Tumbo B de la Catedral de Santiago

Tumbo B

El Tumbo B  como el  A,  es también una recopilación de documentos importantes para la Iglesia Compostelana. Algunos son copias de documentos recogidos en el Tumbo A, certificados en el B por la firma de dos notarios que dan fe de su correspondencia con el documento original. Otros, sin embargo, son documentos nuevos, como algunas concesiones regias y papales. Entre sus miniaturas destaca una en la que para muchos autores aparece por vez primera el “Santiago Matamoros” de la Batalla de Clavijo.

Historia del Tumbo B

Con la llegada del gótico, el scriptorium de la Catedral continuó aún con los últimos añadidos al Tumbo A, iniciado en el año 1129 por el tesorero de Gelmírez, Bernardo. En 1255, cerraron este manuscrito las representaciones de Fernando III y de Alfonso X. Se produjo entonces una interrupción del trabajo de casi un siglo, hasta que en el XIV el arzobispo Fray Berenguel de Landoira creara otro taller, más dedicado a las copias que la producción nueva.

Berenguel, fraile dominico ligado a la corte papal de Avignon, contó también con la ayuda de un eficaz tesorero, Aymerico Anteiac. A él encomendó la dirección del scriptorium donde se realizaría el llamado Tumbo B, iniciado el 27 de agosto de 1326, a cargo de los escribanos García Pérez y Alfonso Pérez. Como el Tumbo A, el B es también una recopilación de documentos importantes para la Iglesia Compostelana. Algunos son copias de documentos recogidos en el Tumbo A,certificados en el B por la firma de dos notarios que dan fe de su correspondencia con el documento original. Otros, sin embargo, son documentos nuevos, como algunas concesiones regias y papales.

El Tumbo B se compone de trescientos setenta y un documentos, distribuidos en doscientos noventa y un folios en los que destacan las miniaturas que adornan algunos de ellos, aunque la calidad técnica de éstas, siendo de mayor importancia simbólica y documental, no alcanza la de las encontradas en el Tumbo A. El reverso del segundo folio está compuesto por dos registros miniados, el superior de los cuales nos muestra a Santiago entronizado, identificado por su báculo en forma de “tau” y filacteria en la mano. Lo rodea una arquitectura a modo de baldaquino, y está acompañado de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, con sus nombres sobre la cabeza. Sin duda recuerda al aspecto que tendría el primitivo altar mayor de la catedral, con el baldaquino de Gelmírez y la figura sedente de Santiago, de la escuela de Mateo, que preside la catedral desde su consagración en 1211.

La parte inferior del mismo folio muestra otra interesante miniatura, cuyo protagonista es de nuevo Santiago. Aquí aparece caracterizado como guerrero a caballo portando la espada y cabalgando sobre soldados decapitados. Al fondo de la escena vemos un simple castillo. Algunos estudiosos han querido ver en esta miniatura la primera representación del Santiago Matamoros de la Batalla de Clavijo, recogida años atrás en un tímpano en el crucero de la catedral. Otros lo interpretan como un pasaje de los Gesta Berengarii de Landoria, en el cual el Apóstol ayuda al prelado a vencer a los compostelanos que se opusieron a su entrada a Compostela, logrando impedirla hasta el 27 de septiembre de 1320, cuando Berenguel derrota a los cabecillas. Consciente de lo inestable de la situación, este arzobispo fortificó la arquitectura de la catedral. También fortificó el principal castillo de la mitra compostelana, el de A Rocha Forte, en las proximidades de la ciudad. Esta fortaleza sería, según esa segunda teoría, la representada en esta la miniatura del Tumbo B.

Aún se seguirían recopilando documentos en diversos cartularios. Algunos, como el conocido como Tumbo C, que también se encuentra en el archivo catedralicio, recogen incluso documentación privada.