas, hoy se conservan dos en el Museo.
¿Dónde se exponen hoy las obras de Gregorio Ferro pensadas para el trascoro?
En la Capilla de San Fernando, junto a las piezas de orfebrería del Tesoro: dos tondos, el Sueño de San José y la Visitación de María a Santa Isabel, fechados en 1808, de gran refinamiento e influencia italiana.
¿Qué pintura hay en la Capilla de San Fernando además de las de Gregorio Ferro?
Los lunetos de la bóveda, pintados por Pedro Noble en 1536, con la Ascensión y la Asunción de María — las mismas pinturas murales que se conservan en su ubicación original dentro de la propia capilla.
¿Qué representa el tríptico atribuido al Maestre Fadrique?
Escenas de la Pasión del Señor: la Santa Cena en la tabla central, y el Lavatorio de los pies y la Oración en el huerto en las laterales. Fadrique, junto a Pedro Noble, introdujo el estilo renacentista en la catedral, dejando atrás el hispano-flamenco anterior.
¿Qué representación de Santiago se conserva en la colección además del Santiago Sedente?
Un Santiago Matamoros de Domingo A. de Uzal, del último tercio del siglo XVIII, con una iconografía distinta a la habitual — la misma que ya conoces del Camarín de Santiago Caballero.
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