Embárcate en una aventura extraordinaria por las tribunas y cubiertas de la Catedral de Santiago, donde los peregrinos medievales encontraban descanso. Camina por los tejados como en una plaza escalonada y descubre vistas espectaculares de la ciudad. Esta visita guiada te revelará secretos arquitectónicos ocultos, desde capiteles románicos hasta la mítica Cruz dos Farrapos, donde los peregrinos dejaban sus ropas para iniciar una nueva vida.
Historia
Un Recorrido Único: Tribunas y Tejados
Una visita imprescindible que ofrece hoy el Museo de la Catedral es la que sus guías realizan a las tribunas y cubiertas de la basílica. La catedral de Santiago presenta una particularidad: podemos rodearla en todo su perímetro por encima de sus naves laterales. Además, tiene la aún más extraña característica de permitirnos pasear por sus tejados como si de una plaza escalonada se tratara.
Más allá de las espectaculares vistas que ello ofrece, el recorrido por estos espacios permite conocer partes y detalles de la catedral ocultos desde el nivel del suelo, y ofrece pistas del devenir histórico del templo, en el que se suceden las fases constructivas del románico, las aportaciones del gótico, los añadidos renacentistas y las grandes transformaciones barrocas que conforman la actual imagen exterior, así como el más fugaz paso del neoclasicismo y la época contemporánea.
Las Tribunas: Descanso de Peregrinos y Firma de Mateo
Entre los confesionarios de los muros de las naves laterales se abren unas pequeñas puertas que permiten subir a las tribunas, desde donde se puede acceder a los tejados y a las torres, algunas de las cuales ya no existen. Son estrechas escaleras de altos escalones por las que los peregrinos medievales subían, una vez terminado su Camino, para descansar en las tribunas. En la Edad Media la catedral no se cerraba por las noches, y a ella acudían peregrinos que podían dormir en estos espacios —costumbre que contribuyó al uso del gran incensario, el Botafumeiro, para purificar el ambiente—. Las tribunas, además, permitían elevar la altura y abrir vanos en los muros, haciendo de esta iglesia un lugar especialmente luminoso, como ya señalaban las crónicas más antiguas, al tiempo que contrarrestaban las presiones de la bóveda de cañón de la nave central.
Estas tribunas están cubiertas con bóvedas de cuarto círculo, apoyadas sobre las columnas del triforio, que se abren en vanos bíforos bajo un arco mayor hacia el interior del templo. Sus capiteles, de buena talla y muy variada temática, combinan decoración vegetal con bestias fabulosas —sirenas, pájaros, grifos— e incluso personajes que a veces se pierden entre las hojas. En uno de los capiteles de la tribuna, hacia los pies de la catedral, se lee en el cimacio el nombre de "Gudesteo", el tesorero de 1168. Esta inscripción, junto con un cambio perceptible en la labra de los capiteles, indica que fue precisamente aquí donde comenzó el trabajo del taller del Maestro Mateo.
La Primera Interrupción de las Obras
Desde este mismo punto, por la parte de la girola, se aprecia un escalón en el suelo y un cambio en las bóvedas que señala sin duda la primera interrupción de las obras hacia 1087, con la caída en desgracia y prisión del obispo Diego Peláez, quien había iniciado las obras en 1075.
Las tribunas cumplen también otras dos funciones: sirven de almacén de los fondos del museo que no pueden exponerse en las salas, y son el lugar desde el que se toca el órgano, cuyo sonido emiten los espectaculares y decorados tubos visibles en la nave mayor.
Vida en los Tejados: el Campanero y su Familia
Unas decenas de escalones más arriba se llega a las cubiertas de la catedral, hoy devueltas a su aspecto original de enlosado. Estuvieron cubiertas por tejas desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XX, para proteger el interior de una humedad siempre amenazante en esta ciudad. Algunas escaleras continúan subiendo hacia la Carraca, y también hacia la Torre de las Campanas, que además de servir de sastrería de canónigos fue, hasta hace pocas décadas, la vivienda del campanero.
Aquel último campanero llegó a idear un artilugio para tocar las campanas desde la cama. Sus hijos jugaban entre los tejados y las torres junto al cerdo, las gallinas y los conejos que allí se criaban para su manutención —un vívido testimonio de la vida cotidiana que llegó a desarrollarse en lo más alto del templo.
Panorámicas desde las Alturas
A esta altura se ve, a los pies de la catedral, el cuerpo inferior medieval de las torres del Obradoiro, reconocible por la simpleza de sus muros, su decoración y sus vanos con arcos de medio punto. Más allá, a un lado, están los tejados del Palacio Arzobispal y la rotonda de la neoclásica capilla de la Comunión. Al otro, se conservan las únicas almenas defensivas que quedan de las que fortificaron la catedral como un castillo entre los siglos XIV y XVII —almenas que contrastan con la crestería plateresca del claustro del siglo XVI a sus pies, así como con la balaustrada y los pináculos que Peña de Toro colocó en el cierre de la Quintana en el siglo XVII, sustituyendo la mayoría de las antiguas almenas.
Desde los tejados se hace evidente la planta de cruz latina de la basílica, con un cimborrio elevándose en el centro del transepto que sustituyó al original románico, de menor altura. Se trata de un cimborrio gótico de 1384, obra de Sancho Martís, originalmente almenado a modo de torre del homenaje de un castillo. En época barroca perdió su función defensiva y se colocó el capulín que hoy lo remata.
Transformaciones Discretas: Platerías, la Corticela y la Quintana
En el lado sur del crucero, viendo bajo los pies la fachada de las Platerías, se aprecia una transformación hoy casi imperceptible desde la calle: las primitivas ventanas románicas fueron tapiadas, y el taller del Maestro Mateo abrió en su lugar un pequeño rosetón circular del tipo de los de la fachada románica del Obradoiro. Corona este lateral un típico Cordero Místico con cruz de bronce, que también se repite al otro lado del transepto, sobre la cabecera de la Capilla de la Corticela. En este lado norte, la fachada original románica fue sustituida por la barroca-neoclásica a mediados del siglo XVIII, cuya trasera se eleva por encima de la altura de los tejados.
Rodeando la tribuna por sus cubiertas, si se baja la mirada pueden verse las capillas originales románicas, muchas de ellas ampliadas o transformadas, como la de San Juan y la iglesia de la Corticela, o el pasillo que unió esta última con la catedral en 1711. También se observan los restos de la gran cabecera gótica que nunca llegó a construirse, así como la puerta de la Vía Sacra. Pero sobre todo destaca el "telón" barroco que cerró toda la cabecera y que constituye hoy la Fachada de la Quintana, en la que se abren la Puerta Santa y el Pórtico Real.
Vanos, Canecillos y Símbolos del Pecado
Sobre la girola pueden verse los diferentes vanos de diversas formas y tamaños que iluminan la catedral y animan sus muros, cerrados con arcos de medio punto sobre columnas con labrados capiteles. En algunos puntos las columnas se alternan con arcos trilobulados, muy característicos de la catedral compostelana, que servirían de modelo en piezas de orfebrería como la propia urna del Apóstol. Junto a los vanos aparecen canecillos con figuras humanas, algunas en actitud indecorosa e impúdica, ejemplificando los vicios a rechazar, además de mujeres cabalgando sobre bestias acroteras, que también aluden al pecado.
La Leyenda de la Cruz dos Farrapos
Uno de los elementos más conocidos de las cubiertas es la llamada "Cruz dos Farrapos", que significa "Cruz de los harapos". Se trata de un Cordero Místico con cruz de bronce sobre un bajo murete que se cierra por un lateral con un arco trilobulado. La tradición cuenta que aquí, tras dormir en las tribunas, los peregrinos dejaban sus viejas ropas para ser batidas por el viento y consumidas por el sol, o bien las quemaban en el pequeño espacio tras la cruz para purificarse e iniciar una nueva vida con las ropas limpias que entregaba el cabildo —limpios por fuera y limpios en su espíritu tras completar la peregrinación—. Se dice también que los peregrinos debían pasar gateando una o varias veces bajo el arco trilobulado de esta cruz, y existen noticias de cómo algunos que no cabían lograban, según se cuenta, atravesarlo milagrosamente. Esta leyenda inspiró sin duda a quienes hoy queman sus botas o prendas al llegar al Cabo de Finisterre, tras pasar por Santiago.
Como recoge el Códice Calixtino al referirse a la parte alta de la catedral: "Quien por allí arriba va... aunque suba triste se alegra de ver la espléndida belleza de este templo".
Preguntas frecuentes sobre Tribuna y Cubiertas
¿Qué es la Cruz dos Farrapos?
Un Cordero Místico con cruz de bronce sobre un pequeño murete en las cubiertas, cuyo nombre significa "cruz de los harapos". La tradición dice que aquí los peregrinos dejaban o quemaban su ropa vieja tras completar el Camino, como símbolo de purificación antes de iniciar una nueva vida.
¿Es cierto que los peregrinos dormían en la catedral?
Sí, en la Edad Media el templo permanecía abierto día y noche, y los peregrinos podían descansar en las tribunas tras terminar su Camino. Esta costumbre está relacionada con el uso del Botafumeiro, empleado también para purificar el ambiente cargado por tantos viajeros.
¿Cómo se sabe dónde empezó a trabajar el taller del Maestro Mateo?
Gracias a una inscripción: en uno de los capiteles de la tribuna aparece el nombre "Gudesteo", tesorero de la catedral en 1168, junto con un cambio apreciable en el estilo de talla de los capiteles a partir de ese punto exacto del recorrido.
¿Qué es el cimborrio que se ve desde las cubiertas?
Una torre gótica de 1384, obra de Sancho Martís, que sustituyó al cimborrio románico original de menor altura. En origen estaba almenado como la torre del homenaje de un castillo, una función defensiva que perdió en época barroca al colocarse el capulín que hoy lo remata.
¿Vivía alguien en las torres de la catedral?
Sí, hasta hace pocas décadas la Torre de las Campanas fue también vivienda del campanero. El último de ellos llegó a idear un artilugio para tocar las campanas desde la cama, mientras sus hijos jugaban entre tejados y torres con los animales que criaban.
¿Se puede caminar realmente por los tejados de la catedral?
Sí, es una de las particularidades más singulares de la catedral de Santiago: sus cubiertas están enlosadas (recuperando su aspecto original tras siglos cubiertas de tejas) y permiten recorrerlas como si fueran una plaza escalonada, algo poco habitual en templos de esta época.
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